<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730</id><updated>2012-02-28T10:24:44.249-08:00</updated><category term='Santiago'/><category term='Conrad'/><category term='Savona'/><category term='Vuelta al Mundo'/><category term='Valparaíso'/><category term='Galápagos'/><category term='Warwick'/><category term='Auckland'/><category term='Hong Kong'/><category term='Brasil'/><category term='Chile'/><category term='República Dominicana'/><category term='Atacama'/><category term='Río de Janeiro'/><category term='Tokio'/><category term='Sídney'/><title type='text'>Mucho por recorrer</title><subtitle type='html'>Un paseo por el mundo</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>38</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-6716630007897555150</id><published>2010-10-04T17:05:00.001-07:00</published><updated>2010-10-06T08:07:29.736-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Gravedad</title><content type='html'>&lt;meta content="" name="Title"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="" name="Keywords"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="Word.Document" name="ProgId"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="Microsoft Word 2008" name="Generator"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="Microsoft Word 2008" name="Originator"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;link href="file://localhost/Users/ManuelSDN%201/Library/Caches/TemporaryItems/msoclip/0/clip_filelist.xml" rel="File-List"&gt;&lt;/link&gt;  &lt;style&gt;&lt;!-- /* Font Definitions */@font-face	{font-family:Times;	panose-1:2 0 5 0 0 0 0 0 0 0;	mso-font-charset:0;	mso-generic-font-family:auto;	mso-font-pitch:variable;	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;}@font-face	{font-family:Cambria;	panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4;	mso-font-charset:0;	mso-generic-font-family:auto;	mso-font-pitch:variable;	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} /* Style Definitions */p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal	{mso-style-parent:"";	margin-top:0cm;	margin-right:0cm;	margin-bottom:10.0pt;	margin-left:0cm;	text-align:justify;	mso-pagination:widow-orphan;	font-size:12.0pt;	font-family:"Times New Roman";	mso-fareast-font-family:Cambria;	mso-bidi-font-family:"Times New Roman";	mso-fareast-language:EN-US;}p	{margin:0cm;	margin-bottom:.0001pt;	mso-pagination:widow-orphan;	font-size:10.0pt;	font-family:"Times New Roman";	mso-ascii-font-family:Times;	mso-fareast-font-family:Cambria;	mso-hansi-font-family:Times;	mso-bidi-font-family:"Times New Roman";}@page Section1	{size:612.0pt 792.0pt;	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;	mso-header-margin:36.0pt;	mso-footer-margin:36.0pt;	mso-paper-source:0;}div.Section1	{page:Section1;}--&gt;&lt;/style&gt;     &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: #444444; font-size: 14pt;"&gt;El Boeing 747 de PanAm elevó el morro y expuso fuselaje y alas al aire para asegurarse un aterrizaje suave y rutinario, igual que hacen los pelícanos cuando se posan en el mar con sus alas extendidas como si fuesen velas que navegan en contra del viento. El aparato rozó el asfalto con sus ruedas traseras; luego, tras bajar el morro, posó el tren delantero y fue disminuyendo velocidad mientras recorría los más de tres kilómetros de la pista exterior, la más larga, del aeropuerto de Malpensa. Dionne sintió el golpe seco que indicaba que ya habían tocado suelo, ese chasquido del caucho al rozar el asfalto y la habitual inercia de la frenada que la empujaba hacía adelante. Ya había llegado, un avión menos, pensó. Hay siempre algo de ruptura o de cambio en ese instante en el que un avión deja de estar forzadamente en el aire y vuelve a ser un cuerpo pesado atraido por la gravedad terrestre; los enormes motores que lo mantienen en el aire, rindiéndose ante una fuerza más poderosa que la propia, obligados, para vencerla, a estar continuamente en marcha, mientras que la Tierra, sin hacer nada, ya les vence con su fuerza gravitatoria. Porque lo natural en un avión, como en cualquier otro cuerpo vivo o inerte es estar pegado al suelo y no a once mil metros de él. Volvió a mirar por la ventanilla mientras a su lado algunos pasajeros, entre ellos su hijo, sentado a su lado, encendían los teléfonos móviles y se oían los avisos de las llamadas perdidas, los correos y los mensajes acumulados durante las horas de vuelo. Vio acercarse una escalerilla a la puerta delantera del avión y en el mismo mirar percibió como familiar, la luz difusa de la llanura lombarda. No era la primera vez que aterrizaba en ese aeropuerto. Reconocía esa atmósfera húmeda, esa planicie que al norte se frenaba en las primeras estribaciones de los Alpes, tan cercanos, y que continuaba infinita hacia el sur, hacía el río Po, sin más límite que un horizonte que era como la pista interminable de un aeropuerto por la que corrían aviones que nunca despegaban o aterrizaban, incapaces de sustraerse a la tierra, a la fuerza implacable de la gravedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left" class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; margin-bottom: 0.0001pt;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: #444444; font-size: 14pt;"&gt;Cada vez le gustaba menos volar. Por eso, el roce de las ruedas con la pista le sonaba a suspiro de alivio, a vuelta al origen, al suelo del que nadie nunca debió ausentarse. Por eso cuando la tripulación anunció por la megafonía que ya podían abandonar el avión, se levantó de inmediato a respirar por fin el aire acuoso de Malpensa y el olor a queroseno de los reactores cercanos que finalmente habían sucumbido a las únicas fuerzas más poderosa que ellos mismos: a la irresistible gravitación que ejerce la Tierra en los cuerpos de menor masa, inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que la aleja de ellos, y a la irresistible atracción por un avión enorme a escala humana, pero diminuto a escala terrestre, que tuvo que oponer a la gravedad un descomunal impulso que le permitiera elevarse primero y sostenerse después en el aire durante horas. Pero también ella, como los cuatro reactores Rolls-Royce del avión, había sucumbido a su irresistible vocación de cantante, a su inamovible voluntad y a los compromisos adquiridos que la hacían volar casi completamente alrededor de un planeta para poder llegar en esa tarde de julio con tiempo suficiente para cumplir con &amp;nbsp;su cita en Savona. Venir de tan lejos, de climas opuestos, de la luz oblicua del invierno y encontrarse con esa mascara de calor que se le pegaba al cuerpo como una prenda más de vestir, le hizo recordar esos veranos húmedos de su infancia y esos calores que sólo se podían aliviar cuando caía la noche. Le agradó sentir esa bofetada caliente en su rostro después de los fríos del invierno austral. Llevaba aún por ello el abrigo, colgado del brazo, evidencia de un viaje fulgurante e inútil pese a su duración y distancia a Australia y Nueva Zelanda; evidencia también, de la urgencia con la que se había embarcado muchas horas antes en Sídney. Estaba acostumbrada a esas vueltas por el mundo, pero cada vez se le hacían más pesadas. Ya había actuado en varias ocasiones en Milán, pero iba a ser la primera vez que lo hiciera en Savona, ciudad que colocaba, sin más detalles, en la costa ligur, cerca de Génova, sin preocuparse excesivamente de conocer otras particularidades. Cuando una persona ha viajado por tantos sitios a lo largo de su vida, establece unas prioridades que nunca van a coincidir con la del turista acaparador de imágenes y pormenores casi enfermizos del lugar visitado. Para ella era un concierto más en un lugar que imaginaba agradable (le habían avisado de que cantaría en un castillo), a poco más de dos horas en coche del lugar exacto en el que se encontraba en ese momento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin: 0.1pt 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;i style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="color: #444444; font-size: 14pt;"&gt;Justo al atravesar la puerta del avión oyó una voz que la llamaba&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: 14pt;"&gt;: “Signora Warwick: Benvenuta in Italia, mi acompagna, per favore?”&lt;i&gt; Debía ser una persona del servicio de protocolo del aeropuerto dispuesta a aliviarle los tramites migratorios y aduaneros mientras ella y su hijo descansaban del largo vuelo en una sala privada de la terminal.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;&lt;span style="color: #444444; font-size: 14pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color: #444444; font-size: 14pt;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;“Ha fatto un buon viaggio, signora? Adesso la portiamo nella sala di attesa e lei si riposa un attimo intanto noi ci incharichiamo delle procedure doganali. Prego, il passaporto e gli scontrini del bagaglio”&lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;. Debajo, a pie de escalerilla, esperaba un automóvil. &lt;/i&gt;&lt;span style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;“Would you mind taking care of this?”&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;, le contestó a la servicial funcionaria mientras le entregaba, antes incluso que los pasaportes o los resguardos del equipaje, el abrigo que llevaba con ella como si fuera un satélite inevitable. Ya en tierra, en el asfalto que el verano calentaba, el morro del Boeing 747 le pareció más que nunca la cabeza de un enorme pelícano blanco. &amp;nbsp;Y ella, mientras el avión volvía a la misma pista en la que minutos antes había aterrizado, le saludó con afecto pero sin apego personal, como se saluda a los viejos conocidos que no se convierten en amigos. El vuelo PA001 despegaba de nuevo para continuar su vuelta sin fin, para embarcar pasajeros en un continente y desembarcarlos en otro y para recogerla dentro de dos días en el mismo lugar donde la estaba esperando el BMW negro que la trasladaría a Savona.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-6716630007897555150?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/6716630007897555150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/10/gravedad_04.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/6716630007897555150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/6716630007897555150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/10/gravedad_04.html' title='Gravedad'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-5521324193671220599</id><published>2010-09-24T16:25:00.000-07:00</published><updated>2010-09-24T16:29:24.174-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Savona'/><title type='text'>Espera</title><content type='html'>&lt;div style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Me asomo a Savona desde la ventana de mi ordenador y la veo como la vería un ave. No sé si Google Earth tiene mejor vista que un halcón, pero yo me siento como uno mientras caigo en picado sobre la fortaleza de Priamar. No está. Me elevo y me dirijo al hotel NH Savona para buscarla. Me poso en la azotea e intento bajar hasta la tierra, pero la vista se va nublando y sólo veo cuadrados de colores, fotos aumentadas hasta el infinito, hasta el blanco que resume todos los colores del espectro luminoso. Tampoco está ahí. Pero estuvo, eso es seguro. No espero la respuesta de David para comenzar a escribir. Releo estas primeras líneas y me satisfacen: podrían haber sido escritas por él; es su estilo. Cuando era redactor en el periódico local de mi ciudad desarrollé la capacidad de adivinar quién escribía las noticias que aparecían publicadas bajo la firma de “Redacción”. Reconocía los estilos de mis colegas. Cuando en un texto aparecía varias veces el verbo “acotar”, sabía que pertenecía a Isabel; si en cambio era “manifestar”, la noticia la había escrito Enrique. Mis textos se reconocían  fácilmente puesto que no solía releerlos y se publicaban llenos de metátesis que el corrector automático era incapaz de reconocer: guarida por guardia o delgado por delegado eran de las más frecuentes y más de un día el periódico hablaba de la guarida civil o del delgado del Gobierno sin que, menos mal, casi nadie se percatase.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TJ0zRYHdLlI/AAAAAAAAArg/xn1rdyhclT4/s1600/Fortaleza+de+Priamar.+Savona.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="464" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TJ0zRYHdLlI/AAAAAAAAArg/xn1rdyhclT4/s640/Fortaleza+de+Priamar.+Savona.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;Fortaleza de Priamar. Savona&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Ahora sí releo. Y aunque creo que he copiado fielmente el estilo de David, prefiero seguir ahora con el mío, si es que lo tengo. No estoy seguro de lo que hizo en esos dos días anteriores al concierto, pero tras haber leído el manuscrito, me imagino que se dedicaría a pasear por la ciudad, el puerto, la playa, la fortaleza. Se sentaría en una terraza y dejaría pasar el tiempo mientras el tiempo y la gente pasaban delante de él. Ojearía el plano de la ciudad, alguna guía e iría cambiando de escenario a medida que pasaban las horas y el sol cambiaba de posición. Tal vez algún baño en la playa. Siesta en el hotel para dejar transcurrir los momentos más calurosos del día. En fin, la actividad normal y rutinaria de un hombre que no tiene nada importante que hacer. Puede que hasta se aburriera. No descarto incluso que hiciera algún contacto por Internet que le aliviase la soledad. Lo único seguro era que en el piazzale del Maschio del Priamar, los operarios montaban el escenario que utilizaron Dionne Warwick y las otras cantantes que fueron apareciendo por Savona con motivo del festival. Me gustaría pensar que en alguno de sus paseos, al atardecer, subiría hasta la fortaleza para contemplar  desde lo alto la vista de la torre del Brandale, de la dársena, del muelle de cruceros y de su hotel, el mismo en el que se iría a alojar la cantante, y también para comprobar, como si fuera el capataz, el montaje del escenario y del patio de butacas para el concierto de dos días después. No quedaba lejos su alojamiento, sólo a diez minutos de la fortaleza. Un paseo que le llevaba desde la zona más antigua de la ciudad, la cercana a la fortaleza, hasta la zona de construcciones modernas en la que se encontraba el hotel. Más allá, el antepuerto y los muelles comerciales. En el lado opuesto, delante de Priamar, se extienden en dirección oeste más de seis kilómetros de playa que acaban en el barrio de Vado y su puerto. En realidad, toda esa costa, la costa ligur, hasta Génova, al este, es una sucesión accidentada de calas, puertos, playas y ciudades encaramadas a las laderas de unos Alpes que se despeñan brutalmente en el Mediterráneo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Pero me marcharé y dejaré que él hable. No es justo que sea yo quien escriba de lo que no viví ni experimenté. La espera se me hace lenta. Contemplo los balcones en los que se agarran por igual antenas parabólicas y coladas tendidas a un viento que mueve con suavidad los penachos de las palmeras. Me gustan las ciudades con puerto y palmeras, como Tánger, donde veraneaba; Netaniya, donde vivo, o Savona, donde estoy. Me gustan las ciudades con ruido: de coches, de motos,  de gente que habla en voz alta, de risas que se oyen en las esquinas, de gritos que llegan desde las terrazas donde se bebe café con estilo, se sorbe té con discreción mientras deja que el mundo pase delante de sus ojos, o se toman cervezas mientras el sol se pone detrás del mar. Llega la noche y me vencen el cansancio, las horas de vuelo, el cambio de horarios y de clima, la edad que me va pudiendo cada vez con más resolución. Regreso al hotel desde la fortaleza en una caminata que se me torna larga y esforzada pese a la poca distancia. Al llegar a la habitación pido algo de cenar. Antes de que llegue, enciendo el ordenador y me sumerjo en Internet como las fragatas se sumergen en el mar en busca de una presa. Pero yo, sin la habilidad de esos pájaros, no sé si lograré arrebatarle algo al mar… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-5521324193671220599?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/5521324193671220599/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/09/espera.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5521324193671220599'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5521324193671220599'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/09/espera.html' title='Espera'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TJ0zRYHdLlI/AAAAAAAAArg/xn1rdyhclT4/s72-c/Fortaleza+de+Priamar.+Savona.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-4419555104309544433</id><published>2010-09-23T15:24:00.001-07:00</published><updated>2010-09-23T15:24:51.796-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Vacío</title><content type='html'>&lt;meta content="" name="Title"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="" name="Keywords"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="text/html; charset=utf-8" http-equiv="Content-Type"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="Word.Document" name="ProgId"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="Microsoft Word 2008" name="Generator"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;meta content="Microsoft Word 2008" name="Originator"&gt;&lt;/meta&gt; &lt;link href="file://localhost/Users/ManuelSDN%201/Library/Caches/TemporaryItems/msoclip/0clip_filelist.xml" rel="File-List"&gt;&lt;/link&gt;  &lt;style&gt;&lt;!-- /* Font Definitions */@font-face	{font-family:Arial;	panose-1:2 11 6 4 2 2 2 2 2 4;	mso-font-charset:0;	mso-generic-font-family:auto;	mso-font-pitch:variable;	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;}@font-face	{font-family:Cambria;	panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4;	mso-font-charset:0;	mso-generic-font-family:auto;	mso-font-pitch:variable;	mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} /* Style Definitions */p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal	{mso-style-parent:"";	margin-top:0cm;	margin-right:0cm;	margin-bottom:10.0pt;	margin-left:0cm;	mso-pagination:widow-orphan;	font-size:12.0pt;	font-family:"Times New Roman";	mso-ascii-font-family:Cambria;	mso-ascii-theme-font:minor-latin;	mso-fareast-font-family:Cambria;	mso-fareast-theme-font:minor-latin;	mso-hansi-font-family:Cambria;	mso-hansi-theme-font:minor-latin;	mso-bidi-font-family:"Times New Roman";	mso-bidi-theme-font:minor-bidi;	mso-fareast-language:EN-US;}@page Section1	{size:612.0pt 792.0pt;	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;	mso-header-margin:36.0pt;	mso-footer-margin:36.0pt;	mso-paper-source:0;}div.Section1	{page:Section1;}--&gt;&lt;/style&gt;     &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; margin-right: -21.25pt; text-align: justify;"&gt;Pero para poder seguir contando la historia de David en Savona necesito saber qué pasó. Le escribo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;Asunto:¿Qué pasó?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;De:Manuel SdN (manuelsdn@hotmail.es)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;Enviado miércoles, 22 de agosto de 2010 16:28:15&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;Para: viajante1966@hotmail.com&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;Hola David&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;Recibí tu manuscrito y lo leí de un tirón. Gracias por habérmelo confiado aun no entendiendo del todo tus razones. Hay una cercanía entre nuestros viajes y tal vez sea ese el motivo de tu confianza. Sea lo que sea, gracias de nuevo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;No está uno acostumbrado todos los días a conocer personas que viajan por el mundo siguiendo a cantantes. No hay intención sarcástica en este comentario; al menos tú sabías por qué viajabas. Yo, en cambio, no he podido extraer de mí otro mensaje que no sea el que he repetido a amigos y familiares tras mi regreso: he hecho este viaje porque me apetecía. Tal vez sea ésta la única razón que me importa. Sin embargo, unos aprovechan mejor sus experiencias que otros y, al menos, son capaces de relatarlas y no sólo eso, las combinan con elementos de ficción como en tu caso, porque estoy seguro de que todas las apariciones de la cantante jamás existieron. No aparecen en Internet, no hay notas de prensa, anuncios, críticas o entrevistas a Dionne Warwick en ninguna de las ciudades en las que la sitúas durante la fechas del viaje. No lo tomes por un reproche o un demérito. Si no fuera porque la actuación de Savona es la única de la que hay constancia en vídeo y en las crónicas de la prensa local, no podría haber escrito la primera frase de este párrafo. De ti, además, sólo sé que nos conocimos en un avión; por ello y por el cuaderno que me devolviste en ese vuelo puedo deducir que parte del viaje que relatas puede ser deudora de tus experiencias. Del resto estoy obligado a pensar que es una emulsión en la que se mezclan realidad y ficción. Es decir, que no es el diario de un viaje sino el relato de un viaje que ha podido no existir. Para mí, perfecto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;Sin embargo, tu relato, al menos en el manuscrito que me has enviado, se detiene en Savona. Puede que sea un final intencionado, pero a me parece que está, cuanto menos, incompleto. Escribo mientras lo pienso: que no detalles el concierto de Savona prueba que todas las apariciones de Warwick en tu relato no han existido: ni apareció por Tokio en las fechas que dices que estuvo, ni mucho menos en Sídney o Auckland semanas más tarde. ¿O es que en realidad no ibas a Savona, como me dijiste? Que cuando llegamos a Sao Paulo no tomaste un avión a Milán sino que te quedaste allí o, a lo mejor, regresaste a Israel. Dado este vacío, me estoy tomando la libertad de reescribir el final de tu relato, contando tu estancia en Savona y el concierto. Seré más exacto: le añadiré el final que le falta, pero para ello necesito saber qué pasó en esos dos días. No quiero alejarme de la realidad; mi capacidad para la ficción es limitada y deudora de una formación periodística que me abrocha al tiempo y a la realidad como un botón a su ojal. No quiero entrar en las razones de tu silencio, espero que no te parezca complicada mi petición que, al fin y al cabo, no es más que una llamada de atención hacia un compromiso que por lo que me parece tú no has asumido. Me bastan una pocas líneas y algunos trazos gruesos; el resto lo pongo yo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;Así que, mi ya estimado David, ¿qué pasó?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;Un abrazo. Espero tus noticias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="color: #444444; margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10pt;"&gt;&lt;span style="color: #444444;"&gt;Manuel&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-4419555104309544433?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/4419555104309544433/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/09/vacio.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4419555104309544433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4419555104309544433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/09/vacio.html' title='Vacío'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-6303449663344254080</id><published>2010-09-19T23:38:00.000-07:00</published><updated>2010-09-19T23:50:05.628-07:00</updated><title type='text'>A dos voces</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;David aterrizó en el aeropuerto de Malpensa, Italia, el 19 de julio por la tarde tras un viaje de más de 24 horas. Desde allí tomó un autobús hasta la estación central de Milán, donde&amp;nbsp; cogió el tren de las tres y cinco de la tarde con destino a Savona. Dos horas y media más tarde había ya llegado. Dos días antes del concierto. Tal vez demasiado tiempo para una ciudad a la que no se suelen acercar los turistas. David, ciertamente, no era un turista. Su estancia en Savona tenía un objetivo: la culminación de un viaje tan físico como imaginado, con las mismas dosis de autenticidad como de invención, tan de recorrido por uno mismo a través de ciudades en Asia, Oceanía y América del Sur como de carrera fugaz y tramposa, de encuentros inexistentes y de conciertos que jamás tuvieron lugar. Por ese motivo, todos los lugares visitados aparecían retratados en el manuscrito, pero al contrario que en las otras ciudades por las que estuvo viajando y siguiendo a Dionne Warwick, el texto menciona gran cosa sobre Savona. Da la impresión de que quisiera concentrar toda su atención e interés en la cantante, como si escribir sobre esa ciudad y sus experiencias en ella lo alejasen del motivo que le había llevado hasta allí. Yo, sin embargo, no estoy muy seguro de que David supiera cuál era. No porque no lo mencione en el&amp;nbsp; texto: al fin y al cabo, que no esté escrito no implica que no exista, sino porque creo que habitaba en él un cierto reparo que le impedía admitir la verdadera naturaleza de su viaje y reconocerse además en una persona que nada tenía que ver con esa imagen de formalidad por la que se le conocía en su trabajo. En el fondo, poco se diferenciaba David del exaltado seguidor de un equipo de fútbol o los quinceañeros que persiguen al actor o cantante de moda. Tal vez su discreción, tal vez que Dionne Warwick no sea una artista de mayorías. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TJcD7auTRGI/AAAAAAAAArA/sbiQqkE4JzA/s1600/Captura+de+pantalla+2010-09-20+a+las+08.47.28.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="604" src="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TJcD7auTRGI/AAAAAAAAArA/sbiQqkE4JzA/s640/Captura+de+pantalla+2010-09-20+a+las+08.47.28.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Seguir a una cantante en gira de conciertos por el mundo, fabular encuentros inesperados, tomar un avión desde un extremo del planeta para asistir a un concierto en el otro extremo. No, no son actividades que una persona realice habitualmente. Hay gente que sigue a equipos de fútbol en desplazamientos por su país, fuera de su país o incluso fuera de su continente. Existen personas con tal capacidad de fabulación que cuando uno lee sus libros, le gustaría que aquello que lee a sabiendas de que es mentira resultara tan verdad como la propia lectura. Es habitual que turistas y viajeros vayan de un lado a otro atravesando aduanas y controles migratorios, no conociendo más que hoteles, salas de reuniones, autobuses, monumentos o playas, no viajando más que por las carreteras que los llevan a ellos o los aeropuerto desde los que inician o terminan su periplo: el propio David viaja continuamente por motivos de trabajo. Tal vez lo inusual de esta historia, que su propio autor me ha cedido para que yo la cuente, es que combina al viajero, al fabulador (y al falsario) y al fanático. Si uno no dispone de la libertad para dedicarse a uno mismo, es porque las obligaciones y limitaciones se adueñan tanto de nosotros que no somos capaces de reconocernos si gozáramos de la libertad de la que dispone David. Lo veo cerca de mí en amigos y parientes inmersos en vidas entregadas hacia los otros y hacia otras cosas: padres entregados a sus hijos, cónyuges entregados a cónyuges, trabajadores entregados a su trabajo estudiantes entregados a sus estudios. Viven tanto en las vidas de los demás que se olvidan de la propia. David no pertenece a esa categoría de personas. Él, como yo, forma parte de esa minoría que puede buscarse, pensarse, perderse, encontrarse, marcharse o quedarse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Realizo mis propias investigaciones. Tal vez David apenas menciona Savona porque no haya mucho de contar de ella. Es una ciudad costera no lejos de Génova, con una imponente fortaleza erigida en lo alto de una colina, la colina de Priamar, que se asoma al Mediterráneo. Me asomo a Google y leo algo de la historia de ambas: Savona tiene poco más de sesenta mil habitantes, nudo de comunicaciones entre la no lejana frontera francesa y Génova, y salida natural al mar de las grandes industrias&amp;nbsp; de Piamonte y Lombardía a través de una autopista que la comunica con Turín. La fortaleza de Priamar se empezó a construir en 1542, cuando la república de Génova toma el control sobre la ciudad, para prevenir ataques desde el mar. Dentro de esta fortaleza surgen calles, edificios, polvorines, prisiones, fosos y baluartes, testimonios de un pasado militar que se prolongó hasta la Segunda Guerra Mundial, a partir de la cual todo el complejo cayó en un estado de abandono del que salió hace pocos años, cuando se inició su restauración y se empezó a usar Priamar como lugar de actividades culturales. En de una de estas iniciativas, el festival “Just like a woman”, que se celebra todos los veranos, tenía previsto actuar Dionne Warwick el 21 de julio. Puede que no sea una ciudad con los alicientes culturales y paisajísticos de otras ciudades italianas mucho más visitadas, pero debe ser, seguro, un agradable lugar de veraneo, merecedor sin duda de alguna mención más completa y elaborada de la que en realidad David le concedió. Resulta así extraño que el texto se detenga para siempre justo cuando debería empezar a relatar el único hecho constatable de todos los que en él se relatan. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;El manuscrito que me envió acaba en este punto. Al llegar a Savona, David deja de escribir. Desconozco las razones. Desde que acabé de leerlo, llevo pensando en los motivos de que abandonase la historia. Tal vez porque deja de ser ficción para convertirse en hecho, porque no le interese, por pudor, porque aparece en este punto el David formal, el más conocido. Las razones pueden ser varias y en la combinación de todas ellas puede que se encuentre el verdadero motivo. Pero, ¿importa realmente conocerlo? Si me preguntaran a mí, pasado un mes desde que recibí el manuscrito, diría que no, que lo substancial es el relato y no por qué se cuentan en él unas cosas y no otras, si lo ha escrito una persona, otra o las dos en conjunto: una escribiendo una parte y otra contando la parte que le falta a la primera.&amp;nbsp; En este caso, sólo David sabe lo que pasó en Savona en esos dos días de julio. Y yo, que no lo sé, me limitaré a contarlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-6303449663344254080?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/6303449663344254080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/09/dos-voces.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/6303449663344254080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/6303449663344254080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/09/dos-voces.html' title='A dos voces'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TJcD7auTRGI/AAAAAAAAArA/sbiQqkE4JzA/s72-c/Captura+de+pantalla+2010-09-20+a+las+08.47.28.png' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-4931856975172801542</id><published>2010-08-31T08:14:00.000-07:00</published><updated>2010-08-31T08:14:51.433-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Mirar</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Regreso a Madrid y me transformo en un nómada sedentario y en un escritor sin ideas. Como una peonza que sólo es tal mientras gira, yo sólo soy yo mientras me muevo. Intuyo que la ausencia de ideas no es únicamente debida al sedentarismo, sino también a la indolencia. Intento escribir el relato de mi viaje y sólo me vienen a la cabeza lugares comunes, frases hechas, tópicos más o menos contrastados. Si mi viaje hubiera tenido un objetivo como el de David, que ha seguido por medio mundo a una cantante, tal vez tendría algo interesante que contar. Pero no, cuando se viaja por el mero placer y necesidad de moverse, no se mira lo que se va viendo sino que se pasa por los sitios como si se fuera una maleta. No me creo demasiado eso de que el camino es la recompensa, la meta. La prueba está en que empecé a escribir algo sobre mi viaje cuando estaba ya casi acabando, en su última etapa en Río de Janeiro, justo cuando me encontré con David en el avión. También es cierto que la pereza nubla la razón y que, dado que escribir no es solo engañar sino también mirar, si no se quiere mirar, no se puede escribir. Así, desde que regresé de mi viaje, no he querido mirar y para ello he estado creándome excusas: el calor del verano, las visitas a familia y amigos, los desplazamientos al mar o la falta de sosiego. Cualquiera me valía. Y me siguen valiendo porque sigo sin mirar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Tengo la suerte de que otros miran por mí. David, por ejemplo. El jueves, al abrir el buzón, encontré un sobre marrón que me enviaban desde Israel. Era él:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 35.4pt; margin-right: 28pt; margin-top: 0cm; text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Netaniya, 15 de agosto de 2010&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 35.4pt; margin-right: 28pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Querido Manuel:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 35.4pt; margin-right: 28pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Espero que no te importe que te haya localizado. Al fin y al cabo, tu domicilio aparece en Internet y está al alcance de cualquiera. Espero además que no te sorprenda esta carta. Vamos de sorpresa en sorpresa: te sorprendí en el avión, te sorprendí al darte el cuaderno que habías perdido y creo que te sorprenderé una vez más cuando acabes de leer esta carta. Si me he decidido a escribirte es porque tú y yo, sin saberlo, hemos compartido lugares y tiempos y hemos estado viajando juntos, aunque sin encontrarnos. Bueno, en cierto modo sí te encontré al hallar tu cuaderno en aquel restaurante de Sídney. Deduje entonces que estarías, como yo, escribiendo un relato de tu viaje, y que seguramente pese a que hemos sido dos personas que han transitado juntas por el mundo y que además escriben sobre ese viaje, deben tener algunos puntos en común. (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Intuye mal David, porque yo sólo me dediqué a apuntar recuerdos en un cuaderno. Debo reconocer, sin embargo, que todo lo suyo me resulta chocante. Recuerdo haberle dicho mi nombre y apellidos cuando se acercó en el avión para devolverme el cuaderno. Puesto que él lo hizo, yo tuve que corresponder. Lo de la dirección es lo que menos me sorprende ya que aparece en las guías de teléfono. Resulta curioso que en un tiempo en el que valoramos tanto la privacidad, permitamos que nuestros datos circulen con total libertad de un extremo a otro del planeta sin importarnos quién los manipula, como si fueran ellos los verdaderos viajeros de esta época. El verdadero sentido de la información, como el de la peonza, es estar en continuo movimiento. En algo tiene razón David: algún punto en común deben compartir dos viajeros que toman los mismos aviones hacia los mismos destinos. Si no fuera por el cuaderno y porque apunté en él todos mis movimientos, David no me hubiera encontrado. Prosigue la carta&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 28pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 10.0pt; mso-bidi-font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;(…) Como verás, el sobre contiene un manuscrito. He ido escribiendo durante mi viaje, a veces compulsivamente, con tanta ansiedad que hubo momentos que creí que el motivo de mi viaje no era seguir a Dionne Warwick en sus actuaciones de los meses de junio y julio, sino poder escribir este manuscrito que te entrego. Te preguntarás que por qué a ti y es comprensible. Siéndote sincero, ni yo mismo lo sé, pero como no creo en las casualidades, que hayamos compartido tanto sin ser consciente de ello nos hermana en cierto modo. Nos iguala. (…)&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-right: -0.35pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Ojeo el manuscrito. Se titula Mucho por recorrer. Letra times new roman, cuerpo 14, me parece. Sin sangría. Empezó a escribirlo en República Dominicana en mayo de este año. Luego siguen una sucesión de lugares, casi los mismos que yo he visitado. David mira, yo no. David escribe, yo no. Le tendré que escribir. Tendré que escribir.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-4931856975172801542?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/4931856975172801542/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/08/mirar.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4931856975172801542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4931856975172801542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/08/mirar.html' title='Mirar'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-762161648029088260</id><published>2010-08-13T12:44:00.000-07:00</published><updated>2010-08-13T14:43:19.851-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Cuaderno de Viaje (V)</title><content type='html'>&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/t7dugMjs1NE?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/t7dugMjs1NE?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: xx-large;"&gt;Día LI: Madrid&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Todas las cosas que me rodean están en su sitio, en el mismo sitio en el que las dejé cuando salí hace cincuenta días. Dejo la maleta en medio del salón. Cojo el teléfono y miro el número de llamadas habidas en todo el tiempo que no he estado. Su sonido ha sido el único en estas semanas de ausencia, el recordatorio de que la casa estaba inerte, pero no vacía. Si sonase un teléfono en una planicie de Marte, ¿serviría su timbre para deducir por ello que hay vida allí? Un vehículo se detiene ante una roca, tan anaranjada como el cielo, que le interrumpe su caminar. La sortea porque un escáner le permite visualizarlo, procesar la información recogida y decidir que rodearla es lo más apropiado para proseguir con el camino previamente trazado en sus circuitos. Como si fuera un ser vivo, pero el vehículo es tan inerte como ese planeta mientras no se demuestre lo contrario. Igualmente, las dieciséis veces que ha sonado el teléfono durante mi ausencia no dan vida a una habitación llena de objetos inorgánicos, ni siquiera conceden esa condición vital al teléfono, que suena por la transformación en ondas sónicas de los impulsos eléctricos que activan su timbre. En casa, en definitiva, no ha habido vida en estos días o, por lo menos, no ha habido vida conocida. Todo está en su sitio, las cosas que habitan en ella no sufren el calor del verano, las ventanas cerradas, la poca ventilación. Están ahí, inamovibles, inmutables. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Sin embargo, me doy cuenta de que no soy el único habitante en este planeta de setenta metros cuadrados porque empiezo a notar trazos de vida en la cocina. Respiro el aire caliente de la casa y me llega el olor insoportable de la putrefacción. Es el olor de la vida en un ambiente de descomposición; el hielo del congelador se ha convertido en agua, el calor y la humedad aceleran crecimiento bacteriano y la descomposición de los tejidos orgánicos: la carne se pudre. No hay electricidad y el compresor del frigorífico ha dejado de funcionar. Comparto mi casa con moscas de cabeza enorme y tornasolada. Es también el olor de la vida que se alimenta de la muerte; la vida que se transforma en otro tipo de vida. Pero huele mal y tengo que dejar la maleta en el salón para retirar del congelador, caliente como si fuera un horno, la bolsa que contiene un filete que ya no es músculo, cartílago y tejido adiposo, sino una masa informe cuyo tacto, incluso con la protección del guante de goma que me he colocado, resulta repugnante. Las moscas intentan seguir la trayectoria de la bolsa pero se despistan y empiezan a pulular por otras habitaciones, buscando el alimento del que tan cómodamente han dispuesto hasta mi regreso. Abro ventanas, oreo la casa y pienso si tal vez no sea mejor salir de ella hasta que desaparezcan las partículas que provocan el mal olor. Sigo el vuelo de una mosca y la veo huir por la ventana de la cocina. Empiezo a creer que vuelvo a ser el único ser vivo. Me tranquilizo, pero el termómetro sigue marcando treinta grados en el interior de la casa. Los paraísos se sitúan en lugares de calor agradable, agua, luz. La combinación de estos elementos es el combustible que alimenta el motor de la vida. Durante las semanas que he permanecido fuera, la cocina de mi casa fue una especie de paraíso donde la vida brotó del hielo derretido, del músculo criogenizado que revivió al sentir el calor del verano madrileño colarse dentro de un congelador apagado e inútil. La vida en mi casa inerte surgió a mis espaldas, mientras yo buscaba otras vidas al otro lado del mundo, en el frío en el invierno. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Abro la maleta. Recuerdo las advertencias sobre contaminación biológica que se incluyen en los formularios de ingreso a Australia y Nueva Zelanda. Nada de productos orgánicos: carne, fruta o semillas foráneas pueden perjudicar su ecosistema. Un perro olió mis pertenencias en Sídney, pero se marchó con la misma cara imperturbable con la que apareció delante de mí. La carne se pudre igual allí, con las mismas bacterias, pero una manzana extranjera no pasa la frontera. Todo lo visible que hay en la maleta es inorgánico. La olfateo como si fuera el perro del aeropuerto de Sídney, pero no me&amp;nbsp; llega ni el intenso olor a podredumbre ni el suave y acido olor de la manzana que no puede pasar de un continente a otro. Saco mis pertenencias de la maleta y descubro una muñeca del tamaño de un dedo sobre un pedestal negro. Es un geisha con los ojos grandes y la cabeza achatada de los dibujos &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;manga&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;, prisionera en una urna cilíndrica de plástico. Me gustó tanto su aire de baratija &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;kitsch&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; y esa mezcla entre tradición y cultura &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;pop,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; tan japonesa, que la compré consciente de su absoluta inutilidad y sin comprender del todo su función porque el comerciante que me la vendió en Tokio no hablaba más que japonés. Intento leer las instrucciones y descubro que están escritas únicamente en ese idioma; sin embargo, en el pedestal observo unas placas solares y me doy cuenta, en cuanto la saco de la caja, que la geisha empieza a mover cabeza y cuerpo gracias a la energía que le proporciona la luz. La coloco al sol y no deja de agitarse: parece viva, tan viva como un ser vivo. Además, no se pudrirá nunca. Sólo descansará en la oscuridad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-762161648029088260?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/762161648029088260/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/08/cuaderno-de-viaje-v.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/762161648029088260'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/762161648029088260'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/08/cuaderno-de-viaje-v.html' title='Cuaderno de Viaje (V)'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-8176194346040204244</id><published>2010-08-12T14:45:00.000-07:00</published><updated>2010-08-13T10:57:29.367-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Pasos</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/D7ckhFKBzMw?fs=1&amp;amp;hl=es_ES"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/D7ckhFKBzMw?fs=1&amp;amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Miro por la ventanilla del avión y las luces de Sao Paulo ocupan todo mi campo de visión. La ciudad prosigue más allá del horizonte, pero en realidad no estoy viendo nada, sólo edificios y autopistas, igual que si la viera desde la pantalla de mi ordenador mediante Google Earth. Como si fuera un mapa dibujado con carreteras y calles y reales. El mapa es real y la sucesión interminable de ciudad no. Vuelvo a mirar mientras el avión sigue elevándose y la ciudad se aleja hasta que se convierte en un punto en la pantalla que tengo justo delante de mí. La ciudad ya es imaginada, ficción, y el punto, que es un símbolo, es real, lo presente. Eso es todo lo que veré de Sao Paulo. Llegué hace siete horas y vuelvo a estar de nuevo en el aire. No me quedo. Ha sido complicado encontrar plaza en este vuelo JJ8062 a Milán. Allí, seguro, en Italia me la volveré a encontrar. He debido cambiar el itinerario de mi viaje a toda prisa, desechar la estancia en Río de Janeiro y encontrar el modo más conveniente de volar de Santiago de Chile a Milán. Por eso la escala de siete horas en Sao Paulo, en su aeropuerto. Van nueve desde que salí de Netanya: Ben Gurion, Schiphol, Narita, Chep Lak Kok, Kingsford Smith, Auckland International, Arturo Merino Benítez, El Loa y Guarulhos, el último. ¿Son todos iguales? Catedrales de paso, palacios de Babel, castillos con alas. En eso se parecen, sólo que algunos son catedrales y otros son más ermitas; unos son palacios y otros parecen barracas; algunos son como castillos que dominan el lugar, otros parecen el puesto avanzando de la Legión Extranjera en medio del desierto. Todos, en fin, intentan ahora parecer más un centro comercial que una estación de tren otro lugar de paso. Camino por un pasillo que huele a mantequilla rancia y bollería de baja calidad mientras busco un lugar donde descansar. Un sillón algo aislado, algo de silencio, pero sólo me llega el mal olor de un puesto de comida cercano. Lo encuentro al rato, me siento y comienzo a revisar mis pertenencias: pasaporte, cartera con tarjetas de crédito, cartilla de vacunación, el cuaderno negro vacío que compré en Tokio. Ella lo estrenará con su firma. Siempre reviso mis pertenencias, aunque sepa que no encontraré nada nuevo ni perderé lo ya conocido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Cierro la mochila. El olor a mantequilla rancia me quita el hambre. Ya comeré en el avión, en silencio y sin que me molesten los olores. Nunca hablo en los aviones con nadie y evito que hablen conmigo. Intento escoger siempre los asientos que más me aislen, aunque no siempre lo consigo. Me siento incómodo en esas situaciones de charla que no conduce a nada, de relaciones que se acaban en cuanto desaparece el motivo que las provocó. Por eso, ahora que pienso en lo que ha sucedido en el avión que me llevó a Sao Paulo no me reconozco en ese energúmeno que se dirige a un desconocido en un idioma que estaba seguro no iba a conocer. Desconocido, sí, porque aunque supiera de él lo que pude averiguar en su cuaderno, sólo se puede conocer a una persona cuando somos capaces de ir más allá de lo que ella no dejan ver. Reconocí su rostro enseguida: el pelo corto, la mandíbula escasa, la piel del rostro con las secuelas del sol y el acné. Proyecté en su cara los garabatos, números y recortes que encontré en su cuaderno para reconocerlo pero seguía siendo un desconocido. Cuando uno deja tanto rastro en un cuaderno basta con acceder a Internet para seguir averiguando, pero al mismo tiempo, pese a que la vida de muchos está grabada en código binario en servidores desconocidos a los que no se tiene acceso, la persona que protagoniza esa vida sigue siendo una desconocida. Reconocer no es conocer, pero porque le reconocí quise conocerle, hablarle y como consecuencia de haberlo reconocido, me sentí en la inesperada obligación de devolverle el cuaderno. No le conté que yo también tengo un cuaderno similar, aunque sin dejar tantos rastros de mí como él dejo de sí (Mantengo conscientemente en el anonimato su nombre al igual que mantengo el mío). Me asustan las coincidencias: dos personas que no se conocen, que nacieron en lugares cercanos; puede que incluso conozca a Javier, que nació en su misma ciudad, eso se me olvidó preguntárselo aunque pensándolo ahora, trascurridas unas horas, ha sido mejor no hacerlo, reduciendo así el ámbito del encuentro a la pura casualidad y la entrega del cuaderno. Dos personas de tiempos diferentes pero que viajan por los mismos lugares en las mismas fechas. Dos personas que proceden de lugares distantes, pero que coinciden en los mismos espacios. Yo, sin embargo, jamás apuntaría direcciones de correo electrónico o graparía recibos de compra que incluyan mi nombre y apellidos. Escribo notas, eso sí, ideas al vuelo y poco más. Ficciones en las que coloco a personajes reales o imaginarios en lugares donde no han estado nunca y los muevo en el tiempo y el espacio con la más absoluta de las libertades. Son sus pies, nos los míos, los que pisan esos lugares. Escribir es engañar y leer es creer conscientemente el engaño. Sólo ella, Marie Dionne Warwick, nacida el 12 de diciembre de 1940 en East Orange, Nueva Jersey, y con residencia habitual en Río de Janeiro, Brasil y en Estados Unidos, es real: yo la sigo hasta su próximo concierto en Savona dentro de tres días.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-8176194346040204244?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/8176194346040204244/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/08/pasos.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8176194346040204244'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8176194346040204244'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/08/pasos.html' title='Pasos'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-986918362557862719</id><published>2010-07-27T17:04:00.000-07:00</published><updated>2010-07-28T07:35:42.857-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><title type='text'>Prólogo</title><content type='html'>&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/kR11kyT06Zc&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/kR11kyT06Zc&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Dionne Warwick, en un momento de su concierto en Savona, Italia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;En la noche del 21 de julio de 2010, la cantante norteamericana Marie Dionne Warwick, conocida artísticamente como Dionne Warwick, actuó en la ciudad italiana de Savona, cerca de Génova. Un diario digital local,&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #990000;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt; &lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://savona.mentelocale.it/27351-dionne-warwick-la-regina-del-pop-afroamericano-a-savona/"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #990000;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Savona Mentelocale&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;, informó del evento, que tuvo lugar en el castillo de Priamar, una fortaleza del siglo XV, construida originalmente para defender la ciudad de ataques desde el mar y que en la actualidad se usa para eventos artísticos y culturales. Según ese diario, Dionne Warwick empezó su recital con “Walk on by”, uno de sus primeros éxitos, y lo continuó con otras canciones de su repertorio más clásico, como “Don’t make over” o “I’ll never love this way again”, que la colocaron como unas voces más distinguidas de los sesenta y setenta del pasado siglo. No sé olvidó tampoco del país donde pasa largas temporadas, Brasil, al interpretar&amp;nbsp; también “Corcovado” y “Aguas de Março”, ni tampoco de las dos canciones que relanzaron su carrera en los años ochenta, “That’s what friends are for” y Heartbreaker”, esta última cantada junto a su hijo, David Elliott. Fue él quién en realidad abrió el concierto, con una versión en estilo &lt;i&gt;soul&lt;/i&gt; de “Bésame mucho”. Tras noventa minutos de actuación, la cantante dio por concluido el recital, pese a que los asistentes, que no completaron el aforo del local, pidieron una última canción con insistencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;De este concierto, que se enmarcó dentro de las actividades culturales que se organizan todos los veranos en esa ciudad de la costa ligur, cabecera de la provincia de su mismo nombre, existen tres grabaciones publicadas en Youtube. En la primera de ellas se ve una Dione Warwick pletórica, cantando con intensidad &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=SWYR7PI5XDk"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #660000;"&gt;&lt;b&gt;“I’ll never fall in love again”&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;. En la segunda aparece junto a su hijo haciendo una versión&amp;nbsp; de “I say a little prayer”. Puede que fuera porque la calidad de ambas grabaciones es buena, pese a ser un vídeo doméstico, o porque fueran tomadas al principio de su actuación, cuando la cantante se encontraba con más energía y con menos minutos de exposición al sofocante calor de una noche de verano, pero lo cierto es que ambas grabaciones transmiten la imagen de una cantante fuerte y elegante, respetada por la edad y el tiempo, aunque sin ocultar su avance ni tampoco que Warwick no es ya la misma cantante que en décadas pasada enlazaba tras éxito de la mano de compositores como Burt Bacharach, Stevie Wonder o los Bee Gees. Hay incluso momentos en que ambos vídeos transmiten delicadeza y ternura: por ejemplo, cuando la cantante se da la vuelta para apartarse escrupulosamente del público y se gira hacia los músicos que la acompañan para limpiarse el sudor que brota de su frente, que parece producto no tanto del esfuerzo físico inherente a un concierto como del sofocante calor de esa noche de verano.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En el tercer &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=c0-oCFWkiWI"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #990000;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;vídeo&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, por el contrario, las imágenes muestran el inexorable paso del tiempo en una cantante que ya ha cumplido los setenta años. Así, a Dionne Warwick se la ve en varias ocasiones sentada junto al piano, o agarrándose a él cuando los focos se centran más en su hijo y en la orquesta, dejándola a ella en el beneficio de la oscuridad. En otro momento canta sentada las primeras estrofas de “Heartbreaker” para levantarse más tarde y pedir al público que la acompañe en el estribillo. El pobre sonido de la grabación, sin embargo, no impide identificar en su voz esa elegancia y calidad que la han hecho famosa, reconocida. La edad y el tiempo no pasan desapercibidos tampoco para el autor de la grabación que tres días después publicó en el siguiente comentario en su &lt;a href="http://athosenrile.blogspot.com/search/label/Dionne%20Warwick"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #990000;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;blog&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;: &lt;i&gt;“Frente a una prestación vocálica de ese calibre resulta inadecuado (y poco elegante) hablar del ‘año de nacimiento’, pero este no es un elemento que se debe ignorar”&lt;/i&gt;. El&amp;nbsp; mismo autor disculpaba por este motivo la ausencia de una última canción tras los aplausos finales: &lt;i&gt;“Tal vez el calor, tal vez el cansancio (más de una vez Dionne se ha sentado junto al piano) o tal vez las exigencias del protocolo han privado a los presentes de una última canción”&lt;/i&gt;. Parecía, en cualquier caso, casi un concierto entre amigos y eso sí se refleja en los tres videos: ella vestía de un modo casi informal, acorde con la estación del año, una camisola y un pantalón de amplias perneras, el pelo cortísimo y con menos volumen que en las fotografías de promoción de su página web. Tal vez a esa sensación de cercanía contribuían la presencia del hijo y esa calidad de vídeo familiar que trasladan la grabaciones con las exclamaciones, aplausos y voces de un público que tararea con educado entusiasmo el estribillo de la canciónes.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Dionne Warwick se alojó en el Hotel NH Savona Darsena, situado en el puerto de la ciudad, muy cerca de la fortaleza de Priamar. A él llegó horas antes, aún de día, en una caravana de dos automóviles que, al estilo de las grandes estrellas, se paró junto a la puerta de entrada. Si la importancia o la fama coyuntural de una cantante se midiera por el número de coches que conforman la caravana en la que se desplaza por una ciudad, las de Warwick serían, en &amp;nbsp;aquel momento, discreta. Existe, también en youtube, una &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=CpymzH4z_Cs"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #990000;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;grabación&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; breve de su llegada, que acaba justo en el momento en el chófer se baja del vehículo y parece dirigirse a la parte posterior para abrirle la puerta a la cantante. A ella ni se la ve, oculta tras el reflejo de la luz en los cristales tintados del automóvil, como única concesión a su celebridad. Es extraño que en una grabación que pretende mostrar la llegada de Warwick a su hotel de Savona no se vea una imagen clara de ella y, sobre todo, que finalice justo en el momento en que ella podía estar más expuesta a las cámaras, justo en el momento en el que se fotografía a las personas famosas: cuando salen del coche para entrar en un recinto cerrado y privado. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No existe más constatación directa de la estancia y concierto de Dionne Warwick en Savona que las cuatro grabaciones aparecidas en youtube (si consideramos como tal la de su llegada al hotel), los comentarios y críticas publicadas en el diario digital, el blog de un asistente al concierto y, finalmente, los anuncios tanto en la página web de la &lt;a href="http://www.dionnewarwick.info/conc.html"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #990000;"&gt;artista&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/a&gt; como en la del &lt;a href="http://www.comune.savona.it/IT/Page/t04/view_html?idp=4098"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #990000;"&gt;Ayuntamiento de Savona&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;, la del periódico local &lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #990000;"&gt;&lt;a href="http://www.savonaeponente.com/2010/07/20/savona-dionne-warwick-al-priamar/"&gt;Savona Ponente&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; font-weight: normal;"&gt;&amp;nbsp;y otras paginas web de índole más secundaria.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&amp;nbsp;D&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;ebió haber sido un concierto más de una cantante que en la etapa final de una carrera brillante y honesta sigue recorriendo el mundo dando recitales en teatros y auditorios de los cinco continentes, tal vez sin la obligada parafernalia que acompaña a un artista en la cresta de la popularidad y del éxito, pero sí con la tranquilidad y la seguridad de un trabajo bien hecho que proporcionan los casi cincuenta años de una vida dedicada a la canción. Pero no fue así.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-986918362557862719?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/986918362557862719/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/prologo.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/986918362557862719'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/986918362557862719'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/prologo.html' title='Prólogo'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-3471138246435613464</id><published>2010-07-25T13:38:00.000-07:00</published><updated>2010-07-25T13:40:08.901-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Río de Janeiro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Cuaderno de Viaje (IV)</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: #343434; font-family: Georgia; font-size: 24pt;"&gt;Día XLIX. Copacabana&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #343434; font-family: Georgia;"&gt;Suena el &lt;i&gt;Last Dance&lt;/i&gt; de Donna Summer y me reafirmo en lo que siempre he pensado de esta canción: que es melancólica y triste, como el &lt;i&gt;Dancing Queen&lt;/i&gt; de Abba, como muchas canciones &lt;i&gt;disco&lt;/i&gt; de los años setenta. Parecía como si bailar en aquellos años fuera la antesala a la eternidad o al infierno, como si no se pudiera hacer otra cosa que bailar y bailar en discotecas de suelos iluminados de rojo, verde, azul y ámbar. Bailar era la última oportunidad . Chicos y chicas felices que bailan mientra Donna Summer les canta &lt;i&gt;let’s dance last dance tonight&lt;/i&gt;&amp;nbsp;alargando la última vocal y subiendo de tono mientras se mueven al ritmo que ella les marca, despreocupados, sin saber que es la última. Ella, melena rizada que se abre como si fuera una capa, labios permanentemente pintados, dientes blanquísimos, falda con vuelo. Es un vídeo y estoy en La Cueva, en la calle Miguel Lemos, en Copacabana. Nadie parece prestar atención a la pantalla. Alguien baila borracho en medio del local. Se llama así porque está en un sótano decorado como si fuera realmente una cueva, como aquella discoteca de Ceuta con el mismo nombre donde también sonaron Donna Summer y Abba, pero en su momento. Me pido una caipirinha y ya es la segunda. No lleva lima natural machacada con un mazo, como debería ser, sino zumo de limón. Me sabe igual de buena que la primera, hecha según la receta: se coge un vaso ancho y se echan en él trozos de lima partida en cuartos, luego una cucharada de azúcar, no demasiada, se machaca todo, se le pone cachaça y al final hielo, a ser posible picado sin demasiado cuidado. Luego se vierte todo en una coctelera, se cierra y se agita. Finalmente toda esa mezcla se echa en un nuevo vaso, a ser posible también ancho, se pone un poco más de hielo, se adorna con una pajita y ya está listo para beber. Así me la había tomado poco antes en TVBar, en Nossa Senhora de Copacabana, donde sonaron &lt;i&gt;Super Trouper&lt;/i&gt; de Abba y &lt;i&gt;Laura&lt;/i&gt;, de Scissor Sisters y, como si fuera una aparición en la enorme pantalla de vídeo, Rick Astley. También la Madonna de los ochenta, mientras me preguntaba si eran la misma persona y la misma cantante que en la actualidad. Estaba vacío. Era temprano. Me marché, pero la caipirinha sabía mucho mejor. Camino siete manzanas en dirección norte. Acaba &lt;i&gt;Last Dance&lt;/i&gt; y empieza &lt;i&gt;La vie en Rose&lt;/i&gt;, versión de Grace Jones. El escote suelto de su vestido plateado deja ver la aureola que rodea el pezón de su pecho derecho y supongo que eso en los ochenta llamó la atención. Parece casual, pero está totalmente estudiando, como el brillo de sus labios, o la flor, tal vez un fragipán, que lleva en la oreja derecha. Echo de menos algo de música brasileña. No llega. Vídeo y música se disocian: aparecen los Bee Gees en la pantalla, pero por los altavoces, suena, otra vez, Rick&amp;nbsp;Astley. Salgo a la calle. Vuelvo a caminar, esta vez en dirección sur, cuatro manzanas y estoy de vuelta en el hotel.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: #343434; font-family: Georgia; font-size: 24pt;"&gt;Día L: calle Raul Pompeia / Cantagalo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: left;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: #343434; font-family: Georgia; font-size: 24pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEygUZgjN0I/AAAAAAAAApY/Do3Y1wf-GIs/s1600/Favela+de+Cantagalo+1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEygUZgjN0I/AAAAAAAAApY/Do3Y1wf-GIs/s640/Favela+de+Cantagalo+1.jpg" width="480" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family: Times; font-size: 16pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;Calle Raul Pompeia y al fondo la favela de Cantagalo&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #343434; font-family: Georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #343434; font-family: Georgia;"&gt;Las agencias de turismo de Río de Janeiro organizan visitas a las favelas de la ciudad, como hacía años otras agencias de turismo en Europa organizaban excursiones a la guerra de los Balcanes. Yo veo una favela todas las mañanas desde el piso trece de mi hotel, al final de Copacabana, casi en Ipanema. Es a la hora de desayunar, cuando el sol la empieza a iluminar y supongo que desde allí, encaramada al Morro de Cantagalo, sus habitantes deben disfrutar de unas vistas privilegiadas de las playas más conocidas y frecuentadas de la ciudad. Imagino que todos los días bajan de sus casas a disfrutar del mar. Imagino también que deben ser todos oscuros de piel, tanto por la acción del sol como por la genética. Y efectivamente, no todos son de piel clara quemada por el sol en las playas de Río de Janeiro. Ahora estoy en la calle Rui Pompeia, la cruzo hasta la mitad aprovechando el semáforo en rojo y disparo la cámara para obtener una vista de la calle con la favela al fondo, trepando por la montaña. Mientras, un surfista que regresa de la playa atraviesa el campo de visión de mi cámara y aparece inesperadamente en la imagen. Me pregunto quién es el intruso en esa escena: si el surfista con su tabla y la chica que parece que le acompaña, la favela de Cantagalo que recompone la escena y que era el motivo inicial de la foto o el fotógrafo que arriesga a que le atropelle un coche para obtener la imagen de una ciudad de contrastes, siempre a cabalgando entre la sensualidad, el hedonismo, la miseria, la alegría y la tristeza. Cuando la veo, una vez tomada, reflexiono sobre el motivo de la fotografía; si es el surfista y la chica, si son los coches o la calle Raul Pompeia, o si es la favela de Cantagalo. El surfista y la chica no pueden ser porque salen desenfocados y descentrados: su presencia en la foto es casual. La calle no puede ser tampoco porque no hay nada de especial en ella de no ser por la favela. La favela sí es el objetivo, o mejor dicho, la calle con la favela de decorado. Sin embargo que se cruzaran los dos jóvenes añade cotidianeidad a la escena, normalidad o, mejor expresado, contraste normalizado, sin rasguños ni violencias. Y llego entonces a la conclusión de que esta foto, con todos su elementos, explica mejor esta ciudad que cualquier palabra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-3471138246435613464?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/3471138246435613464/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/dia-xlix.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/3471138246435613464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/3471138246435613464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/dia-xlix.html' title='Cuaderno de Viaje (IV)'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEygUZgjN0I/AAAAAAAAApY/Do3Y1wf-GIs/s72-c/Favela+de+Cantagalo+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-1708745101361161479</id><published>2010-07-24T08:29:00.000-07:00</published><updated>2010-07-24T13:08:16.692-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Río de Janeiro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Cuaderno de Viaje (III)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEsGVizHJbI/AAAAAAAAApI/ngzqTUSmsoY/s1600/Espaldas+Redentor+2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEsGVizHJbI/AAAAAAAAApI/ngzqTUSmsoY/s640/Espaldas+Redentor+2.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;Cristo Redentor, Corcovado&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;&lt;i&gt;Día XLVII. Jardim Botânico&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;… Y sigo caminando hasta el jardín botánico de Río de Janeiro. No veo murciélagos colgados de los árboles como en el de Sídney. Los jardines botánicos son un regalo del siglo XVIII a las generaciones posteriores, aunque el de esta ciudad sea de 1808. Entronca con las expediciones científicas como la de Malaspina o Darwin y con el afán de codificar, preservar y enseñar la ciencia conocida hasta entonces. Busco algún ejemplar de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;hevea brasiliensis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, el árbol del caucho, originario del Amazonas, pero no localizo ninguno. Por el caucho se iniciaron guerras, por el caucho Brasil se extendió por toda la cuenca del Amazonas hasta que los ingleses lograron aclimatar el árbol en el sudeste asiático. Entonces pararon. Camboya está llena de plantaciones de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;hevea brasiliensi&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;s: penumbra marrón entre las hileras de árboles, troncos con cortes de los que manaba, como si fuera una herida de la que brota sangre, el látex blanco que luego se convertiría en caucho. Las plantaciones del árbol del caucho no eran un lugares acogedores: intenté hablar con algunos de sus trabajadores y el miedo no les dejaba. Desde una plazoleta del jardín botánico se ven las espaldas del Cristo Redentor y me pregunto si redime sólo a aquellos lugares que abarca con sus brazos o también a aquellos a los que no llega. El jardín no parece necesitar redención alguna: está bien cuidado, con parterres de hierba bien cortada de los que surgen arbustos de bambú, palmeras de varias especies y árboles altísimos de la flora sudamericana plantados por las más variopintas ocasiones: el nacimiento de un miembro de la familia real brasileña, algún aniversario o la marcha de algún director.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Prefiero el de Sídney aunque&amp;nbsp; esté lleno de murciélagos. Los jardines ingleses tiene un aire de naturaleza salvaje apenas tocada por la mano del hombre: un sendero, un cruce de caminos, poco más. Intentan adaptar los flujos humanos a las condiciones del bosque. Los jardines de estilo francés, en cambio, recrean la naturaleza a la medida del hombre, como si un jardín fuera un bonsai cuyo crecimiento hay que limitar, dirigir y controlar. El jardín botánico de Sídney, creo, responde al estilo de jardinería inglés, mientras que el de Río de Janeiro está mas cerca del modelo francés. Además, no hay pájaros que se suben a las mesas a comerse los restos de las meriendas como los ibis de los jardines de Sídney. Noto que me está bajando la presión. Me siento y ya no camino más. Al rato salgo y tomo un taxi. A por un café.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;&lt;i&gt;Día XLVIII. Autobús 583-Ipanema&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/6YSTS--FfSU&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/6YSTS--FfSU&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Las calles de Río de Janeiro tienen más autobuses que coches. Exagero, obviamente. Pero hay tantos que parece imposible saber cuál hay que tomar para ir a la estación del tren que sube hasta el Corcovado, casi a los pies del Cristo Redentor. Pregunto y me dicen que tome el 583 a la ida y el 584 a la vuelta. Así hago. Estoy en la calle Nossa Senhora de Copacabana, la más transitada y comercial del barrio, y no hacen más que pasar autobuses que transitan velocísimos por unas calles en las que se anuncia la “Operaçao Asfalto Liso”. No es que las calles de Río de Janeiro estén llenas de agujeros y baches. No son las calles de Santo Domingo, o de Santiago de Chile, que no tienen ni alcantarillado y cuando llueve se convierten en charcas, pero cuando me subo en el autobús 583 entiendo el porqué: dada la velocidad con la que circula, cualquier deformación en el asfalto supone un brinco del autobús y casi una caída a los pasajeros que vayan de pie. Tengo suerte, está vacío y me siento al lado de una ventana. Si las ciudades van al ritmo de su transporte público, diría que Río tiene un ritmo aceleradísimo, con frecuentes paradas y zigzagueos, también a trompicones. Atraviesa el autobús un túnel y me encuentro en Botafogo, su pequeña bahía llena de yates, y el Pan de Azúcar a la derecha. La foto de todas las postales. Llegamos a Largo do Machado, una plaza empedrada como si fuera Lisboa, con una iglesia, la de Nossa Senhora de Glória que podía haber sido barroca si no hubiera sido construida en el último tercio del siglo XIX. Al menos da nombre a un barrio entero. Atraviesa la plaza y se dirige a la calle Laranjeiras, ya en cuesta, presagiando lo que vendrá después hasta subir al Corcovado. Las calles de Río son una amalgama de estilos como si quisieran reflejar la amalgama de razas que pueblan esta ciudad y este país. Blancos, morenos claros, morenos oscuros, mulatos, negros. Así, la casa estilo fin de siglo pintada de rosa chicle se codea con un edificio de apartamentos de los años setenta sin mayores complejos ni vergüenzas. No es armónico, pero para armonía y conjunción ya están las ciudades europeas. América, y América Latina sobre todo, es otra cosa. Me llama la atención esa anarquía y ese aparente caos urbanístico, pero ni chirría ni molesta. A imagen y semejanza de sus ciudadanos. Sigue subiendo el autobús por Laranjeiras. No me he equivocado ni me han confundido: la estación de tren está a pocos metros. Me bajo. Una cola de gente da la vuelta a la manzana. Es la cola para comprar el billete: miro las taquillas y sólo hay una persona despachando. El tren sale cada media hora. Prefiero entonces las espaldas del Cristo Redentor que he fotografiado el día anterior desde el Jardim Botânico. En otra ocasión le veré la cara y el torso. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Vuelvo a la calle y tomo el 584 de vuelta. Decido que pasaré la tarde en Ipanema. Caminando, como en todo este viaje. He gastado ya unas zapatillas. En el fondo es lo que más me gusta hacer. Mucho más que visitar iconos. Ipanema tiene playa y tiene lago, además, y montañas cubiertas de favelas. Otra vez la amalgama y el caos aparente. Pero no, todo parece caótico aunque está perfectamente organizado y estratificado. Se ven pocos negros en Ipanema, algunos en la playa, pero no por sus calles. Al menos las playas son públicas. Tampoco se veían en la confitería Colombo, en la calle Gonçalves Dias, en el centro de Río, la más selecta de la ciudad. En las playas, en cambio, se anuncia qué factor de protección solar debe uno ponerse atendiendo al color de su piel: negros y mulatos, morenos oscuros, morenos claros y blancos. Más clara es la piel, más protección. Más oscura, menos protección. Yo siempre llevo protección cincuenta. O sea, que puedo pasear perfectamente por Ipanema sin que me sienta incómodo. No creo que pudiera hacer lo mismo por la Favela Vidigal, que se encarama en la montaña que cierra Ipanema. Tampoco por Rozinha, al otro lado de la misma montaña. Ni lo intento. En vez de eso, vuelvo a otra vez a mirar escaparates en la calle Visconde de Pirajá hasta que tuerzo en Garcia d’Avila: llego por fin a la playa y me siento en un chiringuito a disfrutar del sol y la brisa de la tarde. Mucho mejor que verle la cara al Cristo Redentor.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-1708745101361161479?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/1708745101361161479/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/cuaderno-de-viaje-ii.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1708745101361161479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1708745101361161479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/cuaderno-de-viaje-ii.html' title='Cuaderno de Viaje (III)'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEsGVizHJbI/AAAAAAAAApI/ngzqTUSmsoY/s72-c/Espaldas+Redentor+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-4132389246534825612</id><published>2010-07-21T19:51:00.000-07:00</published><updated>2010-07-24T09:10:56.454-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Río de Janeiro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Cuaderno de Viaje (II)</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Día XLV: &amp;nbsp;Río de Janeiro&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/e9iDqF8EN6w&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/e9iDqF8EN6w&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¿Cómo es posible que lleve viajando por el mundo cuarenta y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;cinco días y no haya sido capaz de escribir una sola línea? Ni siquiera he reaccionado de inmediato, pues han tenido que pasar bastantes horas&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;hasta que me he decidido a escribir algo. &amp;nbsp;Y todo porque&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&amp;nbsp;una persona que no conozco de nada &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&amp;nbsp;me ha puesto delante de la verdad desoladora. Y la verdad desoladora es que se me cayó el lápiz hace mucho tiempo. Antes escribía mucho, pero a destajo. Trabajé en un periódico local durante varios años: muchas tardes y noches escribiendo deprisa, muchas veces mal, algunas pocas, decentemente. Al final acabé renegando, casi odiándolo, pero ese casi era el agujero minúsculo por el que se colaba la esperanza de escribir por placer, como me hubiera gustado siempre hacer. Sin embargo, muy pocas veces esa esperanza se ha concretado en textos coherentes y presentables, exceptuando los informes que por mi profesión actual estoy obligado a redactar. Desanimado, cansado y hasta temeroso estuve años sin ponerme delante del ordenador para pensar en historias o momentos que merecieran ser escritos, sin darme cuenta de que no importaba tanto la calidad de los textos que pudiera escribir como que fuera propiamente capaz de escribirlos. Hasta hace dos días. Pero ahora estoy en las etapas finales de un viaje alrededor del mundo y no creo que sea capaz de recordar con detalle los hechos y las vivencias de estas semanas pasadas. No tengo memoria. Para un &amp;nbsp;periodista, aunque ya no ejerza, el pasado es una hoja de periódico ya escrita y el presente está aún por escribir. Aquello que no se escribió, sencillamente no existe, y el futuro es un periódico por escribir. Este viaje es ya casi un hecho pasado y no sé si seré capaz de escribir sobre él, pero al menos me quedan el cuaderno, y los cuatro días que me restan antes de volver a casa, porque desde aquellos años de periodismo guardo todos los cuadernos que voy usando. Tengo decenas de ellos llenos de una letra ilegible que resume entrevistas y reuniones. Garabatos nombres, fechas y palabras sueltas que son la llave de frases enteras. Mis últimos doce años están en esos cuadernos. El de este viaje lo perdí en Sídney, pero me lo devolvieron en el avión que me ha traido a Río de Janeiro. Una persona, David,&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&amp;nbsp;que me aseguró además que ambos hemos coincidido en varias etapas de este viaje&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. Nos diferencia que él,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;aunque fuera una razón extravagante, sí sabía por qué viajaba. Yo, en cambio, estoy a punto de regresar y aún no sé por qué he estado viajando solo durante tantos días.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Al menos recuperé el cuaderno. Está lleno de billetes de metro y autobús, recibos de restaurante o entradas a museos que fui grapando en aquellos días. Más que un cuaderno parece un álbum de cromos, ya que tan poca idea tenía de escribir sobre este viaje que apenas tiene anotaciones. Sin embargo, la conversación con David en el avión me reactivo como si hubiese sido una descarga eléctrica. Sobre todo que comentase que estaba escribiendo un blog sobre su viaje y sus encuentros con la cantante norteamericana Dionne Warwick en varias de etapas. He estado leyéndole, aunque no he querido hacer ningún comentario por desgana principalmente, pero también por pudor. Sus textos reflejan las experiencias vividas, eso parece claro; escribe rápido como si estuviera intentando capturar de inmediato la realidad de lo que va viendo, como si fuera un pintor que toma fotos a &amp;nbsp;un paisaje para pintarlo poco después, sabiendo que si deja pasar más tiempo va a empezar a perder, aunque conserve la imagen fotografiada o filmada, el alma y la fuerza de ese paisaje. Por eso, creo que hay cierta urgencia en los textos de David, como si pensara que no iba a tener tiempo de escribir o, peor aún, como si no supiese cuál era realmente el motivo de su viaje: si era el viaje el que alimentaba su blog o, por el contrario, si el blog era realmente la razón de su viaje y no, como decía, seguir a Dionne Warwick, &amp;nbsp;y aunque confieso que me gusta, por inverosímil, todo lo referido a sus apariciones, estoy seguro de que jamás la ha visto. Es pura ficción y no un cuaderno de viaje.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Día XLVI: Río de Janeiro-Niteroi&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEexrzIWJJI/AAAAAAAAAow/h-gl__QTgT0/s1600/Museo+de+Arte+Contempor%C3%A1neo+1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEexrzIWJJI/AAAAAAAAAow/h-gl__QTgT0/s640/Museo+de+Arte+Contempor%C3%A1neo+1.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Museo de Arte Contemporáneo, Niteroi&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Ayer no escribí nada sobre la visita al Pan de Azúcar, pero supongo que las fotografías y las imágenes que he tomado pueden hablar mejor que mis palabras escritas. Hoy he cruzado la bahía de Guanabará, de Río de Janeiro a Niteroi, para visitar el Museo de Arte Contemporáneo, obra de Oscar Niemeyer. Dicen que parece una flor, otros que es una especie de ovni encallado en la bahía para competir con el Pan de Azúcar. Yo creo que es un cáliz. Me gusta porque también parece un faro inútil y extravagante, bello, a mi gusto, simple en su forma, pero complicado en su ejecución. En definitiva, un icono más para añadir a la ciudad más icónica del mundo. Salgo y vuelvo andando a la estación marítima, al otro lado de la ciudad, para coger el barco de vuelta a Río de Janeiro. Es el cuarto que cojo en este viaje: el primero fue el ferry de Kowloon a Hong-Kong, luego el barco de Manly a Sídney, después el crucero por la bahía de Auckland y&amp;nbsp; finalmente hoy, el catamarán de que cruza la bahía de Guanabará. De las seis ciudades que he visitado, cinco están en la costa, todas de ellas tiene más de un millón de habitantes, algunas más de diez, como Tokio o Río de Janeiro. Me hace pensar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Me gustan el centro de esta ciudad y sus iglesias barrocas, su pasado de capital de un imperio y de una república. Me gusta la amalgama caótica de estilos arquitectónicos, la pátina mohosa que cubre el hormigón de los viaductos, el empedrado blanco y negro de las aceras, el tráfico de autobuses y coches, el trasiego de gente. Es un centro vivo, alegre, lleno de personas que parecen saber perfectamente donde van. Yo, en cambio, no. Miro escaparates en la calle Sete de Setembro, me paro en Richards y veo unas playeras blancas, miro las que llevo puestas, roñosas y agujereadas y decido que es momento de cambiarlas. Me llevo las nuevas puestas y en una bolsa de plástico meto las viejas que tiro poco después en una papelera. A seguir caminando...&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-4132389246534825612?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/4132389246534825612/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/cuaderno-de-viaje.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4132389246534825612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4132389246534825612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/cuaderno-de-viaje.html' title='Cuaderno de Viaje (II)'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TEexrzIWJJI/AAAAAAAAAow/h-gl__QTgT0/s72-c/Museo+de+Arte+Contempor%C3%A1neo+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-2325584049630121520</id><published>2010-07-18T11:22:00.000-07:00</published><updated>2010-08-12T13:14:10.366-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Río de Janeiro'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Brasil'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sídney'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Cuaderno de Viaje (I)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TENEoqJzgRI/AAAAAAAAAoM/2u22gufNqI0/s1600/Andes.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TENEoqJzgRI/AAAAAAAAAoM/2u22gufNqI0/s640/Andes.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Los Andes&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;Día XLII. Vuelo LA 750 SCL-GIG&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Intenté sacar la cámara del compartimento superior, pero la azafata agarró el micrófono para rogar a los pasajeros&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;, mientras me miraba fijamente,&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&amp;nbsp;que no se levantasen del asiento hasta que concluyese la fase de despegue. Afuera, el sol, sus primeros rayos, iluminaba la cordillera. Volví al asiento y me obligué a recordar todo lo que estaba viendo, sin embargo, cuando lo fui a escribir, no recordaba nada excepcional. Tal vez es que no vi nada excepcional: el avión giró a babor y se inclinó sobre las montañas, que parecían estar justo bajo nuestros pies, las crestas de las cumbres iluminadas por un rayo anaranjado, los valles nevados aún con el gris azulado del amanecer. La azafata me miró y yo, obediente, aún con la puerta del compartimento abierta, no fui capaz de sacar la cámara. Me hubieran bastado cinco segundos. Lo cerré y regresé al asiento. Finalmente, cuando se apagaron los indicadores de cinturón de seguridad repetí la operación y logré obtener la foto que quería. Delante de mí, un hombre entrado en carnes y años hablaba en hebreo con otro más joven que él y más delgado. Cuando oigo hablar hebreo fuera de Israel pienso inmediatamente en operaciones sinuosas, extraños viajes alrededor del mundo buscando a nazis y terroristas para juzgarlos y condenarlos. Como a Albert Eichmann, del que vi hace poco un documental sobre su captura en Buenos Aires hace cuarenta años y posterior juicio en Israel: me pregunté si era justo que lo juzgaran los supervivientes de sus crímenes. En aquellos tiempos no había Tribunal Penal Internacional que juzgara genocidios y holocaustos. Ahora lo hay, pero cuesta que sea eficiente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;La azafata bajó las cortinillas aunque eran las nueve de la mañana y llevába el avión apenas una hora en el aire. En cuatro horas íbamos a estar en Brasil: un asiático con pasaporte japonés sentado dos asientos delante del mío y un joven con pasaporte búlgaro sentado a mi derecha. No sospeché del japonés ni tampoco de los chilenos y brasileños que conforman la mayoría del pasaje, pero sí, inevitablemente, de los hebreoparlantes, a los que presupuse pasaporte israelí y seguramente algún otro más, y del joven búlgaro, más audaz&amp;nbsp; y afortunado que yo, ya que logró sacar su cámara sin ganarse la reprimenda pública de la azafata. No comparto la costumbre de las aerolíneas de pretender que sea siempre de noche, aunque uno lleve sólo tres horas levantado. Esa y la alegría con la que dispensan, alcohol, hasta ciertos límites. Todo, creo, tiene un motivo: adormilar al pasajero, evitar que se levante de su asiento y tener así la tripulación un viaje tranquilo y sin más sobresaltos que las turbulencias que nos acompañan desde que pasamos los Andes. Revisé la cartelera y constaté que la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Alicia en el país de las maravillas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; de Tim Burton acaparó las primeras posiciones en las seis aerolíneas en las que estuve viajando esas semanas. Esa y &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Hable con ella&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; de Pedro Almodóvar, pero ésta dentro de la categoría de Cine de Autor. Como si Tim Burton no fuera autor él también. Por detrás se acercó un pasajero:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;"Shalom!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&amp;nbsp;", me saludó. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;"Shalom!"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&amp;nbsp;,le respondí. Me preguntó algo en hebreo y le dije que no entendía ese idioma: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;“Ana mish bikallim hibri. Hal enta bitkalim arabi?”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; –le solté. El hombre entendió la palabra árabe y me miró demudado. Se fue para hablar con su compañero, el más jóven y delgado. El avión seguía a oscuras. Volvió para decirme que había visto las palabras Eichmann, genocidio, holocausto, terrorista y nazi en la pantalla de mi ordenador y quería saber qué estaba escribiendo. En ese momento me convencí de que no era un simple viajero como yo. No me di cuenta de que miraba lo que estaba escribiendo, signo de que sabía observar sin ser visto. Volvieron las turbulencias. Le respondí que era un viajero que estaba dando la vuelta al mundo, que había salido de mi casa en Madrid el seis de junio de 2010 a las ocho de la mañana en dirección este, que en el periplo había visitado Tokio, Hong-Kong Sydney, Auckland, Santiago de Chile, el desierto de Atacama y que en ese día, 18 de julio, iba camino de Río de Janeiro y Brasilia, últimas etapas de mi viaje que acabaría el 26 de julio al mediodía cuando otro avión se posase, viniendo desde el oeste, en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Madrid-Barajas. Tuve la impresión de que no me creyó.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TENFTOuXnlI/AAAAAAAAAoU/ucR4uER_740/s1600/Centro+Jud%C3%ADo+de+Sydney+2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TENFTOuXnlI/AAAAAAAAAoU/ucR4uER_740/s640/Centro+Jud%C3%ADo+de+Sydney+2.JPG" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Centro Judío de Sídney&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Hay personas que nunca se creen lo que les cuentan. Y estaba seguro que ese hombre, gordo, calvo y cincuentón, era uno de ellos. En el fondo le disculpé: a sus ascendientes les dijeron hace cinco mil años que eran el pueblo elegido de Dios y se lo creyeron. Finalmente le reté:&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;who are you&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;?, &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;pero&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&amp;nbsp;me respondió con otra pregunta: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;what did you intend to do when you opened the compartment&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; Insistí: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;who are you&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; Se calmaron las turbulencias. Empezó a hablarme en español con esa entonación familiar de los hebreos del norte de Marruecos: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;"Yo estuve también en Tokio en las mismas fechas que usted. Visite Hong Kong y la sede del banco HSBC en esos mismos días. Luego le vi haciéndo fotos a la fachada del Centro Judío de Sídney y dos días después compré un libro en Dymocks, igual que usted. También pasee por Franklin Street en Auckland. Al igual que usted, estoy dando la vuelta al mundo y visitando casi los mismos lugares. Lo puede comprobar, si quiere, en el blog que estoy escribiendo sobre mi viaje. Usted ha estado más tiempo en Chile, yo, en cambio, alargué mi estancia en Australia hasta el 13 de julio".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;"¿Por qué?", le pregunté. Le haría muchas más preguntas: ¿cómo sabe de mí? ¿Cómo me ha localizado? ¿Por qué me preguntó, sabiendo lo que soy, qué tenía intención de hacer cuando abrí el compartimento para sacar la cámara? No me fiaba.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;"Nuestros caminos se vuelven a separar aquí y me temo que para siempre. Yo me quedo en Sao Paulo. Cuando usted regrese a Madrid, dentro de una semana, yo estaré aún viajando. La estoy siguiendo, ¿comprende?", anunció misteriosamente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;"¿Seguir a quién?", le pregunté. Recordé que un momento antes había leído ciertas palabras en mi ordenador y empecé a temer que la trama de espionaje que me había imaginado cuando le vi entrar en el avión era real y no imaginada. Fue entonces cuando me dijo que estaba siguiendo a una cantante norteamericana que viajaba alrededor del mundo en un vuelo y en una aerolínea que ya no existen, que la estaba siguiendo desde que la oyó cantar en una plaza de Tokio junto a un grupo callejero y que, además, me vio en esos mismos lugares en los que había tenido algún encuentro casual con ella. Seguramente sea una fantasía, pero la realidad no puede estropear una historia tan excepcional. Asentí con la cabeza, no para mostrar incredulidad, sino como la mejor expresión de lo normal y de la lógica. En el fondo entendía que estuviese persiguiendo un ideal y un sueño. Entendía, incluso, que ese ideal le estuviese transformando, pero, ¿no era absurdo urdir una historia de personajes que coinciden en los mismos lugares para no encontrarse nunca? ¿Una historia de una cantante que actúa en lugares inverosímiles e imposibles? ¿No hubiera sido más fácil contar un viaje de una manera lineal y sin sobresaltos?&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;En el fondo no dejaba de ser una historia absurda. Pero su último anuncio me sorprendió más aún. Le pregunté cómo era posible que supiese tanto de mí y de mi viaje: mi nombre, el recorrido que llevaba desde que salí de casa, los lugares en los que había comido y dormido.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;"¿Ya no se acuerda que se dejó olvidado un cuaderno en un restaurante de Sídney?" –me dice, con cierto ánimo burlón. "Yo lo encontré. No crea que estoy aquí por casualidad. Sabía que venía en este vuelo porque usted lo apuntó en el cuaderno. Sabía que después de Sídney iba a Auckland porque estaba en su itinerario de vuelo al que tuve acceso porque su número de reserva estaba escrito en el cuaderno No es bueno escribir tanto, va dejando rastro y por eso no valdría como informante. Sin embargo, no crea que estoy aquí porque le estoy siguiendo. Voy camino de Brasil porque la estoy siguiendo a ella, no a usted. Cambiando de tema, no me he presentado: me llamo David Benalal Wahnon, nací en Marruecos hace 57 años, y he vivido en multitud de sitios, pero desde hace veinte años vivo en Netanya, Israel. Trabajo como consultor de calidad para una empresa belga que me hace viajar diez meses al año por todo el mundo para implantar sus protocolos y metodología de trabajo. Este viaje, en cambio, lo hago por puro gusto, sólo por seguirla a ella".&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;David se volvió un momento a su asiento, abrió el compartimento superior, rebuscó en su mochila y regresó a mi asiento con el cuaderno.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;"Tome" –me dice. "No esperaba ni pensaba devolvérselo, pero ya que está en este avión y aunque este encuentro no sea casual, no tengo más remedio que darselo". Y agrega: "He cambiado de opinión, pero como le he confesado que lo encontré, lo más lógico sería que usted me lo reclamase. Yo podía inventarme cualquier excusa, como que está en la maleta que he facturado, como que una vez que lo leí, lo tiré, pero no sería justo ni tampoco honesto por mi parte. Yo podría decir que usted lo perdió y que no se interesó más por él porque no lo fue a buscar inmediatamente cuando se dio cuenta de que no lo tenía, pero este cuaderno tiene un dueño que no soy yo. Así que se lo devuelvo".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Comprendí perfectamente a David y le di las gracias. Le comprendí porque su razonamiento fue igual al mío de haberme encontrado en una circunstancia parecida. No entendí, sin embargo, la obsesión por esa cantante cuyo nombre me dijo y &amp;nbsp;he olvidado. Esa obsesión&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&amp;nbsp;le &amp;nbsp;iba a hacer coger un avión desde Sao Paulo a Milán. porque el miércoles 21 la cantante tenía comprometida una actuación en una ciudad del norte de Italia. Nos despedimos: la azafata volvió a hablar por la megafonía para anunciar el descenso a Sao Paulo y rogar a los pasajeros que regresasen a sus asientos. Antes de marcharse, David me dio la dirección de su blog. Y mientras lo veía caminar de vuelta a su asiento pensé que sería buena idea que yo también escribiera algo sobre mi viaje.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Un blog tal vez.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-2325584049630121520?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/2325584049630121520/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/las-apariencias.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/2325584049630121520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/2325584049630121520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/las-apariencias.html' title='Cuaderno de Viaje (I)'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TENEoqJzgRI/AAAAAAAAAoM/2u22gufNqI0/s72-c/Andes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-1526084745496376763</id><published>2010-07-13T19:31:00.000-07:00</published><updated>2010-08-15T02:41:22.517-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hong Kong'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sídney'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Sin respuesta</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; mso-layout-grid-align: none; mso-pagination: none; text-autospace: none;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;Teclea &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;muchoporrecorrer.blogspot.com&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt; y su ordenador le devuelve el siguiente mensaje: &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; mso-layout-grid-align: none; mso-pagination: none; text-autospace: none;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left" class="MsoNormal" style="line-height: 21.0pt; margin-bottom: 8.0pt; mso-layout-grid-align: none; mso-pagination: none; text-align: left; text-autospace: none;"&gt;&lt;span style="color: #6e5941; font-family: 'Trebuchet MS'; font-size: 17pt;"&gt;“No se ha encontrado el blog.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: #262626; font-family: 'Trebuchet MS'; font-size: 13pt;"&gt;Lo sentimos, el blog que estabas buscando no existe.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="color: #262626; font-family: 'Trebuchet MS'; font-size: 13pt;"&gt; Sin embargo, el nombre muchoporrecorrer está disponible para registrarlo.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: #262626; font-family: 'Trebuchet MS'; font-size: 13pt;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;Apenas sabe español, pero comprende que el blog no existe. Le ayuda su buen portugués, aprendido durante las largas estancias que pasa en Brasil desde que empezó a cantar en aquel país a mediados de los años sesenta. O si ha existido su autor lo ha eliminado. Desde que encontró su nombre en aquel cuaderno no ha parado de preguntarse por qué. Está acostumbrada a ver su nombre escrito en periódicos, en revistas, en críticas acertadas o desacertadas a sus conciertos, en luces de neón, en rótulos de televisión o en alfabetos que no puede leer, pero no en un cuaderno, garabateado con prisas, como si fuera una tarea pendiente. Está en Sídney, es catorce de julio, y el concierto del día anterior en el &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;State Theatre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt; se ha suspendido. También los otros dos en Perth y Melbourne. La han hecho desplazarse al otro extremo del mundo para tres actuaciones que no tendrán lugar. Todo cantante sabe que ningún concierto está asegurado de antemano y que sólo la subida del telón y las primeras notas del piano garantizan que la actuación va a celebrarse. Está acostumbrada a recibir mensajes escuetos, el mismo día incluso, en los que con cualquier excusa suspenden el concierto. No sabe exactamente por qué se cancelan los de Australia, pero se imagina a un promotor y su contable noches enteras delante de un ordenador, examinando qué error de cálculo pudo suceder para que las cuentas no salieran, para que fuera más rentable suspender la gira, pagando las correspondientes indemnizaciones, que celebrar los conciertos programados. Su agente ya ha iniciado los primeros trámites legales, las citas de los conciertos australianos ya han desaparecido de su página de Internet y ella, tranquila, espera en el aeropuerto a que salga el avión que la llevará de nuevo a Hong Kong.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TD0nQNso6iI/AAAAAAAAAn4/gWqd61pHRhM/s1600/Foto+entrada+sin+respuesta.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TD0nQNso6iI/AAAAAAAAAn4/gWqd61pHRhM/s640/Foto+entrada+sin+respuesta.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;Tampoco le importa mucho. Está sentada en una butaca de una sala del aeropuerto, con su pequeño ordenador portátil en el regazo y lo que le interesa ahora es hallar respuesta a sus muchas preguntas. La sala no es acogedora pero sí cómoda. Se suceden los sofás ocres con mesitas a los lados. Enfrente, pantallas de televisión anuncian las salidas de los próximos vuelos. A un lado, una máquina de hacer café, una tostadora, y una nevera con puerta de cristal donde se almacenan las botellas de vino. En el medio, una mesa de buffet. La sala está débilmente iluminada y desde las ventanas no se ve el trasiego de aviones que despegan y aterrizan, que se colocan en los muelles para liberarse de su carga de pasajeros o que se sueltan de esos mismos muelles cuando han concluido el embarque y reciben permiso para proceder a las maniobras de despegue. No hay mucha diferencia entre cargar un camión y embarcar un avión. Sólo una cuestión de nombre, de respeto a la condición humana que viaja en un avión. La sala es, en definitiva, impersonal como tantas y de ella no dejan de entrar y salir viajeros. Un lugar de paso algo más cómodo que los alrededores de las puertas de embarque pero igual de anodino. ¿Deben ser acogedores los aeropuertos? ¿O basta con que sean funcionales? Al menos, en las salas &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;vip&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;, la comida y la bebida es gratis, y los viajeros con miedo a volar y los bulímicos pueden sortear sus temores y desarreglos bebiendo o comiendo desaforadamente. Dionne se ha puesto una copa&amp;nbsp; de chardonnay (&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;finely structured&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt; ha leído en la etiqueta) de Barossa Valley y le está dando un sorbo cuando en la pantalla de su ordenador sale el mensaje de que no existe ese blog. Ni tiene miedo a volar ni tampoco desarreglos que conduzcan a la bulimia o el alcoholismo, pero apura la copa y se levanta al bar a pedir otra. Está confusa y nerviosa. Se arrepiente ahora de haber entregado el cuaderno a la camarera del restaurante y se acuerda de las otras cosas que le dio tiempo a ver en él: un billete de autobús de Sydney, un billete del metro de Tokio, recibos de restaurantes de Hong Kong, mapas de Tokio y Sydney. Está claro que quien lo perdió había estado en esos tres sitios. Está también claro de que su dueño hablaba español. Y del dueño sabe hasta su nombre, escrito en el resguardo de las tarjetas de embarque que había ido grapando a las hojas del cuaderno. Agradece su buena memoria y teclea su nombre en un buscador, pero recibe miles de respuestas imprecisas que no son la respuesta que ella está buscando. &lt;/i&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;That’s all&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;”&lt;i&gt;, piensa. En las pantallas parpadea la palabra &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Boarding&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt; junto al &amp;nbsp;anuncio del vuelo 138 de Cathay Pacific a Hong Kong. Recoge sus pertenencias, ordenador, bolso y abrigo, y se dirige a la puerta de embarque.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;Cena frugalmente. Los asientos en la cabina &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;business&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt; del avión, colocados oblicuamente con respecto al fuselaje, no están dispuestos para la conversación entre viajeros sino para el aislamiento y el entretenimiento en soledad. Elige &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Alicia en el país de las maravillas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;, pero se queda dormida a los cinco minutos. Quedan ocho horas para llegar a Hong Kong y en la cabina sólo se ven los reflejos de las pantallas de los otros cubículos. Al poco le despierta un brusco movimiento del avión y la señal acústica que indica que los pasajeros deben abrocharse el cinturón de seguridad. Es una turbulencia, como tantas otras, y no le da importancia. Intenta dormirse de nuevo. &lt;/i&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;É tudo, é tudo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;”&lt;i&gt;, masculla. En una semana le espera un nuevo concierto en Italia. La agitación que la ha mantenido inquieta estos dos días se va transformando en resignación y en calma ahora que sabe que no puede obtener respuestas a su pregunta. "&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Why should I worry about it?"&lt;/span&gt;, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;vuelve a mascullar antes de quedarse dormida. Y así permanece hasta que una azafata la despierta suavemente para decirle que en cuarenta minutos aterrizarán en Hong Kong.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-1526084745496376763?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/1526084745496376763/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/sin-respuesta.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1526084745496376763'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1526084745496376763'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/sin-respuesta.html' title='Sin respuesta'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TD0nQNso6iI/AAAAAAAAAn4/gWqd61pHRhM/s72-c/Foto+entrada+sin+respuesta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-5547522023571108564</id><published>2010-07-12T21:47:00.000-07:00</published><updated>2010-07-15T14:34:17.598-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Atacama'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chile'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Arriba y abajo</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDvpmBZohvI/AAAAAAAAAno/H_Kg18HkLnY/s1600/Tatio+34.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDvpmBZohvI/AAAAAAAAAno/H_Kg18HkLnY/s640/Tatio+34.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Géiseres del Tatio&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Subo en furgoneta a encontrarme con las profundidades de la Tierra, y en vez de eso miro al cielo que brilla más cuanto más cerca estoy de las estrellas. A 4.320 metros sobre el nivel del mar sólo hay estrellas. A esa altura y a esa hora, la madrugada, el vaho que empaña los cristales de la furgoneta se convierte en escarcha. El aire es escaso. Si fuera cantante, pediría una bombona de oxígeno para poder dar bocanadas entre canción y canción Pero no lo soy y me conformo con caminar despacio. Las estrellas brillan limpias con la poca atmósfera del lugar. El cielo resplandece oscuro como unos zapatos de charol. Pero le queda poco tiempo y no soy capaz de ver la cruz del sur. En el horizonte se intuye ya la marca lechosa del amanecer. &amp;nbsp;Hace frío, como en el espacio, y el paisaje que poco a poco se va dejando ver es de otro planeta. No estoy en la Tierra sino en otro lugar que flota en el espacio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Rasco la escarcha en la ventanilla con las uñas. Mientras, me acuerdo de Javier, a quién no escribo desde hace días y que dentro de poco cumplirá años. No sé que extraña asociación de ideas me lleva de la escarcha y el frío a Javier. Pies helados. Salgo de la furgoneta y me encuentro en un planeta que no es el mío, en el que se confunden los tres estados de la materia. Del suelo sale un chorro de agua en ebullición que se transforma en vapor y vuelve rápido al suelo convertido en nieve. No llevo casco, pero sí gorro. No llevo traje espacial ni bombona de oxígeno, pero el aire helador huele a azufre. Sólido, líquido, gaseoso: lección primera de Física. Aquí el agua hierve a ochenta y cinco grados por efecto de la altura: lección segunda de Física. Y a quince bajo cero, el vapor se transforma directamente en hielo: lección tercera. El primer rayo de sol ilumina una cumbre cercana y va apareciendo sin prisas un cielo azul postal, irreal, extraterrestre. Tendré que escribirle, pero no sé si creerá que este viaje me está llevando fuera de este planeta a lugares donde los tres estados de la materia comparten lugar, fecha y hora: Géiseres, en Tatio, cerca de San Pedro de Atacama, en el altiplano chileno. Es otro planeta en otra galaxia. A las siete de la mañana, todos los días de invierno, cuando el aire helado del amanecer permite que el vapor se convierta en hielo sin pasar por su estado original líquido. Hay algo primario en estos espectáculos de la naturaleza. Pienso en los primeros habitantes de esas tierras y los imagino en las claras del día, ateridos de frío, mirando a su alrededor chorros de agua caliente que surgían de las profundidades de la tierra, las nubes de vapor que cubrían el lugar y se transformaban en precipitaciones de nieve. Al igual que adoraban al sol porque no lo entendían ni tampoco sus ciclos, debían pensar que los géiseres, con sus chorros de agua caliente que brotaban también de forma cíclica eran otro enunciado de esa misma adoración. Más cercano, más palpable.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Iglesia de San Pedro de Atacama&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDvrKuT2lHI/AAAAAAAAAnw/IbuQuuijIpA/s1600/Interior+Iglesia+San+Pedro+2.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDvrKuT2lHI/AAAAAAAAAnw/IbuQuuijIpA/s640/Interior+Iglesia+San+Pedro+2.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Ahora solo van turistas que madrugan felices para ver un espectáculo, como si los géiseres esperasen a las primeras furgoneta y camiones llenos de terrícolas listos para maravillarse como los primeros habitantes de esas tierras altas. Cuando el espectáculo acaba y los turistas se van el sol empieza a derretir el agua congelada de los riachuelos, pero eso sucede también en muchas otras partes de su planeta y, por ello, carece del menor interés. Por el centro aún helado del río Putana, caminan dos gansos andinos. Se paran, esconden la cabeza debajo del ala y la vuelven a sacar. Siempre están en pareja y nunca se abandonan. No muy lejos pasta un rebaño de vicuñas y una &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;vizcacha&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;se asoma desde una roca. A esa altura, con el aire escaso, la vida aparece en todos los rincones, más visible que en otros lugares menos inhóspitos. Más inocente incluso. Me paro en el puente que cruza el río y empiezo, por primera vez en seis horas, a notar el sol. Le adoro como si fuera un santo porque su calor me desentumece los dedos y me calienta el rostro. De repente empiezo a creer en los milagros y por eso, al regresar a San Pedro me dirijo a su iglesia. Entro. Está vacía y fijo la mirada en el retablo al frente. Veo a San Pedro, patrón de la localidad, en el centro, la cabeza cubierta con la tiara, en las manos las llaves del cielo. Quiero decirle que acabo de volver de un planeta donde el agua brota caliente de las profundidades y se convierte en nieve nada más salir; que hay un sol que transforma rápidamente el frío en calor y que brilla más que en ningún otro lugar. Que en ese planeta hay vida terrenal. Que puede que en ese planeta del que regreso tal vez no haya un cielo como en el suyo. Que no me importa, que prefiero ese planeta a 4.320 metros de altura aunque no haya coro de ángeles que canten “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Just the way you are&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”. Al final miro con atención el retablo, me doy la vuelta y abandono la iglesia. Sin decirle nada: ¿Me creerá Javier ahora?&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/GvBljpD85l8&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/GvBljpD85l8&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-5547522023571108564?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/5547522023571108564/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/arriba-y-abajo.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5547522023571108564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5547522023571108564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/arriba-y-abajo.html' title='Arriba y abajo'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDvpmBZohvI/AAAAAAAAAno/H_Kg18HkLnY/s72-c/Tatio+34.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-5158777570369220936</id><published>2010-07-08T19:01:00.000-07:00</published><updated>2010-07-13T08:40:49.403-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Chile'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sídney'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santiago'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Cortado chic</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: right;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;A Squirrel, que no recuerda sus sueños. Yo tampoco&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Duermo en Santiago, pero sueño con Sídney y un cuaderno perdido. Duermo mal, sueño a ratos y olvido lo soñado al poco de despertarme. Tiene un nombre. Como si el cerebro se concentrase en lo real y no en lo imaginado: lo real es lo válido y lo productivo mientras que lo soñado es estéril, sin valor, una pérdida de tiempo. En la papelería Delfonics de Tokio compré otro casi igual, de tapas y goma negra, pero sin mapas, que no ha salido aún de la maleta. Un peso ligero pero estéril. Me despierto temprano y recuerdo vivamente el sueño, pero cuando quiero apuntarlo, o al menos apuntalarlo con algunas pocas palabras, se desvanece, como cuando se intenta agarrar la bocanada del humo de un cigarrillo. No encuentro el cuaderno. Así son los sueños, bocanadas de humo. Cuento ovejas en café a la afueras. Están en una ladera de bastante pendiente, de un verde invernal que en el verano será hierba seca, rastrojos y arbustos quemados por el sol y el calor. Ahora, en esta tarde de julio, la ladera está cubierta de un verde en el que pastan las ovejas, diminutos puntos blancos desde la terraza del café: “&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;la otra niña le traerá el cafesito, ¿ya?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;”, dice la camarera mientras limpia la mesa con un paño. Vuelvo a mirar a la ladera frente al café y las ovejas han cambiado de posición. Imposible contarlas. Es una zona industrial, junto a la carretera que conduce al paso Libertadores y a Argentina. Son iguales en todas las ciudades: autopistas, postes de luz y torres de alta tensión. Arcenes embarrados por la lluvia de hace dos días. Sucesión de galpones, camiones sucios y lentos, autobuses polvorientos, vehículos de lujo. Llego hasta ese lugar en un coche prestado mientras escucho a Hannah Montana, Jonas Brothers, Shakira y otros éxitos adolescentes en Radio Disney por autopistas en las que me pierdo. No cambio la emisora. Me pierdo, pero no me desoriento. No es fácil desorientarse en una ciudad pegada a una espina dorsal de más de cuatro mil metros de altura, visible desde casi todos los puntos. Ahora la tengo a mi espalda, lo que significa que voy hacia el oeste. Ahora la tengo a mi derecha, luego voy hacia el norte. Está recién nevada. También el cerro Manquehue, con su cono truncado de volcán, justo delante de mis ojos. No la ladera verde de puntos blancos que son ovejas pastando mientras cae la tarde. Son las cinco y media y el sol se está poniendo. Aprovecho el último rayo del día mientras espero el cafecito. Un cortado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDaC2P-zdCI/AAAAAAAAAmc/k5c7tL2a4Gs/s1600/Cortado+chic.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDaC2P-zdCI/AAAAAAAAAmc/k5c7tL2a4Gs/s640/Cortado+chic.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;–“Se sienta en la mesa más sucia”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; –me reprende la camarera, mientras le pasa la bayeta. Sí, pero la más soleada, pienso. Llega el cortado en taza de cristal y con la leche sobre el café, sin mezclarse. O sea, que no está cortado sino sobrepuesto, como agua y aceite. Leo que en el recibo de venta pone “cortado chic”. Esa debe ser la diferencia, pero yo había pedido un cortado, así que le añado algo de azúcar y lo remuevo. Desaparece lo chic y me aparece el cortado. Vuelvo a mirar al cerro y las ovejas han cambiado de posición nuevamente. Pienso en una cámara que siga sus movimientos en la ladera y muestre el rastro que les ha llevado de una a otra parte de la ladera, como si fuera posible entender la mente de una oveja, por qué van de un lado a otro, qué las lleva a elegir ese lado de la ladera y no otro. Si los análisis de las mejores jugadas en un partido de fútbol, con rastro incluido, permite entender por qué la pelota ha entrado en la portería, por qué un jugador se mueve de un lado a otro del campo, por qué le pasa el balón a un jugador y no a otro y por qué esa jugada acaba en gol, ¿por qué no aplicar esa tecnología al movimiento ilógico de las ovejas en la ladera del cerro santiaguino que tengo delante de mí para poderlo entender, para poderlo codificar? Abandono el lugar. De nuevo una autopista, la Vespucio Norte que sube hasta el barrio de Las Condes. Allí otra autopista, la Costanera Norte y me vuelvo a perder, que no desorientarme. Acabo en La Dehesa, en las alturas. En Santiago, más alto y más pegado a la cordillera, mejor se respira y mejor se vive. Desde allí se ve Santiago abajo, los rascacielos del barrio de Providencia, el cerro de San Cristóbal con sus antenas y al fondo, al este, los últimos rayos del día pintan de naranja las nieves de los Andes. El nuevo cuaderno seguirá en la maleta aunque el viejo se haya quedado en Sídney perdido y desorientado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-5158777570369220936?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/5158777570369220936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/cortado-chic.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5158777570369220936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5158777570369220936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/cortado-chic.html' title='Cortado chic'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDaC2P-zdCI/AAAAAAAAAmc/k5c7tL2a4Gs/s72-c/Cortado+chic.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-646740061129471897</id><published>2010-07-06T21:06:00.000-07:00</published><updated>2010-08-15T02:35:31.403-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hong Kong'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sídney'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Un nombre escrito</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: auto;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/j90OEMMlmFk&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/j90OEMMlmFk&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Nothing’s far enough on a plane”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;, murmura Dionne en voz baja. Mueve la boca, aunque en realidad no esta diciendo nada sino hablando con ella misma. Lo hace desde que era niña y ahora, con los años, sabe que ese tic le permite ordenar mejor sus pensamientos. &amp;nbsp;Revisa su agenda y comprueba otra vez que falta una semana para cantar en Sídney y cuatro días para volver a Australia. L&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;e da confianza poner por escrito los asuntos pendientes, sean profesionales o personales: un concierto, una cita personal, una audición, una consulta con su médico, una visita a un museo.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;Para los cuatro días anteriores al concierto, la agenda está libre y como n&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;unca le ha gustado llegar a una ciudad, cantar y marcharse, instruye a su agente para que reserve avión con antelación y estancia para varios días&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;siempre que otros compromisos no se lo impidan&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;. Prefiere disfrutar la ciudad aunque ya la conozca: pasear, visitar algún museo, ver a amigos y conocidos si los tuviera, o incluso alguna excursión.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;Le alivia abrir su agenda y comprobar que las tareas están ahí anotadas esperando ser acometidas, unas iguales a las otras, lo profesional con lo personal, con letra clara, caligrafía picuda, elegante, enlazando unas letras con otras, como enseñaban en el colegio. Ha escrito &lt;/i&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Biennale&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt; debajo de la fecha del concierto, y una dirección de Internet, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;a href="http://www.biennaleofsydney.com.au/"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;www.biennaleofsydney.com.au&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;para consultarla más tarde.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;Mira de nuevo la agenda aunque sabe perfectamente lo que se va a encontrar: un círculo alrededor del día 13 de julio y un lugar anotado a bolígrafo, el &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;State Theatre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;, donde deberá cantar. Repasa las hojas del cuaderno y se encuentra otro círculo en el 27 de junio, domingo, cuando estuvo en Nueva Zelanda para cantar en un programa de televisión. No muy lejos de Sídney. Nada está lejos en avión. Sin embargo, hoy, a una semana del concierto, le interesa más la &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Biennale&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt; que el concierto.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDP10IvK1CI/AAAAAAAAAmA/h1xUGJSuieQ/s1600/filipino+2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="294" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDP10IvK1CI/AAAAAAAAAmA/h1xUGJSuieQ/s640/filipino+2.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;Hong Kong intervention&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;Le llaman la atención las fotografías de dos artistas chinos agrupadas bajo el nombre &lt;/i&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;a href="http://topics.abcnews.go.com/photo/016S28m1V24W3"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Hong Kong Intervention&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;”&lt;/span&gt;. Los artistas proponen un juego artístico a cien criados filipinos que trabajan en casas de esa ciudad. Les dan una granada de mano de juguete y les piden que la coloquen en un lugar de la casa de su elección para luego hacer una fotografía a todo el conjunto: unos eligen la cocina, el salón o el dormitorio; otros, el perro. Dionne observa con detenimiento las imágenes, las habitaciones, objetos, muebles y utensilios que limpian todos los días esos empleados, tal vez el rincón de la casa que más odian, el momento del día que menos les gusta, la persona a la que, si pudieran, colocarían una bomba de verdad y no de juguete: el salón opulento, la cocina con los últimos adelantos tecnológicos que un empleado doméstico jamás podría permitirse, la biblioteca que le recuerda el saber que se le negó, la habitación de adolescente despreocupado y permanentemente infeliz. Todo está impecablemente limpio, como si se hubieran esmerado en ello antes de colocar la granada y tirar la foto. ¿No están fotografiando todo lo que justamente les gustaría que saltase por lo aires? ¿No es ese el juego que les han propuesto? Junto a las fotografías, el retrato de espaldas de los propios criados, cada uno al lado de la escena que fotografió, subrayando así que el sarcasmo de la primera foto es anónimo, resaltando su soledad e indiferencia en aquella ciudad excesiva. Visita el resto de la muestra. Entra en una habitación oscura donde proyectan un vídeo: unos campesinos tailandeses contemplan reproducciones a tamaño natural de cuadros de pintores europeos del siglo XIX como Van Gogh, Millet, Manet o Renoir. Le sorprende la naturalidad con la que los campesinos comentan los cuadros, como si fueran expertos pero sobre todo, la armonía entre los colores y los paisajes de los cuadros con los escenarios en los que la artista coloca a los insólitos espectadores. Un ejercicio del universalidad del arte, cree. &lt;/i&gt;"Will these videos be on sale&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt;, se pregunta moviendo como siempre los labios al pensar. De su bolso sa&lt;/i&gt;ca un cuaderno de tapas negras y apunta el nombre de la artista: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;a href="http://www.impakt.nl/index.php/festival/loop_barcelona"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;Araya Rasdjarmrearnsook&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDP39gZuAjI/AAAAAAAAAmQ/wOX8gEHUEak/s1600/Araya+Rasdjarmrearnsook,+Renoir%E2%80%99s+Ball+at+the+Moulin+de+la+Galette+1876+and+the+Thai+Villagers,+2008,+photograph_2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="422" src="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDP39gZuAjI/AAAAAAAAAmQ/wOX8gEHUEak/s640/Araya+Rasdjarmrearnsook,+Renoir%E2%80%99s+Ball+at+the+Moulin+de+la+Galette+1876+and+the+Thai+Villagers,+2008,+photograph_2.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Renoir's ball at the moulin de la Galette and Thai villagers. Araya Rasdjarmrearnsook&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;La exposición le abre el apetito. No lejos del museo, casi enfrente, en unos edificios de ladrillo que conforman la parte más antigua de la ciudad se sitúan varios restaurantes. Empieza a llover y apresura el paso para cruzar George Street y abrir la puerta d&lt;/i&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/goog_213369959"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;e&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;a href="http://www.therockscafe.com.au/"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;The Rocks&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;, un pequeño restaurante de esos que dan de comer desde primeras horas de la mañana. Le agrada la sala, pequeña, con seis mesas y bancos corridos y la barra a un costado con las copas colgadas a la manera de los pubs británicos. En cierto modo, The Rocks sería un pub británico a la manera australiana. Mientras lee en la pizarra las especialidades del día se despoja de su abrigo: se pediría la hamburguesa, pero opta por la sopa de cebolla y una ensalada. Acorta la espera con una copa de vino tinto, un Merlot de Limestone, en el sur del país, sabedora de que no será la única. Deja el abrigo al fondo del banco, pone el bolso encima y recoge el menú que la camarera, joven, ru&lt;/i&gt;bia (“Reckon She wont recognize me&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt;, vuelve a mover los labios) le entrega con una sonrisa profesional. Mira al resto de los comensales. Es tarde, cerca de las dos y media de la tarde y ve a una pareja que está empezando a comer. Ella le parece vulgar; a él no lo ve. Le parece que hablan español. Los imagina recién casados en una luna de miel más lejana de lo habitual. Si los americanos van a Hawai, Florida o el Caribe&lt;/i&gt;, “¿&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Where do the Spanish honeymooners travel?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt;. En el fondo no le interesa tanto saberlo, se consuela. A lado de la puerta parece que está acabando una comida de trabajo: dos hombres, uno de ellos maduro, el jefe, y una mujer. El segundo hombre y la mujer escuchan con esa atención comprometida de los subordinados, obligados a atender, asentir y, si toca, reír los comentarios de un jefe complacido de tener público, aunque sea interesado y a sueldo. Están en los cafés. No hay nadie más. La hora del almuerzo, ella lo sabe, empezó dos horas antes, pero los desajustes horarios del vuelo desde Los Ángeles la tuvieron despierta hasta bien entrada la madrugada. No deja que la camarera se vaya y le pide el almuerzo y el vino. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;Sigue observando el local. A sus espaldas se despliega una estrecha escalera que intuye conduce a los baños, pero al ver a clientes subir por ella, deduce que debe llevar también a un segundo comedor. Da un sorbo al Merlot. No es excepcional, pero mejor que el vino por copa que dan en muchos otros países, especialmente europeos. Se traslada al &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;State Theatre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt; y al concierto de la semana que viene: los ensayos del día anterior, el pianista, el vestuario. No le gusta dejar nada al azar. Tampoco su voz: su médico le recomienda un colega en Sídney en el que puede confiar en caso de necesidad. El repertorio incluirá las clásicas de siempre, las que le dieron la fama y el reconocimiento junto a Burt Bacharach y las más recientes aunque sean de hace casi treinta años, como &lt;/i&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;That’s what friends are for&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt;. ¿Y si incluyera &lt;/i&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Just the way you are&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt;? La suelen relacionar con Barry, piensa.&lt;/i&gt; “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;But he’s gone&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt;, exclama mientras se asegura de recordar la letra y tararea la melodía en su cabeza. La camarera la mira sorprendida. La ha oído y no sabe muy bien a qué se refiere. Le pregunta si desea algo y Dionne aprovecha para pedir la cuenta. Abre el bolso pero recuerda que guardó la cartera en el bolsillo del abrigo; la busca, mete las manos dentro y no la encuentra. Instintivamente se agacha por si se hubiera caído al suelo. Mete la mano a ciegas debajo del asiento y la palpa, pero en cuanto toca el objeto rectangular y duro se da cuenta de que no es su cartera sino un cuaderno de tacto similar al suyo. Lo recoge, lo pone encima de la mesa y sigue buscando por las profundidades de &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;The Rocks&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt; hasta que finalmente encuentra la cartera. No le preocupa en absoluto no haberla encontrado porque todo su interés se centra desde ese momento en el cuaderno de tapas y goma negras. Es una especie de guía &amp;nbsp;de Hong Kong, con mapas detallados, direcciones esenciales y muchas hojas en blanco para poder escribir y anotar. Y efectivamente está escrito con letra ilegible en un idioma que le parece español. Tiene también grapados un mapa de Tokio y otro de Sídney, recibos de restaurantes y tiendas, billetes de metro y autobús. Y notas, muchas notas garabateadas rápidamente, frases sueltas que descontextualizadas carecen de sentido. Ve su apellido, &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Warwick&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;, y se sorprende&lt;/i&gt;: “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;¿What the hell is my name doing in here?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt;, murmura, pero no encuentra más elementos que le den la respuesta. Tan solo una dirección de Internet: &lt;/i&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;muchoporrecorrer.blogspot.com&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”&lt;i&gt;. Es un blog. Avisa a la camarera del hallazgo del cuaderno por si su dueño o dueña se volviera a pasar por el restaurante, pero antes escribe la dirección del blog con cuidado en su libreta, fijándose en no dejar fuera ninguna de las dobles erres tan características del español. Es el único modo de averiguar qué demonios hace su nombre ahí escrito. Y en un instante, en ese instante que dura lo que la luz de un rayo,&amp;nbsp; toma dos decisiones: que investigará el blog y que cantará &lt;/i&gt;“Just the way you are”&lt;i&gt; en el concierto.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: black; font-family: MarkerFelt-Thin; font-size: 10px;"&gt;&lt;object height="385" width="480"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/mhIxXuX-qkg&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/mhIxXuX-qkg&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-646740061129471897?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/646740061129471897/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/un-nombre-escrito.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/646740061129471897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/646740061129471897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/un-nombre-escrito.html' title='Un nombre escrito'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TDP10IvK1CI/AAAAAAAAAmA/h1xUGJSuieQ/s72-c/filipino+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-4211391111117851562</id><published>2010-07-04T21:53:00.000-07:00</published><updated>2010-07-05T13:11:14.320-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Valparaíso'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santiago'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Un paseo yugoslavo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/prhMp6zmIdo&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/prhMp6zmIdo&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;De Santiago a Valparaíso&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Valparaíso dedica calles a países que ya no existen. Llueve y sobre el gris de los adoquines y el gris del cielo destaca un cartel naranja en una plaza mojada: “Acceso al Paseo Yugoslavo cortado por obras”, reza. Una nota de color para un país con tantos colores diferentes que al final venció el negro, el no color. Acabó devorándose. Desde lo alto de los cerros, Valparaíso destaca por sus casas de colores, de tantos colores como botes de pintura sobraban de pintar los barcos que recalaban en su bahía, camino del cabo de Hornos o de vuelta de él. De los barcos que atravesaban el Pacífico para dirigirse al Atlántico. De los barcos que de Nueva York iban a San Francisco. Hasta que se construyó el canal de Panamá. Desde entonces llueve. El temporal zarandea los barcos anclados en la rada. A lo lejos, al final de la bahía, semioculta por la lluvia está, dicen, Viña del Mar. Debajo del mirador, otro puerto también vacío. Aún no ha llegado a Valparaíso el barco que salió hace cinco días de Auckland. Le deben quedar aún 25 días de travesía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Yo en cambio llego a Valparaíso desde Santiago a través de una autopista bañada por el sol. Cruzo la cordillera costera que separa ambas ciudades. También separa el sol, que se queda en Santiago, de las nubes, que cubren Valparaíso. Busco su teatro, pero no lo encuentro. Quiero saber la programación, cerciorarme si canta aquí también o si por el contrario me voy a tener que ver obligado a darle la razón a Javier. Ha vuelto a escribir, alarmado por las últimas lecturas. Me pide que si voy a Valparaíso, compruebe la cartelera de su teatro municipal. Al parecer él lo ha intentado, pero la programación no se encuentra en Internet. Yo no encuentro el teatro en medio de la lluvia, los cerros y las cuestas. En el centro, cerca del puerto, unos edificios de finales del XIX atestiguan la importancia de la ciudad y su puerto en aquella época. Debería haber un teatro cerca, como en Manaos, en medio de las casas de madera empapadas, pero no aparece. Sólo la mole violenta del Congreso, pero no debe ser ahí donde Dionne Warwick cantaría si actuara en Valparaíso. Extraño, porque la ciudad y sus cerros parecen un enorme anfiteatro alrededor de una bahía, que es un escenario con naves que capean el viento y la lluvia inclementes. No la logro imaginar subida en la cubierta de un barco, apoyada en un piano, cantando mientras el público la contempla desde la ciudad, desde sus miradores. Javier quiere que le escriba algo sobre la programación del teatro para que no quede duda de que las actuaciones que he ido relatando en este viaje son pura invención mía sin anclaje en la realidad. Da igual. En Tokio no cantó en un teatro, sino en medio de la calle. En Sídney no está previsto que cante hasta el 13 de julio, dentro casi de una semana, pero yo la vi allí hace dos semanas. En Auckland apareció en la televisión de mi habitación. Y en Hong Kong una testigo me aseguró que ella también la vio. No parece que haya rastro de ella en Valparaíso. Así le contaré a Javier. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Cojo un ascensor que me lleva a lo alto del cerro Alegre. Retumba y chirría al iniciar la cuesta porque la maquinaria y la caja de madera llevan un siglo subiendo y bajando cerros. Sube renqueante pero al final llega. Las ciudades mojadas son ciudades en decadencia. Cuando salga el sol, Valparaíso y sus casas de colores se reflejarán en el Pacífico y parecerá activa y ágil pero ahora, mojada, parece una fotografía desenfocada. Unos jóvenes se hacen fotos en uno de los laterales del mirador. Llega otro ascensor, pero no la veo bajarse, aunque el mirador sería el marco para un vídeo musical, con los cerros plagados de casas de colores alrededor, el puerto debajo y la bahía y el océano al fondo. Un barco entra en la bahía. Cabecea tanto que parece que hunde su proa en el agua. Arrecia la lluvia. Regreso sin haber encontrado el teatro. Podría decirle a Javier que Valparaíso no tiene teatro, pero no se lo creería y, además, puede comprobarlo. En realidad no lo he buscado activamente. Es más, confieso que nunca tuve intención de buscarlo. Ni siquiera pregunté por él, porque quería dejar abierta cualquier posibilidad a lo inaudito. Tal vez esté y cante, pero no estaré allí para comprobarlo. Mejor así. Lo contrario hubiera sido cerrarle las puertas a la sorpresa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Enciendo el televisor, ya en Santiago. Habla de un tren que vuelve a unir Sarajevo con Belgrado tras veinte años de suspensión. El “Bosna Ekspres”. Un auténtico paseo yugoslavo que usaban miles de personas antes de la guerra de los noventa y que ahora sólo usan no más de diez al día. Aparece la locomotora, antigua como el ascensor del Cerro Alegre, chirriante como su maquinaria; luego los vagones, pintados cada uno de distintos colores, como las casas de Valparaíso, representando a cada una de las entidades y estados de la antigua Yugoslavia atravesados por la línea férrea: azul y rojo el vagón serbio; azul verde y amarillo el vagón bosnio. Miro fijamente la pantalla esperando encontrar el cartel naranja que había visto por la mañana, pero no aparece. ¿Han debido desaparecido las obras? No parece: Si Valparaíso le dedica calles a un país que ya no existe, el "Bosna Ekspres" une desde hace poco los trozos en los que se rompió, y aunque aún falte mucho para que allí acaben la obras, al menos ya no se devoran.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-4211391111117851562?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/4211391111117851562/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/un-paseo-yugoslavo.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4211391111117851562'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4211391111117851562'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/un-paseo-yugoslavo.html' title='Un paseo yugoslavo'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-962306206472183284</id><published>2010-07-02T11:43:00.000-07:00</published><updated>2010-07-02T16:03:36.718-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Auckland'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santiago'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Encapsulado</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Miro por la ventana antes de dejar la habitación del hotel. La terminal de contenedores del puerto está vacía. No hay barcos. Salieron todos hacía el este o el oeste. Hacia el norte, nunca hacia el sur. Veinte horas después este barco arriba a puerto, a Santiago de Chile, al otro lado del Pacífico. Extraña pasar dos veces por la misma hora, vivir dos veces las tres de la tarde del primero de julio de 2010: la primera vez en el control de pasaportes de aeropuerto de Auckland,&amp;nbsp; la segunda, en Santiago de Chile. El tiempo se detiene pero yo soy dieciséis horas más viejo: mi corazón&amp;nbsp; ha latido dieciséis horas más, aunque el reloj marca la misma hora. Ayuda a entender la teoría de la relatividad, el concepto elástico del tiempo y del espacio. La hora es la misma, pero los momentos no. Ya en la cama me despierta un calambre en el gemelo derecho. Extiendo la pierna y levanto el pie para estirar el músculo contraído. Alivia, pero ya no puedo conciliar el sueño. Son las cinco de la mañana. Son las consecuencias de haber viajado a la contra del sol, de ir más rápido que el paso humano y de estar metido en una cápsula alargada con alas sin más referencia espacial que una pantalla que muestra un avión desplazándose en un mapa. ¿O es el mapa el que se mueve mientras el avión está quieto? Pienso en un viaje a Marte que duraría casi dos años, en astronautas metidos en una cápsula que se desplaza a miles de kilómetros por hora sin más referencias espacio-temporales que las comunicaciones con la base en la Tierra. Sin día, sin noche, sin horizonte, sin norte, sur, este, oeste. Igual que en el interior cerrado de un avión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Pero el tiempo se detiene antes, en los aeropuertos. Algunos son todo lo contrario a una cápsula: espaciosos, llenos de luz natural, como si quisiesen compensar las oscuridades y apreturas posteriores. Así es el de Auckland, así no es el de Tokio: el de Tokio anticipa la tortura posterior, el de Auckland la disculpa. Otros, además, son centros comerciales: Hong Kong y Sydney. Uno renace tras un terremoto: Santiago. En todos, el tiempo tiene una medida propia, como si los segundos tuviesen una duración superior a la normal, la misma duración que en el tiempo ralentizado de los viajes, porque cuando se viaja, cuando se está en movimiento, el tiempo no pasa de manera fluida, constante, inexorable, sino que abre un paréntesis donde el viajero se mete para poder seguir envejeciendo al mismo ritmo de siempre, mientras el mundo avanza más lento a su alrededor o sencillamente ni avanza, o incluso retrocede. Y todo se fragua en los aeropuertos, en las esperas, en los controles, en las compras innecesarias, en la comida sin hambre, en la bebida sin sed, en el pasaporte que nunca se encuentra. Luego se cocina en el avión. No logro dormir y me sigue doliendo el gemelo que me sacó del sueño. En Indonesia me dormía a las once de la mañana. En Ecuador me despertaba a las dos de la madrugada. En Camboya daba cabezadas a las siete de la tarde. Desarreglos. Por la rendija de la cortina veo la claridad del nuevo día y me levanto. Ya por fin es dos de julio de 2010.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;En la pantalla, un punto blanco señala la situación del avión en un mar azul que es el océano. No avanza, como el tiempo. Reveo “Hable con ella” y me emociono en el mismo momento, en las misma imágenes que cuando la vi por primera vez. Me río también en los mismos momentos. Si la literatura tiene su lenguaje, distinto a la lengua hablada, el cine también tiene el suyo: por eso los personajes de “Hable con ella” no hablan sino que sentencian. Si en la literatura se puede hacer pasar por real la ficción, en el cine más aún: por eso me creo la historia, me río y me emociono igual que el primer día. Me gusta la interpretación de Javier Cámara, también su personaje, y la humanidad con la que el director redime a este sicópata de sexualidad imprecisa. Cuando acaba ya está &amp;nbsp;amaneciendo de nuevo el primero de julio de 2010. Ya había amanecido ese mismo día en la ventana del hotel de Auckland. Abro los ojos, miro por la ventanilla y al fondo aparecen los Andes mientras el avión en la pantalla enfila hacia el norte otro punto en el mapa donde dice Santiago.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-962306206472183284?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/962306206472183284/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/encapsulado.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/962306206472183284'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/962306206472183284'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/07/encapsulado.html' title='Encapsulado'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-4515690088965903734</id><published>2010-06-30T04:47:00.000-07:00</published><updated>2010-06-30T15:36:27.535-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Auckland'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='República Dominicana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Cuaderno lleno</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCsubhlMa_I/AAAAAAAAAlI/xPjVBp_2wLw/s1600/Conductora+Autob%C3%BAs+Auckland.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCsubhlMa_I/AAAAAAAAAlI/xPjVBp_2wLw/s640/Conductora+Autob%C3%BAs+Auckland.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Conductora de autobús. Auckland&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Repaso el cuaderno. Desde hace días no hago ninguna anotación. Desde que escribí &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“Am the horse; Am I a horse?; I am a horse”, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;el pasado domingo cuando bajaba por Parnell Street. Auckland es una ciudad de subidas y bajadas, de clima impreciso e inseguro, de parques de extrañas botánicas subtropicales que se combinan con arbustos y árboles pelados en este invierno húmedo, ventoso, desapacible. Llovía cuando bajaba por Parnell Street y una madre empujaba cuesta arriba su bicicleta y la de su hijo, que le seguía pocos metros después sin apariencia de estar cansado. Miro la escena ahora que han pasado varios días y comprendo la exclamación de la madre, chubasquero azul oscuro, cabello rubio cubierto por un casco, cuando se cruza conmigo: “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Am the horse”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. Ella era el caballo que tiraba de su bicicleta, de la de su hijo y de su hijo que la seguía desganado. Me mira, sigue su camino y yo el mío. Estos dos barcos que se cruzan sí se han hablado. Ella, al menos. Yo no. Sonrío forzadamente como hacen ellos cuando les obliga la mirada inevitable de un desconocido. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Sin embargo, el cuaderno cada vez abulta más. Cada kilómetro que recorre desde que empezó este viaje le supone un aumento de volumen: anotaciones garabateadas, tarjetas, recibos, entradas, billetes de metro y autobús, hasta las tarjetas de embarque. Las mías y la que me encontré en la librería de Sídney. Javier sigue sin creérselo. Tampoco se cree que apareciera hace dos noches en el televisor de mi habitación mientras yo barría los canales. Ayer hablamos por videoconferencia. Hay problemas con unos pagos que nos adeuda la empresa tras el trabajo que concluimos en República Dominicana y cree que porque estoy de viaje ni leo correos ni los contesto. Lo primero no es cierto; lo segundo, a medias. Contesto sólo lo perentorio: cuestiones relativas a las siguientes etapas de este viaje y algunos correos de amigos. Ni siquiera a la familia, ya lo he dicho antes. Pero Javier insiste y me he visto en cierto modo obligado a responderle lo siguiente:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left" class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Appoggio&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left" class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;De:Viajante De Alpargatas (viajante1966@hotmail.es)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left" class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Enviado jueves, 30 de junio de 2010 21:38:10 (GMT +10)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left" class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Para: riberajav@gmail.com&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left" class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Habibi,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Que no te esté contestando doesn’t mean que no esté siguiendo con atención tus tribulaciones con los inútiles del departamento contable de la casa. È una vergogna que a estas alturas y con el buen trabajo que realizamos en Dominicana, esos patanes sean incapaces de solucionar lo de los pagos. Completely useless people.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Be certain que tienes todo mi support en este tema. Basically porque a mí también me está afectando, aunque parezca que non seguo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 10.0pt; margin-left: 1.0cm; margin-right: 49.25pt; margin-top: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial; font-size: 9pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;distinti saluti dalla Nuova Zelanda (por poco).&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Buenas palabras. Aunque no le falta razón, pero no me veo con ganas de seguir desde esta lejanía física y también mental con un tema que dejé aparcado el día que empecé este viaje. Hago como seguramente hace el niño de la bicicleta en Parnell Street cuando hay algo que no le gusta: lo deja en el borde del plato y se come lo que le apetece. No tiene ganas de pedalear ni de empujar la bici, que la empuje mamá. Me doy la vuelta y vuelvo a fijarme en la estampa que forman la madre, el hijo y las dos bicicletas. Hay un cuento de un padre, un hijo y un burro en un camino. Va el hijo montado y el padre de pie, tirando del animal. Pasa un arriero y le recrimina al hijo, joven y saludable, que vaya el encima del animal mientras su padre, ya mayor, tiene que ir de pie tirando de la bestia. Se cambian y siguen así un buen rato hasta que se encuentran con otro arriero que le reprocha al padre por qué está él montado en el animal, cansándole innecesariamente, y no su hijo, menos pesado. Deciden entonces ir los dos, padre e hijo, a pie hasta que se encuentran con un tercer arriero que se ríe de ambos por caminar, pudiendo ir montados en el burro. –&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Am the horse&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; –dijo la madre, mientras empuja su bicicleta y la de su hijo por la cuesta arriba de Parnell Street. Yo me dirijo a la parada de autobús más cercana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Pocos viajeros usan el autobús en Auckland. Tampoco los trenes que salen de la estación de Britomart, pequeña, futurista y con poco movimiento a esta hora de la mañana. Dos líneas de cercanías. Justo lo contrario que las estaciones de Ueno o Ginza en Tokio. Auckland a su lado parece una pequeña ciudad de provincias, vuelta hacia sí misma si no fuera porque está abierta al mar y la navegación. Britomart parece un apeadero donde la gente espera sentada al próximo tren y los empleados hacen sudokus en las taquillas. Los autobuses van vacíos, pero las calles están llenas de coches. Lo anoto en el cuaderno. Cojo el autobús circular y una conductora me da un billete ilegible. Va vestida, aunque sólo se vista con una enorme flor en el pelo, como las mujeres de los cuadros de Gaugin. Tahití no debe quedar, imagino, demasiado lejos. Lo anuncian en los periódicos como el lugar perfecto para unas vacaciones invernales. También Samoa, las islas Norfolk, Fiji, la Costa de Oro australiana, también en el Pacífico como todas las islas. Lo más caro, Europa. Me bajo del autobús vacío y me pregunta que de donde soy. Le respondo y sonríe. Vuelve a llover mientras en el horizonte, otra vez, está naciendo el sol de nuevo, inseguro, impreciso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-4515690088965903734?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/4515690088965903734/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/cuaderno-lleno.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4515690088965903734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4515690088965903734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/cuaderno-lleno.html' title='Cuaderno lleno'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCsubhlMa_I/AAAAAAAAAlI/xPjVBp_2wLw/s72-c/Conductora+Autob%C3%BAs+Auckland.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-3629524681162965831</id><published>2010-06-29T05:48:00.000-07:00</published><updated>2010-06-30T15:37:23.102-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Auckland'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Barcos, pianos</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCr1Vj6uOAI/AAAAAAAAAlA/knA9bcBNwuQ/s1600/Auckland+desde+barco+3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="476" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCr1Vj6uOAI/AAAAAAAAAlA/knA9bcBNwuQ/s640/Auckland+desde+barco+3.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;El faro, el puerto y Auckland&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;El barco que hace pocos minutos entraba en la bahía, descarga ya contendores en el puerto de Auckland. Estará pocas horas atracado en el muelle que contemplo iluminado desde mi ventana: cuando acabe de descargar, tomará agua, víveres y combustible, y zarpará tan anónimamente como llegó porque nadie sale ya a los muelles a despedir a los barcos. El puerto de Auckland, como todos los puertos, no descansa. Pero tiene una particularidad: es un destino final. No es como Rotterdam, Algeciras, Singapur o Hong Kong donde unos barcos recogen los contenedores que otros dejan para llevarlos a otros destinos. Incluso en puertos menores siempre hay un trasiego contenedores y mercancías a granel que se trasvasan, cargan y descargan, atracan y zarpan. No aquí, los barcos que traen los contenedores llenos de mercancías a Auckland, el principal puerto de Nueva Zelanda, acaban aquí su ruta. No siguen más al sur porque más al sur queda la Antártida. La nada fría. Regresan por dónde han venido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Un catamarán surca la bahía y atraviesa el canal de entrada por el que acaba de pasar el barco. Se dirige a Rangitoto, una joven isla de 600 años que surgió del fondo del mar tras una erupción volcánica. Tierra negra húmeda, roca negra mojada, arbustos frondosos. A estrenar. A lo lejos, un barco que ha salido minutos antes del muelle se cruza con el que está entrando. Vistos desde el catamarán ambos son enormes islas, más recientes incluso que Rangitoto, que parecen que van a colisionar indefectiblemente, sin que nada se pueda hacer para evitarlo, sin que los movimientos de sus timones en sentido opuesto puedan evitar que las dos islas, como dos continentes, choquen y provoquen un cataclismo. Pero no, eso no suceden: ni se rozan. Ni siquiera parecen mirarse, como dos humanos altivos que se cruzan en la calle y giran la cabeza en direcciones contrarias para no encontrarse. Las tiendas de Auckland están repletas de mercancías que han llegado en alguno de esos barcos. No sólo las tiendas. Miro a mi alrededor en Queen Street y veo automóviles japoneses, autobuses alemanes, acero español en el techo de la cercana estación de Britomart. Veo la televisión y casi todo lo que se anuncia llega en barco, a este puerto, a este muelle que ahora, ya noche cerrada, brilla con luces blancas, rojas y naranjas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;También llegó en barco el piano Steinway &amp;amp; Sons que vi anoche en televisión y delante del cual cantó “Walk on by”. Sólo pude ver los últimos minutos y la breve entrevista posterior en la que contó sus próximos proyectos y conciertos. El 13 de julio en Sídney, dijo. También el 16 en Perth y el 17 en Melbourne. Yo viajo hacia el este y ella parece que lo hace hacia el oeste, así que el cruce improbable y casual ya se ha producido: aquí, en Auckland, el 27 de junio. O va y viene, porque era ella a quién vi en aquella librería de Sídney hace menos de una semana. Lo juraría. Investigo en su página web y veo que cantará en Italia en julio y agosto. Luego regresará a su país. O sea, que va en dirección oeste. Sigo investigando y leo que el 19 de junio cantó en Nueva Jersey. ¿Pudo haber estado el 21 de junio, dos días después, comprando un mapa de la Antártida en Sídney? Poco probable teniendo en cuenta la distancia y la diferencia horaria, pero no imposible. Todos los pianos que hay en este país llegaron por mar, como justamente mostraba la película de Jane Champion con el primero de ellos: una playa de arena negra, un cielo gris, casi negro, unos hombres en una barcaza desembarcan un piano también casi negro; tras él, una mujer menuda vestida de negro. No nos volveremos a encontrar: cuando ella regrese a Australia a mediados de julio yo ya estaré en otro hemisferio. El piano que la acompañó mientras cantaba también llegó en barco. Guardaré la tarjeta de embarque que se le cayó en Sídney. Vuelo 001 de Pan American World Airways que sale de San Francisco y aterriza en Nueva York 48 horas después, tras haber pasado por Honolulu, Tokio, Hong Kong, Manila, Calcuta, Delhi, Estambul, Fráncfort y Londres. En Tokio estuvo el hasta el 16 de junio, fecha en la que voló a Hong Kong. Los pasajeros del vuelo PA001 pueden bajarse en cualquiera de las ciudades en las que hace escala el avión para volverlo a tomar en cualquier otro momento, siempre y cuando hagan el recorrido alrededor del mundo en un máximo de 180 días. O sea, que tras sus conciertos en Australia, debería regresar a Hong Kong a proseguir con su viaje justo desde el lugar en que lo abandonó temporalmente. Le esperan conciertos en Europa y Norteamérica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Somos como los barcos que esta tarde se han cruzado en el canal de entrada al puerto de Auckland: hemos estado a punto de encontrarnos, pero al final la colisión no se ha producido. Uno ya debe estar en alta mar, rumbo norte y luego oeste de vuelta a Australia; al otro, atracado aún en el muelle, cuatro enormes grúas-puente se le elevan por encima. Agarran los contenedores, los levantan, los mueven linealmente hacia el muelle, los bajan y depositan en el suelo. Otras grúas menores los van apilando como se apilan los ladrillos en una pared, como si los contenedores fueran las piezas de un gigantesco juego de construcción. De ahí, los montan en camiones que se encargarán de distribuirlos a otros destinos o a otros medios de transporte. De lejos, en sordina, se oye el ruido de las grúas y el de las sirenas que avisan a los hombres, diminutos, liliputienses, de que se están moviendo. En pocas hora zarpará, tomará rumbo este y cruzará el Pacífico sin tocar tierra hasta llegar a América del Sur. Y aquí sólo quedarán los pianos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-3629524681162965831?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/3629524681162965831/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/barcos-pianos.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/3629524681162965831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/3629524681162965831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/barcos-pianos.html' title='Barcos, pianos'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCr1Vj6uOAI/AAAAAAAAAlA/knA9bcBNwuQ/s72-c/Auckland+desde+barco+3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-2185752751319032305</id><published>2010-06-27T00:41:00.000-07:00</published><updated>2010-08-15T02:43:56.170-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Auckland'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Antes de actuar</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCb_F4VyknI/AAAAAAAAAj0/PbA1WqG8axk/s1600/Veleros+en+Auckland.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;img border="0" height="380" src="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCb_F4VyknI/AAAAAAAAAj0/PbA1WqG8axk/s640/Veleros+en+Auckland.jpg" width="640" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Veleros en la bahía de Auckland&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;Cuando sale el sol tras un día de lluvia, Auckland aparece recién lavada, como una colada apenas tendida en el balcón y oreada por un aire fresco y puro. Sobre todo Franklin Road, una calle en cuesta, de casas de dos plantas madera y tejado a dos aguas. Enormes plátanos ahora sin hojas acompañan el trazado. De vez en cuando una palmera y una araucaria. Son las dos de la tarde y una pareja madura recibe el sol invernal en su cara con una copa de vino blanco en la mano. Miran abajo y da la impresión de que le sonríen. Apenas pasan coches a esta hora y en este sábado. Los colores de los coches, de las casas, el verde de los arbustos, el naranja y el rojo de las flores, el amarillo de las líneas pintadas en el asfalto, el ámbar del semáforo, el azul tímido del cielo. Todos los colores brillan como si estuvieran de estreno, como la pintura fresca de un bote recién abierto. Oloroso, adictivo. El aire huele a limpio y a mar cercano. En la bahía, los barcos con velas de colores se destacan en un azul vestido de domingo con sus mejores galas, como si fuera a una boda o a una comunión. Les sigue desde la torre de televisión, a más de doscientos metros de altura. Van en dirección oeste, hacia el mar abierto. Volverán al atardecer. Gira 180 grados y distingue Franklin Road. No es difícil porque es la única diagonal en la uniformidad de calles en ángulo recto. Cuando la ve, la vuelve a comprobar en el mapa. Acaba en Ponsonby Road. Como le gusta este nombre decide que ese será su próximo destino.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;La pareja de Franklin Road efectivamente sonríe. Hay algo en la educación de los anglosajones que les obliga a sonreír cada vez que cruzan la mirada con otra persona. Por eso evitan cruzarla, sea en Reino Unido (aunque menos), Australia, en Nueva Zelanda, o en su país, sobre todo en su país. No interpreta, justamente, la sonrisa de la pareja como un signo de amistad o de amabilidad hacia una persona desconocida, sino como la mera intención de no quedar mal, de no parecer maleducados. En realidad, no es muy distinto a como se comporta la gente en su Nueva Jersey natal. Cuando sale de la torre y toma Victoria Street a la izquierda camino de Ponsonby Road pasa por delante del edificio principal de la televisión donde horas después deberá cantar en directo, como cantan las profesionales. Como en aquel concierto en el que sentó junto a Burt Bacharah&amp;nbsp; en el piano y cantó “&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;What the Word needs now is love&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;”, como tantas veces y que anoche, de casualidad, volvió a ver en Youtube sin recordar siquiera en donde fue, tantos han sido los años que han pasado ya. Pasea por Franklin Road y la calle le recuerda vagamente a su East Orange natal. Las casas de madera de dos plantas, el tamaño de lo árboles, la propia amplitud de la calle, la cuesta que le llevará a Ponsonby Road simplemente porque el nombre le ha gustado, hasta el amarillo de las rayas pintadas en la calzada para delimitar los espacios asignados al aparcamiento de coches. No ve a nadie con abrigo de piel y se da cuenta de que destaca por ello, porque lleva uno. Más que abrigarle, le protege y total, piensa, ¿no nos hemos abrigado con pieles desde que vivíamos en cavernas? Sabe cuándo alguien la reconoce y cuándo no. Es esa mirada de ojos abiertos, de sorpresa, de inmediato disimulo en quién aparenta no haberla reconocido, de seguimiento casi impúdico en quién la reconoce pero no se atreve a acercarse, de mirada brillante, de excitación infantil en quién le pide un autógrafo. Pero no, la pareja que toma una copa de vino en su terraza soleada de Franklin Road no la reconocen, intentan evitar su mirada, pero la notan tan insistente que no tienen más remedio que sonreír por obligación. Ella les devuelve la forzada sonrisa y sigue calle arriba.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCcAQ03ailI/AAAAAAAAAj8/-_Jd5iMxR3o/s1600/Palmera+y+Torre+Auckland+3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;img border="0" height="460" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCcAQ03ailI/AAAAAAAAAj8/-_Jd5iMxR3o/s640/Palmera+y+Torre+Auckland+3.jpg" width="640" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Auckland tras la lluvia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;Pese al cansancio. Nota sus cincuenta y muchos años en las piernas, en el resuello cada vez más rápido y necesitado de oxígeno. Un perro ladra tras una verja a su paso. El abrigo le pesa cada vez más y siente que el sudor le está pegando la blusa al cuerpo, al pecho, a la espalda, pero prefiere llevarlo puesto que colgado en el brazo. Teme que un súbito resfriado le agarre la garganta y no pueda cumplir con la actuación de la noche. Los carteles de sendas actuaciones de Leonard Cohen, para el 28 de octubre, y Rufus Wainwright, tres días después, le recuerdan los nervios de los conciertos, el hormigueo en el estómago antes de salir a escena. La adicción al directo. La conoce perfectamente. Mira la foto de Cohen con esa nariz que tanto le identifica y piensa en voz alta:&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Poor Leo, 75 and still on the road!&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;El 13 de julio le tocará a ella en Sídney, se acuerda. Las galas de televisión, aunque sean en directo como la de esta noche, son otra cosa. Un par de canciones, cuatro preguntas de respuesta previsible y adiós. Y encima, cobrando por adelantando. El viento arrecia y mete las manos en los bolsillos. En el derecho palpa el mapa que compró pocos días antes en aquella ciudad y que aún no ha sacado siquiera del abrigo. ¿Quién le mandaría comprar un mapa de la Antártida? ¿Para qué lo querrá si nunca irá a cantar allí? La caminata en cuesta la está dejando exhausta, pero a lo lejos vislumbra un semáforo y deduce que Ponsonby Road debe estar cerca. Cuando llegue a terreno llano ya tendrá tiempo de descansar, o de parar un taxi y decirle al conductor que la lleve de vuelta al hotel. El sol luce inesperado entre un frente y otro de nubes. El cielo se había vuelto a cubrir durante la subida e incluso cayeron algunas gotas, pero al llegar a Ponsonby, se ha vuelto a abrir. No cogerá taxi alguno.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;i&gt;La calle en este domingo de tiempo impreciso está abarrotada de gente. Unos pasean, otros compran, otros comen en las terrazas. En Western Park los perros retozan y se pelean mientras sus dueños charlan despreocupadamente. Una pareja de boxers arremete contra un chihuahua que, asustado, cruza la calle despavorido perseguido por un joven al que los coches están a punto de atropellar. Contempla la escena con lástima, pero sólo puede indicar al dueño el camino que tomó el perro, calle abajo. Cuando aquel empieza la búsqueda, el chihuahua es un minúsculo punto gris al final de la calle. Sigue paseando y decide que es mejor ponerse las gafas de sol, tanto porque no se acaba de acostumbrar a luz oblicua del invierno que incide directamente en sus ojos, como para no verse obligada a sonreír si la reconocen. Duda si tomarse algo en alguno de los cafés de la calle cuando pasa delante de The Grange, un local con un terraza protegida del viento. Entra y está casi vacío, con televisiones que ofrecen el Mundial de fútbol en diferido dada la diferencia horaria con Sudáfrica. En una de ellas ofrecen el partido que la selección de su país perdió horas antes contra un país tan africano como sus orígenes. Decide quedarse y pide una copa de vino: Un chardonnay de la zona de Hawke’s Bay, en la isla norte. Se fija en la hombre de la mesa cercana. No parece del lugar sino un turista. De edad madura, algo robusto, mejillas sonrosadas que delatan excesiva capilaridad, gafas y pelo corto. Deduce que es un turista por la mochila de loneta ocre y correajes de cuero, y por la cámara Nikon P-100 que tiene encima de la mesa en la que además hay también una copa de vino tinto. El turista se la lleva a la boca: Bebe a sorbos cortos y coge luego la servilleta para limpiarse los labios. Le sorprende que mire la mancha de tanino sobre la celulosa blanca antes de dejarla de nuevo en la mesa. En cualquier caso le parece una persona agradable. Tal y como está sentado, en la primera fila de la terraza, es poco probable que la pueda ver y eso le alivia porque intuye que el turista es de aquellos que sí la reconocería. Lo que no sabe es que pertenece al grupo de los que jamás se atrevería a acercarse. Pero, ¿y si tomara ella la iniciativa, se acercara a él y le invitara a la actuación de esta noche?&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-2185752751319032305?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/2185752751319032305/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/antes-de-actuar.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/2185752751319032305'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/2185752751319032305'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/antes-de-actuar.html' title='Antes de actuar'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCb_F4VyknI/AAAAAAAAAj0/PbA1WqG8axk/s72-c/Veleros+en+Auckland.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-8365101077418814659</id><published>2010-06-25T17:05:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T17:35:54.190-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Auckland'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Envidia</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCVDpPqUp4I/AAAAAAAAAjg/NGf0FhH-JAk/s1600/Caf%C3%A9+Auckland+2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCVDpPqUp4I/AAAAAAAAAjg/NGf0FhH-JAk/s640/Caf%C3%A9+Auckland+2.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Un café en Auckland&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Un graffiti destaca sobre los demás en la puerta del baño de un café de Auckland: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“war is menstrual envy”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Memorizo la frase para buscarla en Google, pero pienso nada más salir del baño si no se trata de la idea infeliz de una mente enferma. Una idea original, quiero decir, de alguien que quiso dejarla para siempre en un cuartucho oscuro e íntimo. Analizo la frase mientras bajo por Queen Street de regreso al hotel: alguien es capaz de comparar un hecho atroz, la guerra, con un hecho natural y puntual, la menstruación de la mujer. Como los hombres no tenemos menstruación nos dedicamos, por naturaleza, a guerrear cada 28 días, día arriba día abajo. Por envidia, por despecho Compongo el contrario: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“peace is conception envy”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. Como los hombres no podemos parir, nos dedicamos a pacificar el mundo. Por envidia,&amp;nbsp; por despecho. No cuela. La frase original, desagradable, tiene más sentido. Sobre todo si uno la lee en el baño de un café. Tecleo en Google la frase entrecomillada y aparecen 1.340 resultados. Es el título de una película de un cineasta &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;underground&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; neoyorquino de finales del pasado siglo. Uno de los resultados incluye un enlace de vídeo con parte de la película, si no toda. Dos personas envueltas en algo que parece papel higiénico aparecen tumbadas en un suelo blanquísimo. Una de ellas se incorpora y comienza a desenvolver a su compañero. Intuyo por el título que tiene que haber sangre en algún momento de la película y no me equivoco. En una escena posterior, a la que llego adelantando imágenes, uno de los dos protagonistas, con la cara tapada por el papel, comienza a escupir sangre. Avanzo aún más y en otra escena posterior, uno de estos dos personajes, se hace cortes con una cuchilla en el torso descubierto. Decido no seguir viendo. Tecleo en Google &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“peace is conception envy”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; y el buscador no devuelve ningún resultado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;¿No sería el propio cineasta, Nick Zeed, quién escribiese la frase en el baño del Café Verona de Auckland? Vuelvo a la mesa y suena música &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;reggae&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. En una mesa cercana dos chicas beben vino. La camarera, de facciones mediterráneas, habla con dos jóvenes apostados en la barra. Parroquianos, imagino. No es lugar donde cantaría Dionne Warwick, así que pago un café cortado y me marcho. ¿Si no fue él, quién sería? ¿Por qué escribiría esa frase en un lugar que se presta a otro tipo de mensajes menos metafísicos, más carnales? El graffiti es reciente, hecho con rotulador grueso de color negro, con esa letra algo picuda que se ven en muchas paredes, tapias, puertas y portales de ciudades como Madrid, Sídney o la misma Auckland. Asumo que el autor del graffiti ha visto la película y no puedo simpatizar con él. Tampoco con la camarera, que me hace un cortado aguado e insípido. Ni siquiera puedo imaginarlo. O sí: delgado, vestido de negro, piernas largas y famélicas, pelo largo, también negro, y liso, cara angulosa, ojos oscuros. Más lo imagino, menos simpatía me produce. De un bolsillo saca un rotulador permanente de punta biselada, con xileno y tolueno, sustancias altamente tóxicas que permiten dejar un trazo indeleble en casi cualquier superficie. En este caso, la puerta desvencijada del baño de un café de Auckland. Y escribe la frase. Con todas las letras en minúsculas, incluida la primera letra de la primera palabra: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;war&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. Acaba con &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;envy&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;, cierra el rotulador, sale del baño y le da un sorbo a su vaso de cerveza. Al rato sale a la calle y tuerce a la derecha por Karangahape Road. Camina por la acera cubierta hasta el primer semáforo, cruza la calle y entra en otro bar. Repite la operación: pide una cerveza, se arrima a la barra, un par de sorbos y entra en el baño: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;war is menstrual envy&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. Y vuelta a empezar. Atraviesa el viaducto que cruza la autopista número 1, al otro lado de Karangahape hay más cafeterías, más baños, en los que dejar escrita la frase. Con precisión casi digital. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Llevo en la mochila los bolígrafos y rotuladores que compré en la papelería Delfonics de Tokio. También la grapadora y el cuaderno. Me acompañan en este viaje tanto como mis zapatos, el ordenador y la cámara de fotos. Cruzo el semáforo, entro en un nuevo bar. Las pintadas en los baños de los bares sirven de lectura apresurada. Son breves, concisas, directas porque son deudoras de la urgencia de quien las escribió. Se leen rápido, casi furtivamente, porque también se escriben rápida y furtivamente. No tengo un rotulador permanente, pero sí papel, bolígrafo y grapadora, así que abro el cuaderno por una hoja en blanco y escribo: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“PEACE IS CONCEPTION ENVY”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; En mayúsculas, con letra clara, tranquila, paciente. Yo no soy un grafitero. Paso la hoja y vuelvo a escribir la misma frase. Hasta diez veces en diez hojas distintas y cierro el cuaderno. Entro en el baño y miro detrás de la puerta por si tuviera que actuar. Efectivamente. Arranco una hoja del cuaderno, cubro con ella el graffiti y de un golpe seco la grapo a la puerta de madera. Me quedan nueve más.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-8365101077418814659?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/8365101077418814659/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/envidia.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8365101077418814659'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8365101077418814659'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/envidia.html' title='Envidia'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCVDpPqUp4I/AAAAAAAAAjg/NGf0FhH-JAk/s72-c/Caf%C3%A9+Auckland+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-8587436169869012466</id><published>2010-06-24T05:02:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T17:33:28.638-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Auckland'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Warwick'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>PanAm 001</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/wa-2O0XpP3U&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/wa-2O0XpP3U&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Se pone a llover y espero a que escampe. Un semáforo, dos semáforos, pasa el monorraíl. Hago lo que comentó Javier una noche en San Pedro. Contaba que en su ciudad, como llueve habitualmente a chaparrones, la gente se metía en los portales y esperaba a que parase para volver de nuevo a la calle a su actividad normal. Eso pasa en lugares donde llueve poco. Luego, seguía diciendo, el portal se quedaba encharcado. Hasta que llegaron los porteros automáticos y como los portales estaban siempre cerrados, la gente se metía dentro de las tiendas, cuyos dueños ponían cartones en el suelo para que no se encharcase el local con el agua que dejaban caer los paraguas. Asomaba uno la cabeza, proseguía Javier, miraba hacía al cielo, veía un claro, y eso indicaba que la chaparrón llegaba a su fin. Hasta el siguiente, concluyó Javier. Llovía así en San Pedro, pero San Pedro está en el Caribe y las lluvias tropicales son breves, completas e intensas. En la esquina de las calles Liverpool y Pitts, en Sídney, me refugio debajo de una marquesina y cuento las veces que los semáforos cambian de color. Cuando el de la calle Pitt se pone en rojo, el de Liverpool pasa a verde y los peatones aprovechan para cruzar de una esquina a otra. Así hasta tres veces. El monorraíl sube desde Liverpool y tuerce a la izquierda en Pitts para seguir en dirección sur hacia el puerto. Pegada en los vagones aparece una publicidad que asegura que India es increíble. Me vuelvo a acordar de Javier, que en una noche de más alcohol del habitual me confesó, él que se creía inmune a estos mensajes doctrinarios, que viajó a Malasia por una publicidad que decía &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Malaysia truly Asia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Así que parece que ese tipo de publicidades son efectivas. Pasa el monorraíl. Pero no escampa. En Camboya cuando llueve, el agua, por el calor, se transforma en vapor al momento de tocar el suelo. Se agradece ese agua que refresca, aunque sea brevemente. Se echa de menos que moje hasta el tuétano. En Camboya, no en Sídney.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Compro un paraguas en Hong Kong en una tienda de la calle Shangai. El más pequeño, para que me quepa en la mochila, pero no el más barato, para que no se me rompa con la primera lluvia. Apenas llueve en Hong Kong, pero el cielo siempre está gris, amenazante, y la humedad del aire preludia un agua que al final llega escasa y débil. El calor en Hong Kong no invita a caminar y sí a trasladarse por la ciudad en metro o en autobús, al refugio del aire acondicionado. El frío en Sídney, leve, estimula a pasear pese a la lluvia, así que cuando pierdo de vista al monorraíl, salgo de debajo de la marquesina y me dispongo a caminar. Bajo la lluvia.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Ayer me escribió Javier. A él le escribo con cierta regularidad, es el único. Ni siquiera a la familia. No se cree que Dionne Warwick cantase “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;What the World needs now is love”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; en una calle de Tokio, junto a un grupo de viento, gratis, sin anunciar, improvisando. Cada vez estoy más convencido de que a mi alrededor suceden cosas que no pueden ser explicadas. Ni siquiera con palabras. Menos creyó aún que pese a que estuve grabando todo el tiempo, la cámara no registró la actuación. Para él, ese hecho irrefutable indicaba que la historia que le contaba era una patraña. Y cuando le respondí que no fui el único, sino que también la vio una señora mayor que se sentó detrás de mí durante el concierto, me escribió rápido diciendo que más valía que volviese pronto. No le comenté el encuentro, no importa que no fuera casual, en la sede central del banco HSBC en Hong Kong con la joven de vestido claro y cabello recogido en una cola. –&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“Vuelve, que los cambios de horarios y de alimentación te hacen delirar”,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; me dice con sorna–, porque pensará que ciertamente deliro. Sigue lloviendo y bajo por Pitts en dirección al Museum of Contemporary Art. Tuerzo a la izquierda para seguir por la calle George, al final de la cual, en el puerto, se sitúa el museo. Paraguas, bufandas, algún abrigo, pocas pieles. Arrecia la lluvia y me paro de nuevo en la esquina con Bathurst bajo la marquesina de un edificio de oficinas. Saco la cámara y vuelvo a grabar. Por el visor pasa una mujer delgada, de unos cincuenta años, pelo corto, abrigo de piel hasta casi el suelo. Innecesario para esta ciudad, me digo. Me llaman la atención sus facciones y su color de piel porque la enorme variedad racial de los habitantes de Sídney incluye a pocas &amp;nbsp;personas de origen africano. A veces uno desconoce la razón de sus actos y por qué éstos actos cuyo origen ignoramos nos atrapan de una manera adictiva sin que podamos evitarlos. Este impulso veloz me obliga a seguir grabando bajo la lluvia y a seguir a esa mujer delgada, pese a tener las dos manos ocupadas con el paraguas y la cámara. La mujer avanza dos manzanas. Yo también. Se mete en la librería Dymocks. La imito, pero el guardia de seguridad que vigila la entrada me impide seguir grabando, así que guardo la cámara para poder entrar. Veo que la mujer del abrigo sube al primer piso por las escaleras mecánicas. Se dirige a la derecha, donde están los libros y guías de viaje. Al fondo, casi al final, está la sección de mapas. Yo me coloco discretamente en una de las mesas llenas de libros de ocasión, sin orden, sin tema y cojo sin darme cuenta el siguiente libro:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; “Bacharah. Maestro! The life of a pop Genius”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;.&amp;nbsp; Ella vuelve de la sección de mapas y se dirige a la caja. Lleva en la mano un mapa de la Antártida. Pasa a mi lado, mira de soslayo el libro que tengo entre las mías y sonríe. La veo llegar a la caja, meter unos dedos largos en el bolsillo del abrigo, sacar un cartera de viaje, entregar una tarjeta de crédito, teclear su código personal y recibir el mapa metido dentro de una bolsa de papel. Se marcha y me vuelve a mirar. Dejo el libro en la mesa e intento seguirla, pero la megafonía anuncia que en los siguientes diez minutos todos los libros tienen un descuento del diez por ciento y me topo con una masa de compradores fogosos que se dirigen a las mesas y a los estantes. La dejo de ver y la pierdo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCPli668reI/AAAAAAAAAio/zqCnyI4H1ZE/s1600/Ant%C3%A1rtida.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="450" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCPli668reI/AAAAAAAAAio/zqCnyI4H1ZE/s640/Ant%C3%A1rtida.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Mapa de la Antártida&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Estoy delante de la caja con la Antártida en la mano. Me llama la atención que el mapa de un continente tomado por científicos y militares, y al que apenas llegan los viajeros, se venda junto al resto de mapas de países, ciudades o regiones con fácil acceso, a los que se puede llegar en un vuelo regular, un barco, un tren. Como si la Antártida tuviese cabida en la misma selección de lugares pisados por la condición humana. Lo abro: sólo está perfilada una pequeña parte de la costa, sin indicaciones del interior, desnudo, como los mapas americanos del siglo XVI. O los de Oceanía. Decido también comprarlo –por curiosidad, me digo, y no por imitación– y me dirijo a la caja. Se me cae el bolígrafo con el que debo firmar el recibo. En el suelo encuentro el resguardo de una tarjeta de embarque: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;PA001/HNDHKK/0905/16JUN/WARWICK/MS.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;En el siguiente correo tendré que decirle a Javier que era ella, aunque seguirá sin creerme.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-8587436169869012466?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/8587436169869012466/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/panam-001.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8587436169869012466'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8587436169869012466'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/panam-001.html' title='PanAm 001'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCPli668reI/AAAAAAAAAio/zqCnyI4H1ZE/s72-c/Ant%C3%A1rtida.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-1814044059609031558</id><published>2010-06-22T06:45:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T17:28:06.096-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sídney'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>El mar y el invierno</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCC9NowMdtI/AAAAAAAAAiI/rO6PjmYmv0U/s1600/Llega+el+chaparr%C3%B3n+3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;img border="0" height="386" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCC9NowMdtI/AAAAAAAAAiI/rO6PjmYmv0U/s640/Llega+el+chaparr%C3%B3n+3.jpg" width="640" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Se avecina un chaparrón&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Las ballenas se pasean por delante de Sídney. Un cartel lo advierte en North Head, la punta norte que cierra uno de los extremos de la bahía en la que se asienta esta ciudad. También informa de que en esta época del año suben hacia el norte, hacia las cálidas aguas de los trópicos, a aparearse, mientras que en el verano vuelven de bajada hacía el sur para parir y alimentarse. A esta hora, poco antes del mediodía, el cielo amenaza una lluvia inminente en el claro del matorral donde un grupo de investigadores otean el mar tormentoso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;­–Entre los dos veleros, dicen. ¡Como si fuera fácil descubrir una mancha oscura que surge del agua entre los millones de manchas grises del mar en esta mañana de invierno!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&amp;nbsp;–Donde el mar cambia de color, añaden, y señalan un zona delante de nuestros ojos donde el gris se clarea hasta casi convertirse en un celeste lechoso. Son tres: dos jóvenes y un hombre de edad madura y podrían ser dos estudiantes y un profesor, con hojas de registro y prismáticos. No les veo las caras, casi tapadas con gorras para combatir el viento desapacible. Tampoco veo a las ballenas en su camino hacia el calor del norte. No muy lejos, en la entrada a la bahía, las nubes descargan lluvia y se acercan hacia tierra firme. Me despido y me dirijo hacia el aparcamiento por un sendero franqueado por matorrales de pequeñas flores blancas y malvas, ranas que croan a mi paso y carteles que describen las especies de lagartos y lagartijas que viven en la zona. El mar y el cielo son un festín de grises y azules. No sólo ellos, la ciudad que se vislumbra hacia el este, sus rascacielos, su torre de televisión, se recortan también grisáceos sobre un cielo tornasolado, a veces celeste, a veces añil, la mayoría del tiempo gris. En la bahía destaca la silueta verde y amarilla del ferry que se dirige hacia Manly desafiando el oleaje. Yo tomaré ese ferry de vuelta a Sídney en unas tres horas. Miro por última vez al océano en North Head antes de bajar hasta Manly. ¿Cuántos días tendría que navegar para encontrar tierra de nuevo? Si desde Sídney navegara recto en dirección este: ¿Cuál sería el lugar más cercano en el que podría desembarcar? Dos veleros salen de la bahía y les imagino al encuentro con las ballenas en su emigración hacia el norte. Les veo alejarse con sus velas desplegadas mientras caen las primeras gotas del chaparrón que hace un rato se avecinaba y ahora está aquí. Poco a poco, los barcos se confunden con la espuma de las olas y desaparecen de mi vista y yo, con el agua que me empapa, me voy confundiendo con la lluvia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCC9ozFfdQI/AAAAAAAAAiQ/W2mH2CT3spk/s1600/Bah%C3%ADa+de+Sydney+1+(retocada).jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;img border="0" height="352" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCC9ozFfdQI/AAAAAAAAAiQ/W2mH2CT3spk/s640/Bah%C3%ADa+de+Sydney+1+(retocada).jpg" width="640" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Sídney desde North Head&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Las olas baten la playa de Manly, como ayer batían la de Bondi. Las playas son los frentes de batalla entre el mar y la tierra y los días de temporal, los escenarios de esa guerra. Los mapas mienten: la línea de costa nunca es como aparece en un mapa, porque dependerá de quién haya ganado la ultima batalla, el último temporal. En Bondi, ayer, una excavadora extendía arena, ganándole al mar el terreno que éste le había arrebatado a la tierra en el penúltimo temporal. A su alrededor, los surfistas, los corredores, las madres en grupo que pasean a sus hijos con los últimos rayos del sol de tarde. Las playas en invierno son reales. En verano, en cambio, son una postal agobiante, un autobús en hora punta, un aparcamiento con sólo una plaza libre y decenas de coches compitiendo por ella. En invierno, ayer en Bondi, hoy en Manly, son la extensión hedonista de una ciudad, como todas las ciudades con mar y playa, que se quiere. Los paseos que crecen alrededor de las playas son la expresión de ese hedonismo: palmeras, pinos de Norfolk, cafés, restaurantes, coctelerías, gente guapa. Ni en Bondi&amp;nbsp; ni en Manly se preocupan por las ballenas. Tampoco por los tiburones que dicen viven en estas. “Nunca hay que meterse en el agua a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde”, me comentan. Porque son las horas en las que comen los tiburones. Pero yo creía que comían a todas horas, que no conocían la sensación de apetito porque siempre estaban comiendo. No veo carteles que lo adviertan. Sí de que el baño se puede hacer entre dos señales fijadas en la orilla. Miro hacia el mar y veo que entre las dos señales clavadas no habrá más de 20 metros de distancia. Si alguien se bañase fuera de esos límites y le sucediera un accidente, ¿no acudirían los servicios de rescate? ¿No le cubriría el seguro? En un extremo de la playa, los surfistas. El agua debe estar a 18 grados y llevan trajes de especiales. No quedará más de media hora de sol: ¿no es a esta hora cuando los tiburones llenan el estómago?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCC-W50F00I/AAAAAAAAAiY/qk-6g3PvG8M/s1600/%C3%93pera,+ferry+y+bocana+2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;img border="0" height="354" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCC-W50F00I/AAAAAAAAAiY/qk-6g3PvG8M/s640/%C3%93pera,+ferry+y+bocana+2.jpg" width="640" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Llegando a Sídney. La Ópera y el ferry&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: 12pt;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;De Manly sale cada media hora un ferry en dirección al muelle principal de Sídney, justo delante del centro comercial y de negocios de la ciudad. Hay días que el mar está tan picado dentro, incluso, de la bahía que la compañía concesionaria del servicio lo suspende hasta que el tiempo mejora. Manly es un suburbio playero de Sídney donde la gente vive, pero no trabaja. Hay carreteras y hay autobuses, sí, pero en la bahía no hay ni tráfico ni semáforos y la media hora de travesía es así una medida más fiable que los minutos vividos en los atascos. A las tres de la tarde, en dirección a Sídney, el ferry lo ocupan unos cuantos turistas y algún que otro despistado. Pregunto inocente a uno de los marineros si se pueden ver ballenas dentro de la bahía. Parece no entender mi pregunta, o es que me delata mi acento de no anglófono. Me mira como si yo fuera un desquiciado y se marcha. Traduzco su no respuesta como un no. Salgo a la cubierta superior, me siento en uno de los bancos de madera y espero que empiece la travesía. El paso del tiempo se ralentiza en los barcos y parece siempre que todo transcurre despacio, a cámara lenta. Cabecea la proa y el aire se acelera cuando el barco se acerca a la boca de entrada de la bahía. Miro a babor y sólo veo un mar gris y blanco. No hay ballenas o yo no soy capaz de verlas. Al frente se empiezan a vislumbrar los rascacielos del centro de la ciudad. Dobla a estribor el ferry y yo sigo sin ver ballena alguna, sólo otro ferry verde y amarillo como en el que estoy subido y delante, la silueta inconfundible de la Ópera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-1814044059609031558?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/1814044059609031558/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/se-avecina-tormenta-las-ballenas-se.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1814044059609031558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1814044059609031558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/se-avecina-tormenta-las-ballenas-se.html' title='El mar y el invierno'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TCC9NowMdtI/AAAAAAAAAiI/rO6PjmYmv0U/s72-c/Llega+el+chaparr%C3%B3n+3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-9056114029587349550</id><published>2010-06-20T22:08:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T17:16:43.002-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hong Kong'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tokio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sídney'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Mucho por comer</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB7uaG24GzI/AAAAAAAAAhk/ws90fP9Mzp8/s1600/Caf%C3%A9+de+Wheels+6.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="456" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB7uaG24GzI/AAAAAAAAAhk/ws90fP9Mzp8/s640/Caf%C3%A9+de+Wheels+6.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Pastel de carne con purés de patatas y guisantes, y&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&amp;nbsp;gravy.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Javier me pregunta qué estoy comiendo en este viaje. Le contesto, parco, que los domingos se come bien en Australia, al menos quienes como a mí les gusta el &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Sunday Roast&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, tan de pub inglés, y los pasteles de carne que retrotraen a las novelas de Enid Blyton con las que crecí. Hoy, en uno de los muelles de Sydney, me siento parte de Los Cinco, seguramente George por aquello de la identidad, porque no me puedo resistir a un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Tiger&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, que es como denominan en el &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.harryscafedewheels.com.au/Home.aspx?element=1&amp;amp;category=1"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Café de Wheels&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; a los pasteles de carne con puré de patatas y guisantes, bien regado todo con un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;gravy,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; sustancioso y suculento. He almorzado una hora antes, pero miro a los clientes con su pastel en la mano y comienzo a salivar. El Café de Wheels es una institución en Sídney: un kiosco en uno de los muelles de la ciudad donde la gente hace cola los domingos para pedir y comer un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Tiger&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;. El pastel consiste en un masa hojaldrada suave que envuelve trozos de carne de ternera bien especiados con pimienta, bañados en una salsa oscura hecha fundamentalmente con el jugo de la propia carne. Muy inglés. Encima del pastel, con un cazo similar a los de helados, la dependienta coloca una cantidad generosa de puré de patatas; encima, otra cantidad similar de puré de guisantes. Para culminar, hace un hueco en esas dos capas de puré, vierte en él un buen cucharón de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;gravy&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, jugoso, denso y sabroso, que rebosa los bordes del pastel. Me siento en el muelle, con un plato de papel y un tenedor de plástico y disfruto a partes iguales tanto del sol del invierno como de mi &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Tiger&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;. ¿Quién dijo que los ingleses no sabían comer? En el pub PV de Brighton, hace más de tres años, descubrí la comida inglesa: los pasteles de carne o riñones, los &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;roasts, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;con sus verduras, su puré y la salsa &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;gravy&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; intensa y probablemente insana a partes iguales. También en Brighton, en la playa, lo bien que combinan juntas cerveza y ostras. Y no eran francesas ni gallegas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB7vFxH6GwI/AAAAAAAAAhs/JhKq7NjOmko/s1600/Qu%C3%A9+rico!.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB7vFxH6GwI/AAAAAAAAAhs/JhKq7NjOmko/s640/Qu%C3%A9+rico!.JPG" width="640" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Sopa de fideos en Mist, Tokio. O lo que queda de ella.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;En Hong Kong también se comen ostras, pero tampoco sabría decir de dónde eran. Sin embargo, no habrá ostras que me sepan mejor que las del Restaurante Kapetan en Mali Ston, en la costa croata, entre Split y Dubrovnik. Pero no se va a Hong Kong a comer ostras: cerca del mercado de peces, en un pequeño restaurante donde no hay carta en inglés, los habituales piden sopa con fideos y tripas de cerdo, que parecen ser la especialidad de la casa. Los callos no son agradables de ver, pero no se come con los vista únicamente, sino sobre todo con el paladar y el olfato. Yo, la verdad, los prefiero bien especiados y con garbanzos, así que no los pido y me hago con un sopa con trozos de carne de cerdo. De Asia, principalmente las sopas. Hechas al momento, comparten una misma base: un caldo, tal vez no tan sabroso como los europeos, una pasta larga, que pueden ser fideos de arroz o de trigo, más anchos, más delgados, más gordos, menos gordos, da igual, y un aporte proteico en forma de carne de cerdo, ternera, pollo, gambas o calamar. Finalmente se le añaden algunas verduras frescas y olorosas para darle ligereza y aroma, y un aporte extra de proteínas con un buen puñado de brotes de soja. Una delicia, sea en este restaurante de Hong Kong, sea en el restaurante &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.omotesandohills.com/english/shops-restaurants/c-r.html"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Mist&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&amp;nbsp;en el barrio de &amp;nbsp;Omotesando, en Tokio, sea, sobre todo, en el restaurante del &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.hotelcambodiana.com/"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Hotel Cambodiana&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; de Phom Penh, donde los sirven de desayuno. Todavía, pasados los años, echo de menos esas sopas del Cambodiana. El agua cocida alarga la vida. Se requiere cierta destreza para tomarse una sopa con palillos y cuchara y no mancharse la pechera. Me sé bien la teoría, que ahora la explico, y no me sale tan bien la práctica. Con los palillos se toma una cantidad suficiente de fideos, que uno va sorbiendo, aunque suene mal, porque es el único modo de no quemarse la boca. Las normas sociales responden a un contexto y en el contexto asiático lo normal es sorber para hacer pasar lo más rápidamente posible los fideos ardientes hacia la garganta, donde ya no hay papilas sensibles al calor. Con la cuchara se toma el caldo que lentamente va añadiendo a su sabor el sabor de los ingredientes. Y así, con los palillos en una mano y la cuchara en otra, se desayuna, se almuerza o se cena. Al menos yo, que viviría de sopa toda la vida, de todos los tipos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;También de sushi. No esas pelotillas de arroz con trocito de pescado que suelen vender como japonesas. Yo no supe lo que era el verdadero sushi hasta que el cocinero peruano del restaurante japonés del &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.swissotel.com/EN/Destinations/Ecuador/Swissotel+Quito/Dining+and+Leisure/Restaurants%20and%20Bars%20overview"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Swissôtel&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; de Quito, me dijo, cuando le comenté lo generosa que eran sus porciones, que la loncha de pescado debe cubrir totalmente la cápsula de arroz. Da igual que sea atún, salmón, pulpo, palometa o caballa. La proporción es esa. El tamaño de la loncha debe ser lo suficientemente grande como para cubrir la pelota de arroz y permitir que se pueda coger con los palillos, agarrando desde el trozo de pescado y girándolo 180 grados para mojar el dorso en la salsa de soja. De lo contrario, si se moja el arroz, este se desharía, se desbarataría el sushi y se llenaría de granos de arroz el platillo de la salsa. Un desbarajuste. En un pequeño restaurante familiar en el barrio de Shinjuku en Tokio los sirven así: fresquísimos y generosos. El abuelo está en la cocina, cortando con delicadeza los trozos de pescado. Su hijo le ayuda pero deja que sea su padre quien lleve la iniciativa. Ya le llegará a él su tiempo. En la sala, una señora, la nuera, y una chica joven, su hija y nieta del cocinero, atienden a la clientela, fundamentalmente hombres a quienes les debe resultar temprano volver a casa antes de las diez. Tampoco hay menú en inglés, pero las fotografías de la carta ayudan a explicarlo. No se muere uno de hambre en Tokio, basta con pedir una carta en un restaurante y señalar la foto del plato que apetezca en ese momento. Al rato lo tiene uno servido en su mesa. Muy práctico. Me gusta ver cómo corta el cocinero el pescado. Coge el lomo de atún, alargado, consistente y compacto. Lo apoya en la tabla y con un cuchillo afilado va desgajando lonchas en bies, perpendiculares a la veta de carne. Ni demasiado delgadas para que no se confundan con el sobrevalorado carpaccio, ni demasiado gruesas para que no sirvan para otra cosa que un marmitako, infravalorado. Es decir, el corte del sushi. Me pido siete piezas y podría estar pidiendo más hasta que se le acabasen las mollas de atún y salmón que guarda en la nevera. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;–¿Has comido tempura?, me pregunta Javier. Sí, le respondo. En el &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.tenya.co.jp/index.htm"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Tempura Tendon Tenya&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; del barrio de Asakusa. Un fast-food a la japonesa cerca de la estación de Ueno sin grandes pretensiones. No me pregunta, sin embargo por un teppanyaki, esto es, la plancha japonesa donde se cocinan infinidad de alimentos. Nada que ver con las planchas de los bares españoles, grasientas, sucias que sirven tanto para carne como pescado, por lo que el chuletón puede llegar a la mesa con un descarado olor a gambas. El restaurante &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.okura.com/tokyo/restaurants/sazanka.html"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Sanzanka&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, en Tokio, es excepcional tanto por la limpieza de la plancha, como por la maestría con la que preparan 100 gramos de filete de ternera (no &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Kobe_beef"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Kobe&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; para mi gusto sobrevalorada en sabor y más cara que el pata negra). El cocinero pone el filete en la plancha inmaculada, le hace cortes también al bies, como al sushi, y deja que se cocine rápidamente dejándola hecha por fuera y jugosa, casi cruda, por dentro. Curiosamente añade sal a la carne durante la preparación y no después. No sólo carne, también gambas, verduras, soja y arroz. Miro la página web y me doy cuenta de que tiene una estrella michelín, o la tuvo. No es extraño. Hay, sin embargo, demasiadas verdades a medias sobre la cocina japonesa: que si es sanísima porque las cocciones son leves y rápidas o porque comen mucho pescado. La mayoría de los restaurantes callejeros de Tokio sirven platos ricos en calorías basados arroz frito con huevo, y trozos de carne de cerdo bastante grasa. Se toman muchas cosas fritas, menos verdura de lo que parece, y menos pescado del que se diría. Pese a ello, destacan la pureza de sabores, el poco apego a las mezclas, al contrario que en la comida occidental y la extraordinaria exquisitez con la que preparan los alimentos y los llevan a la mesa. En el restaurante &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.frommers.com/destinations/tokyo/D61108.html"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Maisen&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, en el barrio de Omotesando, preparan un estupendo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tonkatsu"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;tonkatsu&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;: gruesos filetes de cerdo negro rebozados en una mezcla de harinas especiales y fritos en aceite caliente. Uno llega, se sienta en la barra, le traen el menú (éste sí está en inglés), elige y espera. Mientras, sirven té. Cuando llega el tonkatsu, cortado en trozos para poder ser comido con los palillos, y me lo llevo a la boca, pienso que no he probado nunca una carne de cerdo tan delicada. Rica, eso sí, en calorías. La presentación del plato no desmerece y la limpieza del local menos aún. Justo lo contrario que en Hong Kong, pero, ¿quién arruga la nariz en Hong Kong por un poco más de mugre de lo habitual?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB7v68GLgZI/AAAAAAAAAh0/MEOv1zNK2mM/s1600/Le+pelican+N%C3%ADscalos.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB7v68GLgZI/AAAAAAAAAh0/MEOv1zNK2mM/s640/Le+pelican+N%C3%ADscalos.JPG" width="640" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Níscalos, jamón serrano y parmesano en Le Pelican, Sídney.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Pero no sólo el domingo se come bien en Sídney. Tambien el resto de los días. En el restaurante &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.thebentley.com.au/"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;The Bentley&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, en el barrio de Surry Hills, la pechuga de pato es deliciosa, como lo es el fondant de sésamo negro y guisantes. Algo escasas las porciones. Y delicioso el pinot noir australiano con nombre de cantautor español: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.serrat.com.au/"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Serrat&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;. No muy lejos de ahí, en &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://lepelican.com.au/"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Le &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Pelican&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, en Bourke Street, preparan una cocina vasco-francesa con referencias al pimiento del piquillo, jamón serrano y al bonito sin alejarse demasiado de Australia. Estupendo los niscalos con jamón y parmesano. Y estupendo el shiraz: un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.oliverstaranga.com/"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Oliver’s Taranga&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; del valle de McLaren. Lo malo de viajar sólo es que hay que pedir el vino por copa y no por botella, so pena de acabar alcoholizado todas las noches. Y aún me quedan cinco semanas más de viaje, Javier.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-9056114029587349550?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/9056114029587349550/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/mucho-por-comer.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/9056114029587349550'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/9056114029587349550'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/mucho-por-comer.html' title='Mucho por comer'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB7uaG24GzI/AAAAAAAAAhk/ws90fP9Mzp8/s72-c/Caf%C3%A9+de+Wheels+6.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-7077625574516434392</id><published>2010-06-19T19:16:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T17:15:03.176-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sídney'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Pájaros</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB13u6SkEFI/AAAAAAAAAg0/8GRdASEkCmo/s1600/Se%C3%B1ora+2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB13u6SkEFI/AAAAAAAAAg0/8GRdASEkCmo/s640/Se%C3%B1ora+2.JPG" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;La hora del almuerzo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Sídney tiene un Hyde Park donde los viejos alimentan a los pájaros al mediodía. Unos lo hacen con disimulo mientras leen el periódico: ocultan una bolsa con pan debajo del periódico abierto, meten la mano dentro y tiran migas al suelo. Otras no se ocultan y rocían alegremente el suelo con comida para palomas. No sólo para ellas. Poco minutos antes, en un sendero del parque, quieto al sol, un extraño pájaro espera algo. La frontera entre normalidad y extrañeza es tan difusa como la que separa el amor con el odio. Es extraño para mí, recién llegado a esta ciudad, pero no en el parque, donde al cabo de unos minutos descubro que decenas como él compiten con las palomas por las migajas que los ancianos les tiran en esta mañana radiante de invierno Es blanco, de unos sesenta centímetros de altura, cabeza y cuello negros, pico largo y curvo, también negro. Me acerco y me mira, esperando algo de mí. Tampoco huye. En las islas Galápagos, iguanas y lobos marinos comparten la playa con los seres humanos, una señal inequívoca de que aún no han aprendido a temer al hombre. En Hyde Park, los ibis blancos australianos, así se llaman, han aprendido a vivir del hombre y sólo tienen que preocuparse de que las palomas no acaparen todas las migas que les tiran los ancianos. Y si les va mal en el parque, aún les quedan los vertederos de la ciudad. &amp;nbsp;Al atardecer, el parque se llena de murciélagos comedores de fruta, grandes como una paloma. Los oigo chillar desde la calle, junto al Museo. No vuelvo a entrar en el parque cuando regreso de las Montañas Azules. Tampoco creo que la señora de pelo canoso y bolso de marca deambule de banco en banco con una cesta llena de trozos de fruta. Estaba, sí, por la mañana, sentada en un banco, mientras las palomas más descaradas se le colocaban en el brazo en busca de la primera migaja, creyendo que tal vez sea la más sabrosa. En las sociedades tribales, el primer bocado es para el jefe, luego para los segundos, después las mujeres y por último los niños. En nuestras sociedades, a la hora de la comida, se sirve primero al padre, luego los hijos y finalmente la madre. Tampoco hemos evolucionado tanto. Los ibis, más discretos, esperan en segunda fila. Le pregunto cómo se llaman esos pájaros que nunca había visto y me responde que no lo sabe. Por su aspecto podría parecer griega, italiana, portuguesa o española. Me llama la atención el bolso, inconfundible. Dentro llevará más pan. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB14__hJe5I/AAAAAAAAAg8/zBpSa_m7CqA/s1600/Monta%C3%B1as+1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB14__hJe5I/AAAAAAAAAg8/zBpSa_m7CqA/s640/Monta%C3%B1as+1.JPG" width="640" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: center;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Montañas Azules&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;A cien&amp;nbsp;kilómetros al oeste de Sídney, en las Montañas Azules, loros de color rojo y cotorras blancas y cresta amarilla meriendan semillas en comederos que jalonan los caminos del bosque. Una familia abrigada y oscura como si viajara a uno de los polos se hace fotos. Chillan en un idioma que no entiendo. Parecen murciélagos al atardecer. Espero el funicular que me lleva a lo alto de estas montañas sin cumbres, planas, con gargantas de casi 800 metros de altura, a las que llaman azules porque mirándolas desde la lejanía se tiñen de un color azulado, un simple efecto óptico que también ocurre en cualquier otra parte del mundo. Los murciélagos se cuelan, ignorando la fila que los otros visitantes hemos formado espontáneamente. En realidad no importa demasiado porque hay sitio suficiente en el funicular para hombres y murciélagos. Se acomodan en un extremo y yo me dirijo al contrario. Subo desde una de esas gargantas. Abajo, escasa luz, color verde denso, asfixiante. El lugar perfecto para los murciélagos. He bajado al bosque en un extraño tren que parecía el vagón de una montaña rusa, sólo que jamás ascendía, siempre bajaba. Desde donde me deja el tren que nunca sube hasta donde debo tomar el funicular hay un camino&amp;nbsp; estrecho, frío, húmedo, lleno de eucaliptos sin olor, de helechos tan&amp;nbsp; altos como árboles, de cotorras y loros que se posan en los comederos a merendar. Se oye el canto de un pájaro. No es un loro, pero imita sonidos, incluso los de un teléfono móvil. Si el pájaro es capaz de imitar el tono de un celular entonces es que ni estoy tan lejos de la civilización ni Australia es un país de flora y fauna únicas. En un recodo del bosque un grupo está parado, intentando ver lo que es casi imposible ver. Yo me paro también, enciendo la cámara y no veo nada, pero la apago y al momento le veo las plumas. Es un pájaro-lira, llamado así porque su cola tiene la forma de ese instrumento que tocaba Nerón mientras ardía Roma. Él es el de los sonidos. No se deja ver demasiado y rápidamente se oculta de nuevo entre los helechos. No me siento cómodo en el bosque oscuro. Quiero subir rápido a la cima de esta montaña sin cumbre,&amp;nbsp; busco las señales que me lleven al funicular, las encuentro, las sigo y al final, cuando creo haber encontrado el lugar desde el que subiré a las alturas soleadas, aparecen los murciélagos. Me alejo cuanto puedo de ellos aunque sé que me los volveré a encontrar cuando al atardecer pase de nuevo por el Hyde Park de Sídney. Les vuelvo a oír y recuerdo a Nerón y el incendio de Roma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-7077625574516434392?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/7077625574516434392/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/pajaros.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/7077625574516434392'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/7077625574516434392'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/pajaros.html' title='Pájaros'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TB13u6SkEFI/AAAAAAAAAg0/8GRdASEkCmo/s72-c/Se%C3%B1ora+2.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-5238726578376659583</id><published>2010-06-17T04:40:00.000-07:00</published><updated>2010-06-24T17:44:49.372-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hong Kong'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sídney'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Dos peces</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBoIsj7oflI/AAAAAAAAAgU/lbPpaY1oMdc/s1600/Peces.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBoIsj7oflI/AAAAAAAAAgU/lbPpaY1oMdc/s640/Peces.JPG" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Un pez de 5.500 dólares de Hong Kong&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Un sueño me persigue las noches previas a un viaje. Estoy en mi ciudad natal, llena de cuestas, y voy empujando la maleta, buscando el camino a un aeropuerto que no existe. Cuando encuentro el edificio terminal, un reloj marca una hora posterior a la salida de mi vuelo. En ese momento me despierto, miro el reloj y compruebo que son las cuatro de la mañana y que quedan casi dos horas para que suene el despertador. Viajo de día, nunca de noche, y anoche empujaba mi maleta por la calle principal de mi ciudad, recién enlosada, siempre en obras. Apenas duermo las noches previas a los viajes, siempre temeroso de perder el vuelo. Quizá por ese motivo debería haber intentando viajar de noche y poder así dormir tranquilo la víspera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Llego al aeropuerto a las siete de la mañana, dos horas antes de la salida del avión. En ayunas. Facturo el equipaje, obtengo la tarjeta de embarque, paso los controles de seguridad e inmigración y me dispongo a desayunar. El aeropuerto parece una pecera como las que el día anterior he visto en el mercado de peces y los viajeros somos como los peces, a los que alimentan con una especie de leche marrón que enturbia el agua del acuario. En la entrada al edificio del Banco de China, en el centro de Hong Kong, las carpas de colores de los dos estanques que flanquean la entrada se acerca al borde en cuanto perciben una presencia humana que creen les puede alimentar. Yo percibo por el olor que una de las cafeterías del aeropuerto debe estar cerca. Pido &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;dim-sum&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;, zumo, fruta y café, y me siento especial como el pez más gordo de toda la pecera, el de la protuberancia en forma de cacahuete en la cabeza que fotografié en una tienda del mercado de peces. El encargado de la tienda, un adolescente con la mitad del pelo teñido de rubio y la otra mitad rapada al uno, le alimenta con esa papilla marrón, con sus &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;dim sum&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;, su zumo, su fruta y su café. Si el valor del pez se determina por su peso, mi valor debería ser incalculable, pero no, lo que le hace valioso y único es la protuberancia en la cabeza, lo que le hace valer unos 600 euros. Yo creo que sus genes han debido ser manipulados para desarrollar esa excrecencia, que es una mutación producto de un oscuro laboratorio en la trastienda, donde el dueño del negocio, todo el día pegado al microscopio, pipeta en mano, manipula los códigos vitales del animal, los más íntimos y recónditos signos de su identidad. Pero no, el dependiente asegura que es una obra de la naturaleza y que en su rareza, precisamente, radica su valor. “Los traen de Malasia” asegura. Así que en el transporte debe también radicar parte del precio, deduzco. Pero tal vez esté equivocado, porque me transporto a Malasia colocándome yo en la calle donde vivo y no en la calle de Hong Kong en la que estoy, desde donde Malasia no queda tan lejos. Yo debo ser un pez pequeño al lado del pez cabezón, que debe estar desayunando en la sala &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;vip&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt; del aeropuerto mientras yo lo hago al lado del Burger King. Me gusta el aeropuerto: es espacioso, diáfano, acero y cristal. Una pecera en condiciones, no como la de Tokio. Los peces viajeros nos movemos cómodos en él, sin sobresaltos, sin aglomeraciones ni empujones a la hora de comer. Apuro el desayuno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBoJMYbFmuI/AAAAAAAAAgc/-Mc5aR9gaQU/s1600/Peces+2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBoJMYbFmuI/AAAAAAAAAgc/-Mc5aR9gaQU/s640/Peces+2.JPG" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Listos para viajar&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 12pt;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Unos pocos metros más allá, en otra tienda, una dependienta insufla aire en bolsas transparentes de plástico que contienen agua y pececillos, como yo. Luego, con habilidad, como si lo que manejara fuera un globo, lo cierra con un doble nudo para evitar que se escape el aire, escribe el precio con un rotulador y cuelga las bolsas para que queden a la vista de los posibles compradores, listas para la venta. Dentro de esas bolsas y con el aire insuflado, los peces podrán vivir unas nueve o diez horas, comenta. Yo ahora estoy metido en otra bolsa herméticamente cerrada colgada del cielo a 39 mil pies del suelo, que salió de Hong Kong hace cinco horas y que llegará a Sídney dentro de cuatro. Nueve horas, igual que la supervivencia estimada de los peces en las bolsas. No duermo. Si lo hago podría soñar que no puedo salir de esta bolsa, del mismo modo anoche soñé que jamás hubiera podido llegar a este avión. Por eso escribo, aunque me caiga de sueño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-5238726578376659583?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/5238726578376659583/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/dos-peces.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5238726578376659583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5238726578376659583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/dos-peces.html' title='Dos peces'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBoIsj7oflI/AAAAAAAAAgU/lbPpaY1oMdc/s72-c/Peces.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-8337826658011722359</id><published>2010-06-16T01:03:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T17:10:41.096-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Hong Kong'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>En la isla</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBiEBF10rtI/AAAAAAAAAgM/nTWA6Ry98_Q/s1600/Hong+Kong+y+el+ferry.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="419" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBiEBF10rtI/AAAAAAAAAgM/nTWA6Ry98_Q/s640/Hong+Kong+y+el+ferry.JPG" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Hong Kong desde el mar&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Camino por la zona de Causeway, en la isla de Hong Kong, a donde llego en metro desde Mongkok, y busco el mar de China Meridional. Miro en el mapa, que me señala que siga por Percival Street en dirección sur hasta Gloucester Road hasta que me tope con él, pero no lo veo. En cualquier caso lo vi el día anterior, cuando crucé desde Kowloon hasta Hong Kong en el ferry. Iba casi vacío. Normal si tres líneas de metro y dos túneles para vehículos atraviesan el estrecho que separa la isla del continente, Hong Kong del resto. Escribiré a Javier sobre esto. A él que nació en un enclave con mar y estrecho como Hong Kong le deberán gustar este tipo de lugares que son de todos y de nadie. Ayer, un comerciante dijo que Hong Kong es un país y China es otro. Es filipino, se llama Mark Ponferrada, y trabaja en una de esas tiendas de electrónica de la zona de Tsim Sha Tsui, al sur de Kowloon. Pero no deja de ser China, le respondo yo. Sigo buscando el mar porque pretendo caminar hasta la torre del banco HSBC con el agua a mi derecha y la ciudad la izquierda, pero no puedo. No hay un paseo. Los paseantes y los peatones transitan por pasos elevados, pasarelas y túneles que comunican una oficina con otra, un centro comercial con otro, un hotel con otro. La calle, el nivel del suelo, es para los vehículos: coches, camiones, autobuses, tranvías. Intento llegar al mar, pero me detiene un adivino hindú, con barba y turbante, para decirme mirándome a los ojos que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“you’re honest to people but people are not honest to you”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;con esa cadencia de subidas y bajadas en el hablar inglés de los hindúes y con esas “tes” que suenan como “des”. Me pide que escriba en un papel un deseo y un número, a lo que le respondo que si me va a cobrar por eso, mejor lo dejamos. Yo sé que a final me va a pretender cobrar por adivinarme lo que he escrito en el papel, pero insiste en que no me va a pedir dinero. Tras una serie de preguntas de las sólo recuerdo una sobre las horas que había dormido esa noche (seis, le dije), abre un cuaderno y escribe exactamente lo mismo que yo había escrito en papel. Me sorprendo, claro. Pero prefiero pensar que lo pudo ver, o que lo vio una tercera persona sin que me diera cuenta, y mientras él me entretenía con el cuestionario, le iba diciendo a mis espaldas con un sistema de signos como el de los jugadores de baloncesto o de rugby lo que yo había anotado. Por fin veo el mar y Kowloon al frente. Es precisamente en una de las paradas intermedias que había previsto, el Centro de Convenciones en el que el 1 de julio de 1997 se simbolizó la entrega de Hong Kong y todos los territorios adyacentes a China: Noche, fuegos artificiales, camiones con soldados del Ejercito Popular de Liberación cruzando la frontera, toma de los cuarteles antes ocupados por el ejército británico. Todo en directo, antes casi de la existencia de Internet, en la CNN. Ahora es un lugar donde los chinos de la República Popular se hacen fotos. Una estatua de bronce recubierta con pan de oro recuerda el momento.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;El mar es gris, espejo del cielo de esta ciudad en verano. Pienso en las palabras del adivino hindú y me pregunto si serán verdad o si son únicamente un modo para captar la atención del turista. Me conformo creyendo que no debo ser el único a quien se las ha soltado, pero ¿no es cierto que hasta cierto punto todos creemos ser las personas más honestas al tiempo que los demás no lo son con nosotros? Es una especie de placebo psicológico. Debo torcer el camino. No hay más paseo y la acera me lleva hacia el interior de la ciudad. El mar se acaba. No encuentro un paso de cebra para cruzar de nuevo Gloucester Road, pero sí un viaducto de peatones al que accedo por una rampa en espiral que me deja en unos jardines elevados, como todo en esta ciudad de torres que parecen estacas y lanzas clavadas en el suelo. Una máquina agujerea el suelo y fija los cimientos de una nuevo rascacielos. Los curiosos se agolpan mientras la grúa, como si fuera un martillo va introduciendo vigas de hierro de veinte metros hasta dejarlas inmóviles, atrapadas en la tierra siempre húmeda de Hong Kong. Otro desvío que me aleja más del mar, pero me acerca a la torre del Banco de China, un prisma cerrado cuyas formas cambian a los ojos del viandante según el reflejo de la luz. Lo veo al fondo, junto a otras torres que se reflejan en ella y no soy capaz de adivinar si es cuadrada o triangular, si es más ancha en la base que en la cima. Es una especie de juego que se le propone al observador. Se trata de no averiguar su forma real, justo como el adivino hindú, que pretendía hacer pasar por proeza mental lo que era un simple juego de ilusionismo. Me paro y anoto en la agenda que tanto el Banco de China como el HSBC emiten la moneda de Hong Kong, el dólar. Y los billetes llevan sus logotipos, como en los primeros años del capitalismo cuando no había bancos centrales, y cualquiera con posibles emitía moneda, cuyo valor dependía de la solvencia del emisor. Justo igual que ahora cuando compruebo que el euro vale cada día menos. Levanto la vista y me encuentro de frente con la sede del HSBC, la torre-mecano que diseñara Norman Foster, subo las escaleras mecánicas y comienzo a grabar:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&amp;nbsp;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 12px; white-space: pre;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/K_4b10LsAMU&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/K_4b10LsAMU&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 12px; white-space: pre;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Una mujer me espera al final de la escalera, en la bajada. La veo desde lo alto, traje claro y cola de caballo, pero no mira hacía arriba, sino que más bien disimula. Se me acerca cuando pongo el pie en tierra y apago la cámara. Me saluda educadamente y me pregunta si no era yo el que pocos días antes grababa un concierto improvisado en la acera del edificio Shiyorama, &amp;nbsp;en el centro de Tokio. La miro con estupor y le respondo afirmativamente. El mundo está lleno de causalidades en las que no creo, me digo a mí mismo. Ella, como adivinando mi pensamiento, sonríe. Y acto seguido me dice: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;“Yo sí vi a Dionne Warwick”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;. El mundo está lleno de realidades que se hacen pasar por fantasías.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-8337826658011722359?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/8337826658011722359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/en-la-isla.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8337826658011722359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8337826658011722359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/en-la-isla.html' title='En la isla'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBiEBF10rtI/AAAAAAAAAgM/nTWA6Ry98_Q/s72-c/Hong+Kong+y+el+ferry.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-4279052314096580467</id><published>2010-06-14T10:20:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T17:07:36.333-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Galápagos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Conrad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='República Dominicana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Victoria</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: large;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: black; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Finalmente escribí a Javier. No tenía mucho que decirle aparte de agradecerle las fotos de República Dominicana que me envío. En realidad, sí hubiera tenido qué contarle, pero no estaba con ganas de explayarme más allá de esas frases hechas que se cuentan sobre los sitios que se visitan: que si Tokio es estupenda, que si se come bien o que si el tiempo acompaña. Tengo pocas ganas de contar o puede que en realidad no tenga demasiado que contar. Al rato, Javier contesta “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;sin intención de distraerte de la seguramente cautivadora Tokio&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;”. Escribe, además, lo siguiente:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 1cm; text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;“Hace un par de días, nuestro colega danés Jesper Pedersen (¿Lo recuerdas? Creo que ha coincidido contigo en Etiopía. ¿No fue él a quién tuviste mandar de vuelta a casa porque se lió a ostias con su conductor) ha enviado un mail a todos los de la compañía. Comenta que ha mandado un informe a la central en Bruselas con una serie de críticas a las condiciones en las que desarrollamos nuestro trabajo, así como una cuantas medidas que cree ayudarían a mejorarlo. Como quiera que en Bruselas no le han querido responder, ni tampoco le invitaron a la reunión anual de 2009, nos ha enviado el informe a todos, unas 600 personas!!! Lo primero que me viene a la cabeza es cómo ha conseguido mi dirección de correo y la de los restantes 599. Imagino que alguien en la central se las ha debido pasar, ya sabes lo que vale tener un amigo o amiga en ciertos puestos. Aún así, me imagino que no debe ser muy legal hacerse con tantas direcciones, ¿no crees? Le escribí sobre eso y me contestó que como somos colegas, aunque no nos conozcamos personalmente, y el tema interesa, pues que no ve ningún problema en enviar mails no solicitados… Vuelvo al tema que me enrollo más que una persiana: he leído el informe, 25 páginas en un inglés a veces mal redactado, sin mucho orden, pasando de un tema a otro sin lógica. De lo que he podido deducir, propone que nos suban el sueldo, lo que no está mal, aunque ahora no debe de ser el mejor momento, y una clara redefinición de tareas y responsabilidades. O sea, nada que no sepamos; o al menos, nada que no sepamos tú y yo. Ah, y que contraten el seguro médico con otra aseguradora”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 1cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 1cm; text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;He ojeado el informe y coincido con su apreciación, aunque no fue a Jesper a quien tuvimos que mandar a casa. Digo tuvimos porque en realidad, la decisión no la tomé únicamente yo, aunque al estar prácticamente solo en Adis Abeba en ese momento, mi nombre apareció en todos los correos. Fue a Heinz, un austriaco culturista con cara de inocente pero cerebro retorcido. No costó trabajo mandarlo de vuelta a casa: cuando uno se dedica a pegarse con el conductor en vez de a hacer su trabajo y, además, se jacta de ello, lo mejor es rescindirle el contrato y que no vuelva más. Llovía ese día de julio en Adis Abeba. Hacía frío en la oficina. Apareció Heinz, vestido como un turista de mochila y bocadillo, y empezó a contar que si su conductor bebía, que si tenía una botella con alguna extraña bebida etíope escondida en el coche y que de vez en cuando le daba tragos. Que si era un mal conductor. En fin, acusaciones que podían ser verdad, pero que no ocultaban lo principal: que Heinz se lió a puñetazos con el conductor, cuyo nombre ya no recuerdo, porque no le dejaba hacer fotos a un puente sobre el Nilo Azul que habían cruzado o estaban a punto de cruzar. Hay países donde no se le puede hacer fotos a los puentes y Etiopía es uno de ellos. Además, en este caso, como corroboró la interprete que presenció la pelea, había un cartel en inglés prohibiéndolo expresamente. Como Heinz hizo caso omiso tanto del cartel como de la advertencia del conductor, éste le quiso arrebatar la cámara, iniciándose así la pelea. Que qué estás haciendo, que tú a mí no me tocas, que hago fotos porque me da la gana. De ahí a los golpes sólo había un milímetro de distancia Yo conocía el lugar de haber pasado por él unas semanas antes de aquel incidente, por lo que no tuve mayor problema ni en identificar el puente ni en entender la situación. Un representante internacional de la compañía no puede, tenga o no tenga razón, comprometerla con un altercado de esa índole.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Hay cosas que no se cuentan. Y por ello no sé porque cuento este incidente del que han pasado ya varios años. No es porque deban permanecer en el secreto, ni tampoco porque se pueda hacer daño a alguien al contarlas El incidente de Heinz no caería en ninguna de esas dos categorías. Sin embargo, hay veces en las que siento un enorme carga a la hora de relatar ciertos hechos. ¿Es pudor? ¿No será también desgana? “No cuentas nada”, suelen decirme a veces. Y es verdad, pero ¿qué contar? No creo que sea sano hablar tanto de uno mismo y de su anecdotario. Así que prefiero hablar de Jesper Pedersen y de la curiosidad que me concita sus nombres monovocálicos, o de su informe. Leerlo me trasladó a una novela leída hace tiempo y que, casualmente, está siendo una de las lecturas (o relecturas) de este viaje. Victoria, de Joseph Conrad. Sin embargo, no es por su argumento: Alex Heyst, un barón sueco (se supone porque Conrad, intencionadamente, no da mucha más información sobre su origen) decide retirarse del mundo y de la humanidad a una isla, Samburan, localizada en la actual Indonesia. Su estancia en aquella isla, alejada, olvidada, y su relación con otras personas presagian un trágico final a la obra, como así es. Es una de sus grandes novelas. En su informe, Pedersen se queja de que en nuestro trabajo, nos vemos obligados a trabajar lugares alejados, casi fuera de este mundo, con escasa compañía, muchas veces solos, con pocos medios y mínimo apoyo. Aislados. Heyst lo hace por voluntad propia, es un elemento más de su condición personal. En mi caso, porque me pagan por ello, aunque ello no rebaja la dureza de las condiciones de trabajo, esas de las que se queja Pedersen. En su deseo de retirarse del mundo, Heyst acepta un empleo con una compañía minera inglesa que lo hace su representante en la isla. En mi trabajo, representamos &amp;nbsp;tanto a nuestra compañía que las personas con las que tratamos nos ven como “la compañía”. Como en Victoria, en nuestro trabajo topamos con personas variopintas. Así son muchos de sus personajes: Lena, Morrison , Schomberg, su esposa. Así es Heinz, el austriaco, o el propio Pedersen, que se apodera con una lista de correo de 600 nombres y encuentra raro que alguno se pregunte sobre si es lícito obtener sin permiso direcciones privadas de correo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Y si Heyst se retira del mundo a una isla lejana por voluntad propia, ¿no estoy haciendo yo algo parecido retirándome por un tiempo de mi mundo, dando la vuelta al mundo sin más enlace que un ordenador y una cámara?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-4279052314096580467?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/4279052314096580467/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/victoria.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4279052314096580467'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/4279052314096580467'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/victoria.html' title='Victoria'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-3264259370766055672</id><published>2010-06-11T17:11:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T16:52:41.322-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tokio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Un concierto escrito</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 12px; white-space: pre;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 12px; white-space: pre;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/j2m3tS-2Jns&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/j2m3tS-2Jns&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Asisto a un concierto improvisado en la calle. Tan improvisado que no creo que nadie se dé cuenta de que los músicos están preparándose en la misma explanada donde la gente toma café o almuerza en delicadas mesitas de terraza. Todo en Tokio es elegante, hasta las sillas de las terrazas, de metal oscuro, ligeras, nada del plástico blanco roñoso que usan en otras latitudes. Hasta los atriles de los músicos, también ligeros, también oscuros, son delicados. A mi lado, sin tomar nada, ni siquiera un café como hago yo, una señora mayor parece que espera. Unos pocos metros más adelante, hacia la izquierda, alguien ha levantado una pequeña carpa. Unos carteles anuncian algo. Sigo con mi café de media mañana sin percatarme, poco observador que soy, de lo que pasa a mi alrededor. Consulto mi guía, consulto mi cuaderno y escribo que han pasado ya cuatro días desde que llegué a Tokio y aún no he sido capaz de encontrar una crema protectora solar. A lo lejos oigo un trombón. De la carpa salen cinco músicos, cada uno con un instrumento de viento bajo el brazo: dos trompetas, trombón, trompa y tuba. La señora, menuda y delgada, da un respingo, se levanta y se dirige hacía donde toca el conjunto. Mientras me tomaba el café, alguien había comenzado a llenar el espacio de sillas para poder disfrutar gratis de un recital. Decido seguirla, cojo el vaso y la mochila, meto dentro la guía y el cuaderno, saco la cámara. Me siento delante de ella y comienzo a grabar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Nunca hasta este viaje he sentido la necesidad de registrar lo que voy viendo, lo que voy oyendo, lo que voy comprando, lo que voy ¿sintiendo? Es más, hasta hace dos días no he tenido más cámara fotográfica que la que me ofrecía el teléfono móvil. No se puede viajar por Japón sin toparse a cada momento con algún aparato de alta tecnología: está en las pantallas planas del metro que emiten publicidad, en los cuadernos electrónicos de todos los camareros y camareras en cuyos caminos me he cruzado, en el vehículo sin conductor que te lleva de una terminal a otra del aeropuerto de Narita, en los anuncios luminosos de Ginza y Akihabara, en las televisiones de imágenes tridimensionales que están ya a la venta en todas las tiendas. ¿Tendrá que ver con ese afán por la exactitud, por la precisión en todos los detalles, por la delicadeza con la que envuelven un paquete, por la eficiencia con la que atienden en bares, restaurante y tiendas? ¿Guarda alguna relacion con la limpieza inmaculada de las calles, del metro y de todos los espacios públicos y privados, o con la sofisticación en el atuendo de los jóvenes que pasean por Omotesando o Shibuya? ¿No es cierto que la tecnología es a la precisión lo que la ignorancia es a la imprecisión? Mi última cámara de fotos desapareció, robada, de una pensión de la ciudad vieja de Jerusalén. Guardaba las imágenes en una película cubierta de emulsiones químicas que permitían que la luz quedase allí grabada, congelada, fijada. Mi nueva cámara guarda elementos binarios de información en una tarjeta de memoria de 16 gigabites que luego transforma en imágenes tan asombrosamente parecidas al objeto retratado que casi se diría que lo mejora. Pero no lo inventa. También guarda sonidos e imágenes en movimiento. La música, por ejemplo, el ruido del tráfico, los músicos tocando sus instrumentos de viento, los coches y peatones que cruzan las calles de esta ciudad. Me pregunto si tiene alguna utilidad que registre todo eso, si dentro de algunos años miraré en algún disco duro perdido esas imágenes y sonidos que grabé en esta ciudad en seis días de junio de 2010. No es lo mismo grabar que escribir. ¿O sí?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Sigo grabando. En uno de los intermedios, el músico de la izquierda, que parece hacer también de director, presenta a sus compañeros. Mira al situado a la derecha del conjunto y dice algo que acaba con un “Michael Jackson”, lo que provoca la risas contenidas del público. Lo miro con más detenimiento y entiendo porqué. Continúan con canciones y melodías norteamericanas de los sesenta y setenta con el sello inconfundible de Burt Bacharah. De la carpa sale una mujer espigada, elegante, traje largo y pelo corto, Dionne Warwick. Los músicos dejan sus instrumentos en el suelo y aplauden. Yo aplaudo, la señora mayor aplaude. Ella sonríe, muestra sus dientes blanquísimos, y me acuerdo de una foto de su sobrina, Whitney Houston, tirada en el suelo junto a unos cartones, abandonada al “crack”, mostrando unos dientes sucios, marrones, picados. La trompa entona las primeras notas y Dionne empieza a cantar “What the World needs now is love”con su voz elegante, casi sensual, discreta, exquisita. De los edificios cercanos comienzan a bajar decenas de oficinistas, ellos de traje negro, camisa blanca, corbata oscuras, ellas con medias y zapatos de tacón, algunas con paraguas para protegerse del sol. Muchos sacan sus móviles y graban el momento. Dionne sigue, mira al público que se agolpa en la plazoleta. Canta sin micrófono, pero no lo necesita, al igual que los músicos: la gente la escucha en silencio, casi conteniendo la respiración, gozando cada instante de los tres minutos y quince segundos que durará la canción, cada acorde, cada nota. Vuelve a entrar la trompa en solitario y eso indica que la canción va camino de su fin; cada vez más suave, lentamente, más bajo. Acaba la trompa y Dionne saluda mientras el público aplaude apasionada pero educadamente, cariñosamente, sinceramente. Agradecido. Compruebo que esté todo en orden en la cámara y cuando levanto la cabeza veo que Dionne Warwick no está, que tal vez nunca estuvo, que los músicos tocan ahora Nacida Libre y que no hay más público que antes de que llegara ella, que no bajó nadie de las oficinas a escuchar el concierto, que la gente transita por la plaza como si nada especial estuviese pasando. Que sólo la señora mayor que esperaba algo, otras cinco personas más y yo seguimos allí. Decido irme y recojo mis pertenencias. Al pasar por delante, la saludo levemente y ella me señala el lugar que yo había ocupado; me doy la vuelta, pero no logro comprender qué me quiere decir. Insiste, marcando con el dedo índice de su mano derecha la silla que yo ocupaba, y veo la funda de la cámara que me estaba dejando olvidada. La recojo, le sonrío en agradecimiento. Yo sé que ella también ha visto a Dionne Warwick cantar en esa plazoleta hace pocos minutos. Ella sabe también, como yo sé, que es imposible que mi cámara haya podido grabar esos momentos. Pero las palabras sí que lo recogen.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 12px; white-space: pre;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-3264259370766055672?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/3264259370766055672/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/un-concierto-escrito.html#comment-form' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/3264259370766055672'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/3264259370766055672'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/un-concierto-escrito.html' title='Un concierto escrito'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-5703941278668207719</id><published>2010-06-10T10:04:00.000-07:00</published><updated>2010-08-12T12:10:40.400-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tokio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Registro</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBEajgeh3gI/AAAAAAAAAfo/iA52K8fR_JQ/s1600/DSCN0134.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBEajgeh3gI/AAAAAAAAAfo/iA52K8fR_JQ/s1600/DSCN0134.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBEajgeh3gI/AAAAAAAAAfo/iA52K8fR_JQ/s640/DSCN0134.JPG" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Estoy en la papelería Delfonics, en un centro comercial en la calle Omotesando de Tokio. Compro un cuaderno de esos de tapas de cuero falso y esquinas redondeadas. Compro también una grapadora marca de la casa, o sea también Delfonics, de color fucsia, y grapas color lima. El cuaderno, las grapadora y las grapas se convierten en compañeros de viaje porque marcan el ritmo de mis días. Que si tomo un dulce de alubia &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;azuki &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;en la pastelería Toraya, pues grapo el recibo en la agenda. Que si cambio euros por yenes (cada día me dan menos), la factura queda incluida para siempre en la agenda. Si veo algo que me llama la atención, lo anoto en el cuaderno con el bolígrafo marca Lamy de adolescente diseño japonés. Transcribo las notas porque mi caligrafía de zurdo es totalmente ilegible para los no acostumbrados:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;u&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;otas de viaje&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;10 de junio 2010&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Extremadamente limpio;&amp;nbsp;Extremadamente educado;&amp;nbsp;Cerveza Chabuya;&amp;nbsp;Noodles riquísimos. Mucho hidrato de carbono; Poca fruta, poca verdura;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: line-through;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Kenzo Tage&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;9 de junio 2010&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Trajes negros: duermen, muchos se entretienen con el móvil, pocos leen.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;8 de junio 2010&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: x-small; font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: line-through;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Detectores: sonrisa, WC;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="text-decoration: line-through;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Señora con cochecito y perro. Nadie mira, nadie se extraña. Entre Kamiyacho y Roppongi;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Mail a Javier;&amp;nbsp;Mejor noche que día&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Si sólo existiese un adjetivo para describir la sensación que me produce la papelería, éste sería “exquisita”. No ocupa un edificio diseñado por alguno de los más renombrados arquitectos del momento, como otras tiendas de la zona. Está situada en un centro comercial, pero dentro de él no se ubica en la zona mejor localizada. Tampoco es elegante o, al menos, no trasmite&amp;nbsp; esa sensación de exclusividad y unicidad que caracteriza la elegancia, porque no vende nada que no se encuentre en cualquier otra papelería de Tokio o de cualquier otra parte del mundo. Al fin y al cabo, aunque exquisita, se trata de una papelería. Sin embargo, los empleados, al contrario que en muchas ciudades europeas en tiendas de similar prestancia, no son ni arrogantes ni antipáticos. Más bien al contrario, intentan ayudar con su escaso inglés al cliente que sólo sabe decir dos palabras en japonés. Pido pegamento en barra, o pegamento de cualquier tipo para pegar papel. La dependienta entiende&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;ruler&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; (regla) y no &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;glue stick&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; y me lleva al estante donde están todas las reglas. Cuando le repito &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;glue stick &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;y hago los gestos de coger dos trozos de papel, poner algo sobre la superficie de uno de ellos y juntar ambos, me dicen que no tiene. Pido entonces una grapadora pequeña y la joven, toda educación, toda amabilidad, me conduce hacía el estante donde un minuto antes un objeto plano de color fucsia me había llamado la atención, fuera por el color, fuera porque no lograba entender para qué podía servir. Y servía para lo que yo &amp;nbsp;estaba buscando: para grapar. Me enseña otros colores del mismo modelo: verde, azul, negro, pero insisto en que quiero la fucsia: la agarra, coge también un paquete de grapas y se lo lleva todo al mostrador. Toda eficiencia, toda sonrisa. Cuando me marcho con mi compra perfectamente embalada, pienso en un cliente japonés intentando comprar lo mismo en una papelería de cualquier ciudad española. La papelería Delfonics ha marcado hoy mi ritmo. Miro en la Wikipedia y averiguo que Delfonics era un grupo de Filadelfia, allá por los años sesenta del pasado siglo. Escucho algunas de sus canciones mientras escribo: voces negras que cantan como Smokey Robinson. Soul.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Intento llevar un registro de mis pasos y mis días en esta ciudad. Por eso no he contestado ningún mail, porque lo que me llega del exterior me suena lejano y extranjero, como si los que estuviese fuera de lugar fueran los demás y no yo, que vivo como un nómada. Ni he contestado siquiera a Javier, que me escribió hace un par de días recomendándome sitios en los que él no ha estado y libros que no ha leído. Al menos lo reconoce, me digo mientras abandono el centro comercial y salgo a la calle. El día continúa soleado y caluroso. Subo la calle hacia la esquina con Meiji Dori. En el semáforo, una turista, seguramente americana, me pregunta dónde está el cruce de Shibuya: al principio no entiendo por qué a mí pudiéndolo hacer a cualquier japonés que en ese momento pase por nuestro lado. Comprendo al instante que prefiere la seguridad que le puede dar la respuesta inexacta de un occidental tan turista como ella, que el riesgo de no entender la contestación de un japonés. Prefiere que le contesten algo inexacto e inmediato, pero en su idioma, que algo exacto en un idioma que no entiende. La turista obtiene lo que solicita, porque no sé exactamente donde queda el cruce, ese que atraviesan tantas y tantas personas al día, así que le digo vagamente que tuerza a la izquierda. Veo que tiene un mapa en la mano, pero no me molesto en señalárselo. Yo tuerzo a la derecha en busca del estadio del parque Yoyogi, construido para los Juegos Olímpicos de 1964, con ese techo que parecen los pelos erizados de un gato en tensión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;De mañana no pasa que conteste a Javier.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBEatIhlhZI/AAAAAAAAAfw/hAJQWtZpzBY/s1600/DSCN0141.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBEatIhlhZI/AAAAAAAAAfw/hAJQWtZpzBY/s640/DSCN0141.JPG" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Lucida Grande'; font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-5703941278668207719?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/5703941278668207719/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/registro.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5703941278668207719'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5703941278668207719'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/registro.html' title='Registro'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TBEajgeh3gI/AAAAAAAAAfo/iA52K8fR_JQ/s72-c/DSCN0134.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-8263793121009663380</id><published>2010-06-09T03:35:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T16:45:34.747-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tokio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Detectores</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 12px; white-space: pre;"&gt;&lt;object height="385" width="640"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/9-ZFv8V7fj0&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/9-ZFv8V7fj0&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="640" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-style: italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Tokio, cruce de Shibuya, 8 de junio de 2010, 19:00 horas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;El último modelo de cámara digital de una renombrada marca japonesa, sólo disponible por el momento en Japón, detecta sonrisas. Detecta la mía cuando una dependienta, también sonriente, me solicita una prueba. Me pongo delante del mostrador, en una tienda delante de una de las bocas de la estación de metro de Akihabara, en Tokio, coloca la cámara a la altura de mi cara y me pide que sonría. Al principio la cámara se resistió: bien debe ser la primera sonrisa europea que detectan sus sensores, bien el modo en que flexiono los diecisiete músculos de mi cara, necesarios para conformar una sonrisa, no es el apropiado. La dependienta exclama decepcionada un “oh” tan alargado que me incomoda, porque me hace creer que mi sonrisa no es lo suficientemente expresiva como para merecer ser fotografiada por la más avanzada de las cámaras digitales. Rápidamente esboza otra de sus mejores sonrisas y me pide que lo vuelva a intentar. La situación me divierte: me coloco de nuevo delante de la cámara, sonrío e incluso carcajeo y al momento puedo oír el chasquido del obturador. Al momento, la dependienta me enseña la imagen y me veo, pero no me reconozco tan sonriente. Llevo menos de 48 horas en Tokio y muchas sonrisas recibidas. Puede que forzadas, rituales, formales, educadas, pero sonrisas. Puede que alguna sonrisa nerviosa, porque los orientales expresan nerviosismo, aturdimiento, estrés también con una sonrisa. ¿Habré puesto a alguien en esta situaciones en el poco tiempo que llevo en esta ciudad? Puede que sí, porque es complicado hacerse entender y eso conlleva momentos de incertidumbre, también entretenidos y, sobre todo, aleccionadores. La primera lección es que uno debe corresponder a la sonrisa con una leve inclinación de cabeza y otra sonrisa, aunque no sea tan intensa ni tan profesional como la del interlocutor. La segunda lección es que hasta las máquinas sonríen y saludan con esa inclinación del torso cuya extensión y duración denota no tanto la importancia del quién recibe el saludo sino la insignificancia de quien saluda. Las máquinas, que por el momento no son seres humanos, ocupan el lugar más bajo en la escala y, por tanto, se agachan más y por más tiempo. Otras, dada su condición, hacen lo que pueden.&amp;nbsp;En el baño de la habitación del hotel en el que me alojo, cada vez que entro y enciendo la luz, me sonríe (y me saluda) el inodoro. O al menos eso me parece. Cuando me detecta, levanta la tapa con su único músculo disponible, un motorcillo oculto,&amp;nbsp;y empieza a emitir una serie de ruidos acuosos que yo interpreto como un “Buenos días, ¿listo para obrar? (Si es por la tarde o noche lo traduzco como un buenas tardes o un buenas noches: al fin y al cabo es un artefacto de vocabulario limitado). No tiene mal carácter el inodoro, porque comprende que no sólo se entra al baño para obrar, sino para otras muchas actividades. Así, cuando nota que, por ejemplo, entro a lavarme las manos, baja la tapa y vuelve a su estado natural callado y pétreo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;En la estación de Omote-sando, una pantalla muestra información sobre incidencias en alguna de las líneas del metro. Al final del mensaje aparece el &amp;nbsp;dibujo animado de un señor con kimono que dobla torso por la cintura hasta casi tocar el suelo con la punta de la nariz. Las máquinas, sin embargo, no solo detectan a los seres humanos para saludarlos, sino también para despedirlos o impedirles la salida del metro. Los tornos que permiten salir de la estación detectan si has introducido o no el billete: si lo haces y la tarifa es la correcta, te dejan pasar, si no lo has introducido o tienes que pagar un suplemente, se te cierran las puertas. Pero son bien intencionadas, porque las puertas siempre están abiertas y sólo se cierran cuando se intenta pasar sin billete, o con un billete de tarifa equivocada. Sin embargo, no creo que logren detectar estados de ánimo.&amp;nbsp;Tampoco las personas. Una mujer joven con un carrito de niño entre las estaciones de Kamigacho y Roppongi intenta calmar a su perro que empieza a ladrar dentro del vagón. Nada hay de especial en ésto, sólo que tal vez no se admitan perros en el metro. Por esa razón, el animal va dentro del carrito, cubierto con una capota para seguramente burlar la prohibición. Nadie en el vagón dice nada. La mujer está junto a una de las puertas cuando el perro emite un primer ladrido ahogado, agudo, corto, que casi se podría confundir con el llanto de un bebé. Intenta calmarlo, pero al contrario que cualquier madre con su criatura, no levanta la capota para acariciarlo o para que el pequeño lo vea, sino que lo silencia con un chasquido de la lengua. En vano. El perro ladra ahora con más intensidad y ánimo, como si se alegrase de que un empleado del metro descubriese a la mujer en aquel trance. Pero no sucede: los otros viajeros consultan afanosamente sus teléfonos móviles, envían mensajes, leen noticias; muchos dormitan. No parecen sorprenderse ante el espectáculo, o si se sorprenden, no lo demuestran. El convoy baja la velocidad y miro rápidamente intentando buscar el nombre de mi estación. Lo detecto y me bajo, mientras la señora, cada vez más nerviosa, se afana en hacer callar al perro. A ella nadie ha querido detectarla, pero estoy convencido de que a mí, el único europeo del vagón, me detectaron nada más entrar. Y no me saludan: espero al torno de la salida para escuchar un nuevo “arigato” y a la pantalla de información para que el señor del kimono se incline ante mí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-8263793121009663380?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/8263793121009663380/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/detectores.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8263793121009663380'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/8263793121009663380'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/detectores.html' title='Detectores'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-5958073547281308705</id><published>2010-06-05T11:17:00.000-07:00</published><updated>2010-06-05T11:19:05.503-07:00</updated><title type='text'>Ramón Santana</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TAqUGsc9W9I/AAAAAAAAAeo/fcHpgc74N4s/s1600/0511+Colmado.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="300" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TAqUGsc9W9I/AAAAAAAAAeo/fcHpgc74N4s/s400/0511+Colmado.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Al final nunca pude llegar a Ramón Santana. Escribo ahora desde Madrid y no desde San Pedro, a donde regresé hará unos pocos días, los justos para embarcarme de nuevo. Preparo lo necesario para un nuevo viaje y compruebo que cada vez necesito menos cosas, pese a que en cada viaje la maleta siempre va más llena de artefactos y ropa que nunca uso. Un pasaporte en vigor, algo de dinero en efectivo, tarjetas de crédito, un seguro de viajes. Me falta lo principal. Comunico a mis personas cercanas mi decisión y les miento: digo que es una viaje que llevo pensando hacer muchos años, aunque no es hasta ahora que me atrevo a&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;llevarlo a cabo. No es verdad. Salgo dentro de 22 horas y sigo sin atreverme. El billete está comprado, el alojamiento reservado, los lugares a visitar comprobados en internet, los itinerarios revisados. No hay nada de aventura en este viaje y no habría por tanto nada que temer Sin embargo, se apodera de mí la sensación de que existe algo que escapa al control más rutinario y lógico. No es la ropa de invierno que tengo que incluir en la maleta o la validez del pasaporte y las tarjetas. Tampoco la inseguridad de que una reserva de hotel hecha hace días desde una casa en el centro de Madrid haya sido tenida en cuenta en la recepción de un hotel en Tokio, Hong Kong, Sydney o Auckland. Estos procedimientos, por increíble que pueda parecer, funcionan con perfección celestial. Ni siquiera que me impidan el paso en alguno de los muchos controles de seguridad que atravesaré en estos días. Los amigos y la familia sé que me envidian, que les gustaría estar en mi piel y disponer del tiempo, las ganas y la capacidad de hacer lo que yo hago. Creen que soy afortunado, y de tanto repetir una mera opinión han conseguido hacerla pasar por verdad: se ha extendido entre las personas que me son cercanas la certeza de que soy un hombre feliz y sin problemas que a cada momento hace lo que quiere. Que tiene un trabajo extraño pero interesante que le permite recorrer mundo, que no tiene ataduras, que tiene mucho tiempo libre y, por lo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: windowtext;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;tanto, mucho tiempo para pensar (...)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Recibo el siguiente correo electrónico:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Asunto: &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Foto&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: #343434;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;s Ramón Santana:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;De:&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Javier Ribera (&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="mailto:riberajav@gmail.com"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;riberajav@gmail.com&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Fecha:&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; 5 de jun. de 2010 12:43:23 (GMT+2)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Para:&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; viajante1966@hotmail.com&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Buenas, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Aquí te mando las fotos que hice en el colmado de Ramón Santana tal y como me has&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;pedido.¿Cómo van los preparativos de tu viaje? Envidia de la mala que me das. Escríbeme&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;y tenme al día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Besos y buen viaje mañana&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="margin-left: 4cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Javier&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Heading1" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Veo las fotos que me envía Javier y tengo la impresión de que pertenecen a un mundo que no conozco, tal es la lejanía que me separa ahora de República Dominicana. Me suele pasar. Hace años, de vuelta de un viaje a Ucrania, ya montado en el avión, empecé a revisar las fotos que tenía en la memoria de mi cámara. Apareció Lviv, oscura, gris, su teatro de la ópera, imponente, al final de un bulevar nevado. Avancé la secuencia de fotos: una iglesia de madera y hojalata en medio de la llanura y el frío. Seguí avanzando y el gris del invierno en Ucrania se transforma en turquesas y ocres de Afganistán. No lo pude resistir y apagué la cámara porque no estaba preparado para ese viaje fotográfico que me llevaba, en la misma secuencia ilógica de mi vida, de una parte a otra del mundo, del frío del Este de Europa al sol y la sequedad de Asia Central. Si no hubiera apagado la cámara, habría seguido con Indonesia y puede que tal vez Camboya al final. Me compré la cámara cuatro años antes y nunca le había vaciado la memoria. Tal vez haya sido mejor así, como si la secuencia lineal de fotos estuviese marcando las secuencias incongruentes de mi vida, como si los saltos en el tiempo y en el espacio que la cámara atestiguó dejasen en evidencia mis acrobacias existenciales. Y eso no era agradable de ver. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TAqURQUgO4I/AAAAAAAAAew/c4dtyrMeDII/s1600/0511+Anciano+colmado.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://2.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TAqURQUgO4I/AAAAAAAAAew/c4dtyrMeDII/s400/0511+Anciano+colmado.jpg" width="300" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La primera foto muestra un colmado en penumbra con un mostrador pintados de azul turquesa. En primer plano, una niña mira a la cámara con cierta extrañeza, desafiante, como si fuera consciente de que Javier le estaba robando su mirada, sus trenzas. Tiene algo de cohibida y de desafiante esa mirada. La luz entra en la tienda a través de las dos puertas que dan a dos calles distintas. Una tienda en esquina es una tienda importante y esta, viendo la abundancia y variedad de latas en los estantes, debería ser la más importante de Ramón Santana. Detrás del mostrador, las dependientas también miran pero no a la cámara, sino al extranjero blanco que entró a comprar un botella de agua y se lleva además dos pares de ojos que le contemplan con indiferencia y distancia. En la segunda de las fotos no se puede percibir lo que realmente impacta. Ya me comentó Javier que el anciano de la fotografía hablaba a duras penas, con un micrófono apoyando en la garganta, sin laringe, sin cuerdas vocales, modulando la salida de aire con impulsos parecidos a eructos que, pese a todo, le permitían comunicarse. La foto habla también de la soledad que debe sentir alguien que sabe que los sonidos que salen de esa garganta vacía producen asombro, puede que rechazo o incluso miedo en quienes los escuchan. Aunque yo no haya estado nunca en Ramón Santana, creo que de alguna manera sí he estado en ese colmado y he escuchado la voz metálica y cavernosa del anciano tan cercana que podría estar ahora mismo conversando con él. Inmediato. A golpe de teclado y de click. Tras mirar de nuevo las fotos que Javier me ha enviado y que tanta información contenían, me doy cuenta de que viajo para comprobar que Internet no miente, de que esos lugares que visitaré son reales. O sea, que comprobaré que Tokio, Hong Kong, Sydney, Auckland, Santiago, Brasilia y Río de Janeiro son ciudades y no fotos detalladas que se han tomado desde algunos de los satélites que orbitan sobre nuestro planeta. Planeo itinerarios, memorizo recorridos en metro y autobús, ojeo los menús de los restaurantes en los que pienso comer, decido si subiré a la torre de Tokio o algún de los rascacielos del Shiodome para contemplar una vista infinita de la ciudad. Visito la bahía de Sydney desde la pantalla de mi ordenador. Leo y veo la arquitectura de Oscar Niemeyer antes de pisar los edificios que construyó en Brasilia. No creo que nada de lo que vea me impresione o, al menos, sea muy distinto de cómo se ve en Google Earth o en las miles de páginas que informan sobre esos lugares que conozco tan bien como si hubiera estado ya en ellos, tan bien como conozco Ramón Santana a través de dos fotos, sin haber estado nunca allí. En el fondo, no viajo para ver &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;in situ&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;, sino para verme mejor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Apunto en mi agenda que tengo que contestar a Javier para agradecerle las fotos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TAqUfb1vA9I/AAAAAAAAAe4/u3OSfc-qdSo/s1600/Captura+de+pantalla+2010-06-05+a+las+19.31.49.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="282" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TAqUfb1vA9I/AAAAAAAAAe4/u3OSfc-qdSo/s400/Captura+de+pantalla+2010-06-05+a+las+19.31.49.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="Body1" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 35.45pt; margin-right: 63.45pt; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-5958073547281308705?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/5958073547281308705/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/al-final-nunca-pude-llegar-ramon_05.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5958073547281308705'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/5958073547281308705'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/06/al-final-nunca-pude-llegar-ramon_05.html' title='Ramón Santana'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/TAqUGsc9W9I/AAAAAAAAAeo/fcHpgc74N4s/s72-c/0511+Colmado.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-1688358799365864498</id><published>2010-05-31T15:33:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T16:35:59.185-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='República Dominicana'/><title type='text'>Casualidades</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Javier Ribera nació en el preciso momento en que el cantante Raphael actuaba en el auditorio de su ciudad. Cuento esto, que él mismo me ha referido en alguna de esas cenas de buffet que compartimos estos días, no porque crea que sea especialmente relevante, sino porque resulta anecdótico. Nuestros propios nacimientos los solemos considerar como hechos en sí mismos, sin que tengan que relacionarse con otro hecho que ayude a fijarlos en la memoria. Sin embargo, no debía ser así en las épocas en las que ni existían los registros civiles ni la gente tenía especial interés en apuntar los hechos relevantes de sus vidas. Así, no era posible recordar la fecha exacta de un nacimiento, primero porque la gente no sabía en que día vivía y, segundo, porque se ligaba a un hecho más importante que el propio parto, como podría ser una tormenta que se arruinase la cosecha, la estación del año en el que acaeció el nacimiento o algún otro hecho que fuera digno de recuerdo. Más que el propio nacimiento. Y Javier no menciona la fecha de su nacimiento, no porque no lo sepa, sino porque encuentra más interesante contar qué paso ese día. En cualquier caso, Javier Ribera nació el 16 de julio de 1966 en su casa, casi a la misma hora y a pocos centenares de metros del lugar en el que cantante Raphael ofrecía una actuación en honor a la onomástica del día, la Virgen del Carmen. No me imagino yo a Javier de recién nacido. En realidad, no imaginamos a nadie en esos primeros días. Nos aturde pensar que lloran desconsoladamente sin que se logre saber por qué, nos exaspera que no sean capaces de expresarse de un modo coherente, o que nos miren con unos ojos enormes y abiertos y les sea imposible vernos porque aún no han desarrollado completamente el sentido de la vista. Tampoco a nosotros mismos: no somos capaces de verlos y vernos en esa condición indefensa y totalmente dependiente. Me sorprende esa anécdota y, sobre todo, que alguien empezara la narración de su vida contando su propio nacimiento o las circunstancias en las que vino al mundo. Se cuenta como propio lo que se recuerda, pero no lo que nos ha sido referido. Que a la misma hora en el que él nacía, Raphael, entonces una joven promesa, cantase en un auditorio de verano ante toda la sociedad local, tuvo que serle contado por alguien porque, evidentemente, él no podía recordarlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;–La comadrona, siempre que me veía por la calle, ya de niño, me decía que no le había dejado ir al concierto –comenta Javier divertido. El coche sortea el tráfico de San Pedro. La calle Francisco Caamaño hierve a esas horas de la mañana, mientras Milton sortea camiones y motos y se para pacientemente en los semáforos y cuenta bisbiseando los segundos que faltan para que salten a verde. Hierve de calor y de gente que cruza, de autos que se paran en las esquinas, hierve con la música que sale de los colmadones, esos establecimientos mitad bar, mitad tienda, que atraen a sus clientes con el uso desenfrenado de los decibelios y alcohol. Hierven los cables que cruzan la calle, el agua con el que los niños limpian los parabrisas de los coches en los semáforos. Hervimos dentro del coche porque el aire acondicionado no funciona demasiado bien. Dejamos el estadio de béisbol a la a un lado, el coche avanza unos metros y tuerce a la izquierda. Parados en un nuevo semáforo del que cuelga un cartel con la texto "calle Independencia", oigo decir a Javier, sentado como siempre en el asiento delantero, que la casa donde nació está en una calle con ese mismo nombre. Yo no creo demasiado en las casualidades, así que opto por pensar que no debe ser nada extraño que el mismo nombre se repita en los callejeros de dos ciudades alejadas por 6.502 kilómetros de océano. Que en ambas, un acontecimiento al que denominaron independencia mereció el honor de la permanencia, sin que nadie en una y en otra sepan muy bien qué honran. Serían dos independencias distintas: una, la dominicana, de Haití, otra, la española, relacionada con la guerras napoleónicas y la resistencia al invasor francés. Milton va alejando el coche de la ciudad. Adelanta a camiones renqueantes, cargados hasta el cielo con cañas, en su camino a los ingenios de los que saldrá el azúcar, el alcohol, el ron. La carretera atraviesa una llanura en la que el aire caliente apenas deja entrever en la lejanía la presencia de las montañas, las primeras que veo en la isla. El Oriente dominicano en el que me encuentro se caracteriza por ser plano y en él se cultiva casi exclusivamente la caña. Uno podría perderse dentro de esos campos en los que la altura de las cañas, la cercanía de unos plantones con otros y sol que cae a plomo ya a esas horas, se revelan como los ingredientes del cóctel perfecto para un relato de terror. Un asesinato en la noche, un cuerpo arrastrado hacia el interior del cañaveral, donde más densa y más alta crece la caña y donde nadie lo encontraría hasta la siguiente zafra, si no lo devoran antes las alimañas. O el encabezado de escena en un guión de película: unos campesinos que con sus machetes en la mano cortan la caña sin descanso, hasta que de repente alguien deja de cortar, conmovido y asustado al encontrarse con una masa amorfa de carne y huesos con apariencia humana. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Javier grita. Yo grito. Yeanette, nuestra colega dominicana, grita. Milton ha tomado una salida a la izquierda de la carretera y se mete en dirección contraria hacia la autopista 3, que en ese preciso instante, casualmente, está vacía, permitiendo que el coche gire sin problemas 180 grados para incorporarse al sentido de la marcha. Yo sigo sin creer en las casualidades. El susto reanima a Yeanette que dormitaba a mi lado mientras yo me entretenía con las casualidades en las que no creo: que Raphael cantara a la misma hora y en la misma ciudad en la que nacía la persona que ocupa el asiento delantero derecho del vehículo. Que haya dos calles con el mismo nombre en dos ciudades separadas por 6.502 kilómetros de distancia, que no encontrásemos ningún vehículo en las decenas de metros circulamos en el sentido contrario de la marcha. Yeanette empieza a hablar y me veo obligado a abandonar mis giros mentales. Las montañas se ven más cerca y tal vez lleguemos pronto a Ramón Santana.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-1688358799365864498?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/1688358799365864498/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/05/casualidades.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1688358799365864498'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1688358799365864498'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/05/casualidades.html' title='Casualidades'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-7111036875901839228</id><published>2010-05-27T09:49:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T16:32:48.588-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='República Dominicana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Vuelta al Mundo'/><title type='text'>Fin de fiesta</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;–¿Y qué te llamó la atención de la recepcionista? –me pregunta Javier. No sé qué contestarle con cierta coherencia, porque lo único que se me ocurre es que no era como la demás. Responder eso es una obviedad. Podría contarle por qué y cuándo me había fijado en ella: una semana antes tuve que ir hasta la recepción porque la tarjeta que abría la puerta de mi habitación se había desconfigurado. “Procure no llevarla junto al celular para que no le vuelva a pasar” –me aconsejó. No me atrajo su belleza (que no tenía), aunque sí su físico, porque no se veía en ella ningún rasgo africano, tan común en otros, sino más bien indígena. Tampoco fue la sequedad con la que me atendió, obligándome a desplazarme a lo largo del mostrador de la recepción hasta donde ella se encontraba. Lo que me llamó la atención fue comprobar lo cotidiano: que la recepcionista saliera de su trabajo, como tantas otras personas hacen diariamente, y se dirigiera al banco más cercano para sacar dinero de un cajero automático, ver que no era una actriz, un personaje secundario en esa función teatral a la que asistía cada día en el hotel. Sucede igual cuando nos encontramos a personas cercanas en contextos totalmente distintos a los nos son habituales o haciendo los roles que no les corresponden. Yo de niño soñé una vez que entraba en clase y me encontraba a mi padre haciendo de profesor. Luego volvía a casa, mi madre abría la puerta, y me encontraba a mi profesor haciendo de padre. Fue un sueño, aún lo recuerdo, que me dejó algo perturbado durante varios días.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Por esto no se lo puedo decir a Javier porque pensará que sigo estando perturbado. Javier cree que soy pedante y no se corta en decírmelo. Un noche, a la hora de la cena, le pregunté cómo le caía. No creo ser demasiado distinto a nadie si reconozco que me gusta saber qué piensan de mí los demás: las páginas de contactos por Internet están llenas de personas que prefieren que sean los demás quienes lo describan a uno en vez de ser ellos mismos los que realicen ese incómodo ejercicio de introspección. Es tedioso mirarse dentro. También puede ser doloroso porque, aunque creamos lo contrario, somos terriblemente sinceros con nosotros mismos. Exploramos perfectamente nuestras interioridades, pero no levantamos un mapa de ellas; conocemos nuestras maldades, pero las dejamos ahí dentro; sabemos dónde están nuestros recovecos más oscuros,&amp;nbsp; pero pasamos de largo por ellos; dejamos las esquinas sin barrer, pero enfoscamos la fachada. Yo intento enlucirme el exterior, sea el aspecto como la expresión y evito enseñar las goteras, las vigas carcomidas y las tuberías agujereadas del interior. Y no creo ser muy diferente a los demás por eso. Me gusta además hablar en lenguas que no son la mía materna. Tuve la suerte de que mi familia se esforzó en enviarme a un colegio francés, por lo que, modestia aparte, hablo esa lengua tan bien como el castellano. Aprendí inglés en múltiples viajes por Estados Unidos y el Reino Unido y creo que lo hablo competentemente y con una buena pronunciación, tal vez algo afectadas. Lo mismo me pasa con el italiano, en el que tengo un marcado (y no negaré que algo impostado) acento meridional que aprendí durante una estancia de varios meses en Sicilia. Suelo, además, intercalar palabras en esos idiomas en mis conversaciones. A Javier, aunque no me lo haya nunca dicho, le pone muy nervioso que en una misma frase emplee palabras como &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;buffoonery&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; o &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;sconvolgente&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;, con cierta coherencia, sí, pero sin venir a cuento. O que exclame un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;indeed? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;como expresión de incredulidad en vez de un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;de&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;verdad?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; O que le envíe correos como el de hace un par de días:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 1cm; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Contributo:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;table border="1" cellpadding="0" cellspacing="0" class="MsoNormalTable" style="border-bottom-style: none; border-collapse: collapse; border-color: initial; border-left-style: none; border-right-style: none; border-top-style: none; border-width: initial; margin-left: 46.8pt; text-align: justify;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;   &lt;td style="border: none; padding: 0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; width: 2.0cm;" valign="top" width="57"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 0cm; margin-right: -5.4pt; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;De:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;   &lt;td style="border: none; padding: 0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; width: 191.35pt;" valign="top" width="191"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: left;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Viajante De Alpargatas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; (viajante1966@hotmail.es)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;  &lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;   &lt;td style="border: none; padding: 0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; width: 2.0cm;" valign="top" width="57"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 0cm; margin-right: -5.4pt; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Enviado&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;   &lt;td style="border: none; padding: 0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; width: 191.35pt;" valign="top" width="191"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;jueves, 04 de mayo de 2010   11:38:04&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;  &lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;   &lt;td style="border: none; padding: 0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; width: 2.0cm;" valign="top" width="57"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 0cm; margin-right: -5.4pt; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Para:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;   &lt;td style="border: none; padding: 0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; width: 191.35pt;" valign="top" width="191"&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;riberajav@gmail.com&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;  &lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 1cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 1cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Hola Javier&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 1cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 1cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Voilà mi contribución para nuestra puesta en común posterior. Ya están hechos los puntos bullet, para añadir los tuyos. Worth inquiring maybe sobre lo primero, hablamos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 1cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 1cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;In attesa del tuo gentile contributo,&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 1cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 1cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #343434;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;distinti saluti&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;–Hombre, eres un poco pedante al hablar –me respondió. Yo sonreí y bajé la mirada. No sólo al hablar: releo el correo anterior y añadiría que también al escribir. Sin embargo, si alguien escribiera en la correspondencia entre colegas “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;a la espera de tu amable contribución, distinguidos saludos”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;, el destinatario pensaría que además de pedante, el remitente es cursi. Así que es mejor hacerlo en un idioma extraño. En el castellano de España se ha perdido esa amabilidad, más formal que efectiva, que caracteriza a otras lenguas latinas como el francés, el italiano, el portugués o al castellano de América. Una carta oficial en cualquier país americano podría empezar con un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;El motivo de la presente es hacerle llegar un afectuoso saludo de quienes conformamos (…)”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; para, tras un párrafo lleno de parabienes, entrar en cuestión brevemente y acabar con un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“por la atención que se digne dar a la presente; y, esperando una pronta contestación, le anticipo mis más sinceros agradecimientos”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; Por el contrario, del inglés me gusta precisamente su exactitud y concisión. Lo que en ese idioma se puede decir con tres palabras, en castellano usamos cinco, como mínimo: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“Quizás merezca la pena indagar (…)”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. También la pronunciación británica, la poesía de Yeats y el teatro (en versión original) de Shakespeare, la dicción de grandes actores británicos como Richard Burton, Lawrence Olivier o, más recientemente, Ralph Fiennes. Y el té. En ello estoy: Javier se bebe un descafeinado, como es su costumbre, y yo un té, como es la mía. Son cerca de las nueve y media de la noche y desde fuera se mete en el comedor, un techado enorme abierto al exterior, la brisa que llega del mar. El aire mueve los cortinajes y los gorriones llegan desde el cercano jardín a picotear las migajas de pan y los granos de arroz que caen de las mesas. Pese a que me considera pedante, sé que en estas semanas que estamos pasando juntos se está formando una mejor opinión de mí. Nos conocemos desde 2004 cuando coincidimos en la factoría que la empresa multinacional para la que trabajamos tiene en Kiev. Hacemos básicamente el mismo trabajo, ir de país en país revisando la maquinaria, observando que la metodología de trabajo en cada una de las fábricas cumpla los estándares internacionales y los de la propia empresa. Somos &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;business travellers&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="EN-GB"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;que hemos coincidido no sólo en República Dominicana sino también en Karachi, Yakarta, Quito y Nuakchot, aunque yo, por reírme de mí mismo, me considero más un viajante de alpargatas que, en vez de recorrer pueblos en una furgoneta, recorre países en clase ejecutiva intentando que las cosas se hagan como se tienen que hacer, esto es que la hamburguesa sepa exactamente igual en Managua que en Kabul, en Phnom Penh que en Caracas, en Adis Abeba que en Ciudad de México. En todas esas ciudades y trabajos, el contacto que ambos hemos mantenido ha sido breve, pero aquí, en San Pedro de Macorís, convivimos y trabajamos juntos durante un mes y esta convivencia es la base para que la relación entre ambos se esté fortaleciendo, pese a mi independencia, pese a su independencia. Nos vemos a la hora de la cena no porque así lo acordemos, sino porque nos buscamos en el comedor al llegar, como ha sucedido hoy. Ahora estamos en la sobremesa y Javier me mira y me vuelve a decir que soy pedante, pero que la convivencia le está resultando grata, que hablo de un modo algo afectado, pero que utilizo un vocabulario rico y preciso en mis informes, que no le importa que le hable en inglés, francés o italiano porque él siempre me contestará, con toda naturalidad y sin sorprenderse de mi errático don de lenguas, en castellano. Me acuerdo de que aún no le he respondido a su pregunta sobre la recepcionista. ¿Cómo le voy a contar que lo que me ha llamado la atención es constatar que no es una actriz sino una mujer joven con un trabajo seguramente mal pagado, como tantas y tantos en aquel país? Que prefería pensar que era el espectador principal en ese teatro que un cliente más en un hotel del Caribe; que se vive mejor en la nube que en el suelo. "Tenía las orejas de soplillo" –acierto a decirle. Y no es mentira, pero no es la razón. La carcajada de Javier no oculta su decepción. Son las diez y toca ya levantarse de la mesa. Me dice que se va a tomar algo al bar. Yo prefiero no acompañarle y me voy a pasear por la playa, pero antes de que nos separemos, conscientemente, aunque sin meditar por qué es él la primera persona a quién se lo anuncio, le digo:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;–Cuando acabemos aquí, me marcho a dar la vuelta al mundo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S_6imcAOGTI/AAAAAAAAAdA/BjiwlCeyw_c/s1600/Captura+de+pantalla+2010-05-26+a+las+19.22.57.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="301" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S_6imcAOGTI/AAAAAAAAAdA/BjiwlCeyw_c/s400/Captura+de+pantalla+2010-05-26+a+las+19.22.57.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-7111036875901839228?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/7111036875901839228/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/05/fin-de-fiesta.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/7111036875901839228'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/7111036875901839228'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/05/fin-de-fiesta.html' title='Fin de fiesta'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S_6imcAOGTI/AAAAAAAAAdA/BjiwlCeyw_c/s72-c/Captura+de+pantalla+2010-05-26+a+las+19.22.57.png' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-7502861212785569811</id><published>2010-05-23T09:04:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T16:23:15.010-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='República Dominicana'/><title type='text'>La puerta</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S_lRabl__LI/AAAAAAAAAcc/UFOcPQhUOFE/s1600/0506+Funda2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="480" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S_lRabl__LI/AAAAAAAAAcc/UFOcPQhUOFE/s640/0506+Funda2.jpg" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;Recogiendo la comida&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Todas las mañanas a eso de las ocho un coche blanco aparca delante de la puerta del hotel. Casi siempre bajo la sombra de un flamboyán, pero hay días que el trasiego de clientes que entran y salen, o los autobuses que se estacionan donde menos moleste el temprano sol impiden a Milton hacerlo en aquel espacio ventilado y fresco que permite mantener el vehículo a un temperatura soportable. Milton no está gordo, pero es redondo. Mejor dicho, no está delgado, pero tiene esa corpulencia curva que redondea el cuerpo de los dominicanos sin que les engorde. Herencia africana, diría. Habla sin vocalizar y a gritos. Gritar no es una acción extraña aquí: hay a veces tanto ruido que no hay más remedio que forzar la voz. Sucede sobre todo con la música: en la radio del coche, a eso de las ocho, suena bachata, reguetón o merengue y mientras Javier se activa con esos ritmos que golpean el cerebro desde tan temprano, Milton le grita un “buen día, señor” que apenas oye entre los raspados de la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:G%C3%BCira.ogg"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;güira&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;, la percusión y los teclados. Mientras el coche avanza hacia la carretera principal, descubro a mano izquierda, contiguo a la tapia norte del hotel, una puerta de la que sale una de las recepcionistas. Deduzco entonces que los figurantes y actores secundarios usan esa puerta lateral y secundaria cada vez que entran o salen a escena. La joven mira hacia el coche con rapidez, como si se hubiera dado cuenta de que la estaba observando desde dentro. Ambos, ella y yo, sentimos la extraña, irracional e incómoda sensación de saber que no están mirando y de que nos han descubierto mirando. Digo ambos porque estoy seguro de que ella, aunque no me llegó a ver, miró hacia el coche porque se sintió vista y yo supe, una décima de segundo antes de que lo hiciera, que el siguiente movimiento de su cabeza se dirigía a buscar mi mirada. Milton cambia la emisora y Javier entona “El doctorado” por lo bajo: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=szPIgrYCxSY"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;“(…)Tengo un gran conocimiento / Yo más que eso tengo un doctorado / Tengo el corazón graduado en sentimiento /Por la nota que jamás nadie ha alcanzado”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Todas las mañanas son iguales.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;­–Ustedes se están aplatanando –comenta Milton cuando escucha el tarareo de Javier. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Javier apenas le oye, ahogada su voz por la canción de Tony Dize, pero entiende el comentario de Milton como una advertencia más que un cumplido. Si Milton está indicando una suerte de respaldo y satisfacción porque Javier conozca el último éxito de la música dominicana, éste lo entiende como la constatación de que tal vez se está adaptando muy rápidamente a los ritmos del país. Y no sólo a los musicales. Eso no le gusta demasiado porque cree que la actitud relajada de los caribeños no se corresponde con su modo de pensar ni sus organizadas rutinas. Le pone nervioso ese hablar sin mirar a la cara, frecuentemente interrumpido por el hablar de otras personas, llamadas de móviles o cambios inesperados de un asunto a otro sin haber concluido el anterior. Le parece que todo es un puro desorden, como si el caos, contrapunto del orden, fuera la fuerza que gobierna las relaciones humanas en aquel lugar del caribe. Y no, no le ha gustado nada el comentario de Milton, sobre todo porque teme que el conductor pudiera tener algo de razón. Deja de canturrear por ello.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S_lRoh1r32I/AAAAAAAAAck/G9SUeBGP_-8/s1600/peatonesporizquierda.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S_lRoh1r32I/AAAAAAAAAck/G9SUeBGP_-8/s320/peatonesporizquierda.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;El auto enfila la autopista desierta en dirección a San Pedro. La muerte del dictador Rafael Trujillo, el ajusticiamiento, se produjo también en una autopista desierta, camino a San Cristóbal. Un coche se acercó al suyo y empezó a dispararle hasta que lo dejó agujerado a balazos, ajusticiado. Así lo llaman en los libros de textos, ajusticiamiento, y no deja de ser cierto. Hasta la Iglesia absolvió a los ajusticiadores. No dejo de mirar con recelo a todos los vehículos que nos adelantan. Está llegando a San Pedro, una curva más a la izquierda y el auto atraviesa el río Higuamo. Por el camino aparecen motos que circulan en dirección contraria, vehículos que se incorporan a la carretera sin mirar, peatones que la atraviesan sin miedo aparente. Un pequeño monolito marca en la autopista el lugar exacto donde ajusticiaron a Trujillo, en la carretera que va de Santo Domingo a San Cristóbal. La autopista que lleva a San Pedro está marcada con restos de animales muertos, atropellados por los carros, guaguas, guaguitas, motos de concho&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=6205435554841415730#_ftn1" name="_ftnref" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;, camiones. Milton conduce rápido y sin saber a cuánto porque el velocímetro no funciona, así que cuando hasta los camiones adelantan el auto, incluso por la derecha, los suspiros de Javier, retrepado en el asiento delantero del coche, permiten deducir que vamos a una velocidad adecuada para las condiciones de la vía y el trasiego de vehículos y personas que transitan por ella. Hoy también, en el arcén, aparece una mujer delgada y fibrosa: se encamina hacia el viaducto en el que hace pocos días la vimos los tres tan encaramada que pensamos que iba a tirarse de un momento a otro hacia la carretera inferior. Las personas que caminan solas por la carretera siempre llaman la atención: son el huésped no invitado, el intruso, el cuerpo extraño en un lugar hecho sólo para vehículos y no para personas. “¡Peatón!: en carretera circule por su izquierda”. Y cuando se ve a alguien caminado por el arcén, se piensa inmediatamente que algo anormal ocurre o está a punto de ocurrir. Menos en África, que la gente camina por las carreteras porque no existe un vehículo que los transporte. Menos los autoestopistas, aunque cada vez se ven menos. A pocos kilómetros de San Pedro, en la autopista, una viandante sola llama poco la atención: la gente que circula por la vía ya la conocen y piensan, como Milton, que está loca. &amp;nbsp;Al fondo, el puente y el río. A la izquierda, al otro lado del Higuamo, la torre de la catedral, blanca, inmaculada como la virgen, el edificio mejor cuidado de la ciudad, no por el empeño de la Iglesia sino del Ayuntamiento, que gasta generosamente un dinero escaso en acontentar a las distintas creencias de la ciudad, como si temiera que se le volvieran en contra de no hacerlo. Son ofrendas de las que se espera un efecto cada cuatro años, cuando los dominicanos están llamados a votar en elecciones para elegir a sus representantes en el municipio y en el Congreso de la República.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Cruza el río y pocas decenas de metros después el coche enfila la rotonda de entrada a la ciudad. En sus arcenes, a esas horas de la mañana, se ve una actividad anormal. Esta mañana no es igual a las demás. El Plan Social de la Presidencia de la República ha llegado a San Pedro. En pocos minutos, camiones claramente identificados con la foto del presidente se distribuyen por los barrios marginales. Van a Villafaro, a Las Piedras, a San Antón, a Porvenir, se paran en los cruces de los caminos sin asfaltar, junto a las veredas resecas cubiertas de basura de las que florecen plasticos y estacas, latas oxidadas y neumáticos que huelen a recién quemado; llaman a la gente y empiezan a repartir bolsas con arroz, habichuelas, un lata de sardinas, una botella de aceite, otra de tomate, jabón, detergente. Más o menos, tres kilos de ofrenda a los que solo van a mirar a los centros comerciales, a los que jamás podrán bañarse en las aguas del Caribe que tienen enfrente de sus casas, azotadas por el salitre y el viento, porque están contaminadas y porque nunca les permitirían usar las de los hoteles, de aguas limpias, con sus tumbonas y sus actores vendiendo masajes, cuadros, pareos y puros. En periodo electoral, el presidente de la República no sólo reparte entre los ciudadanos mensajes de apoyo a su partido, sino que también les ayuda con la compra en aquellos barrios de casas de chapas y madera, de perros escuálidos y cabizbajos que husmean en las basuras, de mosquitos gordos que asaetan sin piedad, de niños desnudos, de jóvenes descalzos y de escuelas rodeadas de alambradas. Mañana, los camiones va a otra ciudad, a otro Villafaro. Visitan, hasta que en diez días sean las elecciones, todos los San Antón y El Porvenir del país. Yo he cruzado hoy la puerta. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr align="left" size="1" width="33%" /&gt;&lt;div id="ftn" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=6205435554841415730#_ftnref" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt; Moto-taxis&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-7502861212785569811?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/7502861212785569811/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/05/la-puerta.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/7502861212785569811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/7502861212785569811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/05/la-puerta.html' title='La puerta'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S_lRabl__LI/AAAAAAAAAcc/UFOcPQhUOFE/s72-c/0506+Funda2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-1701725235031550936</id><published>2010-05-14T18:58:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T16:21:06.927-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='República Dominicana'/><title type='text'>Presentación</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Times; font-size: medium; font-style: normal;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Perdonen que no me haya presentado antes como debería haber sido mi obligación, aunque lo que menos importa de mí, creo, es conocer mi nombre, mi edad, mi nacionalidad o mi género. Esta información puede deducirse parcialmente de lo que he escrito hasta ahora o que escribiré en el futuro. Por ella se sabe que lo hago en español, que uso el género masculino en participios y en adjetivos, y que, por referencias temporales en algunos de mis textos, estoy entrando en la madurez. O sea, que nací en la década de los sesenta del pasado siglo, que puedo ser de cualquier país de lengua española (por la variedad que uso podría incluso adivinarse el país) y que soy hombre. Tal vez lo que menos importe sea mi nombre. Es puro pudor, que no ocultamiento. Una vez de pequeño, paseando con mi padre, leí en voz alta el nombre de una persona escrito en una tapia. Era un nombre, sin más, tal vez con algún añadido elogioso sobre las proezas amatorias de su portador. Pocos metros después, en una pared parecida a la anterior, leí otro nombre, esta vez junto a un dibujo delator de su virilidad. Ante tanto nombre, mi padre dijo una frase que desde entonces he hecho mía:“el nombre de los tontos en todos lados aparece”, y que, a modo de mantra, me repito cuando veo que empiezo a caminar por los atractivos senderos de la vanidad. Además, desde que Internet forma parte de mi vida, me estoy relacionando constantemente con personas cuyo nombre desconozco&amp;nbsp; y de las cuáles no me importa tanto el quién, sino el qué, el cómo y el por qué.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Empiezo por lo que más me gusta hacer, tanto que lo he acabado por convertir en una especie de profesión. Digo especie porque en realidad trabajo en una actividad que me permite disfrutar de ello: desde los trece años, casi cada año desde entonces, viajo solo, sin compañía. Esto puede parecer habitual en la segunda década del tercer milenio: hay ahora más gente viviendo sola y viajando más que nunca; se desplaza de una parte a otra del mundo como el que hace cincuenta años iba de su ciudad a la ciudad vecina y es tan fácil viajar y tan exento de los riesgos de antaño que la expresión “buen viaje” ha perdido su auténtico significado de augurio de un trayecto seguro y sin peligro. Es cierto que los aviones se caen, que los barcos se hunden, que los trenes chocan y que nos matamos en la carretera, pero por muy graves que puedan parecer los accidentes en alguno de estos medios masivos de transporte, la realidad es que cada vez más personas viajan más seguras. Uso, además la primera persona del presente de indicativo del verbo viajar sin añadir complementos circunstanciales, que ayudarían a precisar&amp;nbsp; su naturaleza, porque de ello escribiré cuando llegue al cómo y al cuándo. Tecleo viajar en la página web de la Real Academia Española con el siguiente resultado:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S-37GDYcMiI/AAAAAAAAAbk/tCzylx9xvn0/s1600/RAE.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;img border="0" height="250" src="http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S-37GDYcMiI/AAAAAAAAAbk/tCzylx9xvn0/s400/RAE.jpg" width="400" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Desde hace más de tres décadas me traslado de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de comunicación, generalmente avión, como tanta gente. Hay personas que viajan sin disfrutar de ello, por obligación o por necesidad, porque es lo que toca hacer cuando hay vacaciones, porque lo encuentran imprescindible para salir de las rutinas. Pues bien, para mí lo rutinario es viajar, desplazarme, trasladarme de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción, como reza la primera acepción de la Real Academia. Aún así, desechando a esa categoría de viajeros circunstanciales, aquellos para quienes viajar es una actividad extraña a sus hábitos más comunes, quedan aún por despejar muchas incógnitas en esta ecuación llena de equis y zetas: podría ser un azafato, un viajante, un piloto de avión, un viajero de negocios, un diplomático, un político, un ministro de Asuntos Exteriores, algún miembro de su gabinete, un consultor internacional que vende humo al mejor postor. En realidad podría dedicarme a todas esas profesiones, pero no es mi profesión actual el motivo por el que les escriba o me esté presentando. Empecé a buscar cuando tenía trece años y aún no he encontrado nada. A esa edad no sabía siquiera que estaba buscando, pero buscaba, y han pasado los años y los viajes y he ido entendiendo que mi personalidad se ha ido conformado a golpe de trayecto y de click de cinturón de seguridad, que mis piernas caminan seguras por los largos pasillos de los aeropuertos, que me envalentono con las situaciones que desconozco en una suerte de inconsciencia controlada y premeditada, que ignoro el miedo, que manejo firme las conversaciones en idiomas y acentos ajenos a los míos. Además, un viaje es siempre subsanable porque siempre se tiene la posibilidad de cambiar de desandar el camino andado y volverlo a caminar en otra dirección. En definitiva, que viajo porque el rumbo y el destino soy yo mismo (y no es vanidad).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Y así me presento. Esta condición viajera es la que mejor me define, pero no completamente. Aunque suene contradictorio, tengo tendencia al aislamiento, me cuesta relacionarme y tengo pocos amigos. Muchos los he ido perdiendo con el tiempo, bien por esta condición viajera, bien por motivos que, tal vez, vistos los kilómetros recorridos, no merecían tal distanciamiento. Además, con la misma cadencia&amp;nbsp; imparable con la que se entra en la madurez, va desapareciendo esa virtud innata de la juventud consistente en abrir uno sus sentidos a los demás, rodearte de gente y rodear tú a los otros, vivir y sentir acompañado. No sé si es la madurez o el intransigente transcurrir del tiempo que va perfilando personalidades y gustos, situaciones que se hacen incompatibles. Yo, debo decir, he perdido muchos amigos en el camino y no sé si me arrepiento de todas esas pérdidas y si he ganado con esas geografías que he ido colocando con muchos de ellos. A veces pienso que la distancia que me aleja de las amistades perdidas es la que me acerca a la misantropía, al retraimiento, a la soledad. Si honro a la verdad, debería añadir que he ido ganando nuevas amistades, producto muchas de ellas de esas situaciones novedosas que provocan las relaciones personales a través de Internet. De muchos y muchas no sé sus nombres y me importa poco no saberlos, no los conozco personalmente y no creo que sea esencial: comentamos, escribimos, bromeamos, vemos y oímos. Está claro que no es una amistad al uso, pero no por ello deja de ser amistad y tal vez me comunique&amp;nbsp; con más asiduidad e intensidad que con los amigos que no veo, que no conozco, cuyos nombres no sé, que con aquellos cuya vida me conozco tan bien, o mejor, que la mía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Desde también casi los trece años, o pueden que fueran unos pocos años más, imagino que escribo ordenada y constantemente sobre aquellas cosas que sé que soy incapaz de escribir. A veces lo intenté, con un gran esfuerzo personal que me dejo yermo, vanos esbozos por traducir coherente y decentemente en palabras lo que pensaba e imaginaba. Esta misma mañana, en el comedor del hotel en el que me hospedo, la camarera me ha descubierto mirando al mar con la vista perdida, perdido yo en vericuetos imposibles de atravesar y me ha dicho con su boca grande de acento caribeño:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;– ¿Qué piensas?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;– No, nada –respondí. –Miraba el mar –mentí. Por un instante volví a clase, cuando Manuel, sentado detrás de mí, me golpeaba en el cuello cada vez que me veía con la mirada perdida, atravesando las altas ventanas hacia el mar. Ya entonces viajaba, como ahora, y era incapaz de traducir esos viajes en palabras. Como siempre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;    &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6205435554841415730-1701725235031550936?l=muchoporrecorrer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/feeds/1701725235031550936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/05/presentacion.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1701725235031550936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6205435554841415730/posts/default/1701725235031550936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://muchoporrecorrer.blogspot.com/2010/05/presentacion.html' title='Presentación'/><author><name>David Benalal</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06759940494353451628</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_JeiQaGLQTmI/S-37GDYcMiI/AAAAAAAAAbk/tCzylx9xvn0/s72-c/RAE.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6205435554841415730.post-5481586751112133006</id><published>2010-05-09T08:46:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T16:18:58.045-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='República Dominicana'/><title type='text'>La función</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444; font-family: 'Trebuchet MS', sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Todas las tardes a eso de las siete, aunque puede ser algo más, un pelícano cruza la playa desde la que contemplo tumbado el rápido atardecer del trópico. Si no fuera por las picaduras de los mosquitos pensaría que estoy delante de un escenario, en la primera fila de un teatro, y no en una playa del mar Caribe. Un teatro con una iluminación tan real que me resulta imposible distinguir si lo que veo al fondo es un decorado fielmente pintado de naranja, rojo, rosa, gris, malva, azul y añil, o el cielo raso que a gran velocidad transita del turquesa de los mediodías intensos al negro estrellado de la noche. No, no hay decorado. Pero sí actores que cada día representan su papel con acostumbrada eficiencia: el pelícano cuyo vuelo recto cerca de la orilla parece despedir el día que se va, los vendedores de baratijas que incansables caminan por la arena esperando que alguien les compre, un grupo de turistas que beben alcohol gratis en vaso de plástico, los guardias que aseguran que todo siga como siempre: tranquilo, irreal, de cuento. Algunos actores no salen a escena todos los días: la quiromántica que anuncia su ciencia a voz en grito (y que no sólo lee las manos de los demás sino que usa las suyas a plena satisfacción del cliente) o el vendedor de cocos. Hoy, por ejemplo, no han actuado ni el uno ni la otra, aunque me hubiera gustado ver aparecer al vendedor para comprarle un coco, no para tomármelo, sino para lanzarlo contra el escenario con la esperanza de que algún día se rompa como el cristal y pueda salir a conocer el mundo del otro lado del decorado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #444444;"&gt;Pero no, no estoy en ningún teatro sino tumbado sobre la arena de la playa y lo que tengo enfrente no es un decorado sino el mar y el cielo al atardecer. Yo sé que el mar es auténtico, porque me sumerjo en él todas las tardes. Yo sé que el cielo no es un papel pintado, porque no habría pintor o iluminador en el mundo capaz de reproducir semejante visión. Me obligo a pensar que lo sucede a mi alrededor es una representación, el acto final del día que se acaba, con esos actores que tan bien cumplen diariamente con su papel, porque nada puede ser tan perfecto, tan idílico. Y sin embargo, es la vida que pasa todos los días por este punto de Caribe, en un hotel desde cuyas habitaciones se puede oír el rumor sordo del mar, con tranquilas veredas flanqueadas por drácenas, flamboyanes, cocoteros, palmeras reales, buganvillas y cuidados arbustos a los que los jardineros dan forma a machetazos. Como digo, sé que es real, porque todas las tardes a eso de las siete, aunq
